Ni dieta equilibrada ni nutrientes. Es cosa de adherencia

Esta reflexión de Sherry Pagoto, aborda la obsesión completa por los medios de comunicación, e incluso por parte de la comunidad científica de encontrar la “dieta perfecta”. Una especie de búsqueda del Santo Grial en Nutrición y Dietética. Sin embargo, es posible que ahora nos topemos con que nada de esto ha tenido sentido.

Ciertamente se han desarrollado décadas de investigación dando palos de ciego, todo ello abanderando con un concepto tan impreciso como popular: “Dieta equilibrada”. Abordaje dietético que deja mucho que desear, puesto que solo considera la proporción de los macronutrientes (hidratos de carbono, proteínas y grasas), y que desmonta el siguiente mini-documental:

Cuando la lógica dietética ve que esto es insuficiente a la hora de comunicar a la gente qué es más sano comer, le llegó el turno al nutricionismo, corriente centrada y sesgada que asume que los alimentos son simples sumas de nutrientes, y que por tanto sus funciones son las del conjunto de elementos que la forman.

No obtante, lejos de ayudarnos a entender mejor qué introducir en nuestros platos, ha sido el perfecto caldo de cultivo para que la Industria alimentaria se aproveche de lagunas legales y de percepciones saludables de nutrientes concretos, para así crear campañas a diestro y siniestro, alegando que sus productos tienen los mismos efectos que los nutrientes que los componen. Estrategia que además, confunde a la población; y es que la nutrición no son simples matemáticas.

¿Qué tenemos que comer entonces?

El ser humano tiene una capacidad de adaptación espectacular, y las directrices de macronutrientes mínimos son muy laxas. Sabemos que necesitamos al menos un mínimo de proteína para mantener nuestro balance nitrogenado, y una proporción mínima al menos de hidratos de carbono y grasas. Insisto en el mínima, porque incluso nuestra salud (atendiendo a diferentes variedades genéticas) es compatible con dietas cetogénicas, como es el caso de los inuits, o dietas basadas en fruta, como lo es el de los Tukisenta.

-“De acuerdo, un mínimo, ¿y el resto?”

-Lo que quieras, pero que sea sano.

La conclusión, en una frase sería tan simple como:

Evita ultraprocesados, comiendo materias primas, cuantas más de origen vegetal mejor.

Por supuesto, garantizando que haya un aporte proteico de calidad y ninguna deficiencia de macronutrientes. Cosa que suele darse si no hacemos ningún planteamiento descabellado.

Por tanto la estrategia dietética óptima sería tan simple (o difícil) como aumentar la adherencia dentro de ese marco alimentario.

Toda dieta que investigues será saludable.

Es sencillo, cualquier cosa que intentes confrontar frente a una dieta convencional es más que susceptible de ser “mejor”. No tiene mucho mérito decir que tu propuesta es más saludable que un modelo que tiene al 50% del planeta enfermo de patologías de la opulencia.

Sinceramente, a poco que te propongan una alternativa con algo de sentido, saldrá mucho mejor que este patrón occidental imperante, por ejemplo: galletas o cereales de desayuno, cacao con azúcar, natillas, zumo concentrado, yogur azucarado, etc.

Este es el motivo por el que existen tantos ensayos clínicos en el que se pueden ver innumerables propuestas con dietas que prometen efectos saludables. Llámalo Paleo, Atkins, Dukan, Mediterránea, Índice Glucémico o como quieras.

La diferencia que podemos encontrar entre dos dietas radica principalmente en su composición nutricional y su adherencia, y casi todo el estudio se ha centrado únicamente en el primer aspecto.

Esto nos lleva también a la reflexión de ¿Qué es una dieta control?

¿Frente a qué comparamos los resultados de una intervención dietética? Inevitablemente frente a una dieta de referencia. Seguro que la dieta mediterránea, (una de las que comulgo más sin duda) no tendría efectos tan drásticos para la salud, si en lugar de estar comparada frente a una dieta control “baja en grasas” lo hiciese frente a una pauta más moderna.

Incidencia de infarto de miocardo, accidente cerebrovascular y muerte por causas cardiovasculares. Primary prevention of cardiovascular disease with a Mediterranean diet. Estruch R. N Engl J Med. 2013

Incidencia de infarto de miocardo, accidente cerebrovascular y muerte por causas cardiovasculares. Primary prevention of cardiovascular disease with a Mediterranean diet. Estruch R. N Engl J Med. 2013

Y es que sin duda el enfoque de “bajo en grasa” parece no ser una buena intervención para reducir el riesgo cardiovascular, o la pérdida de peso.

La dieta perfecta no existe, ni existirá.

No solo porque haya que individualizarla a cada persona, a cada situación, a cada estado fisiológico y a cada objetivos personal. También a cada inquietud.

Es de recibo por tanto hacerse la pregunta:

¿Y qué? ¿Y qué si se demuestra que la dieta A es la más saludable fisiológicamente hablando que el resto? ¿Y si yo no la quiero seguir? ¿Y si no respeta mi código de valores? ¿Y si no es acorde a mi defensa de derechos humanos, impacto ambiental o modelo de consumo? ¿Y si esa no es MI dieta perfecta?

A lo mejor ni tiene sentido buscar mejores dietas (nutricionalmente hablando) sino mejores formas para transmitir y conseguir que la gente coma más saludablemente acorde a sus principios y a sus objetivos, y eso desgraciadamente, ni se encuentra en una revista semanal, ni en un cajón de atención primaria.

Este post ha sido realizado por Aitor Sánchez (@Midietacojea) y es una colaboración de Naukas con la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU.

7 Comentarios

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