Cómo ganarle días a la vida

Fronteras

husos horarios

No se requiere de una gran reflexión para entender por qué el mundo se divide en diferentes husos horarios ya que, sobre todo, se atiende a necesidades económicas como la de aprovechar las horas de sol o la de coordinar los horarios a nivel internacional para permitir transacciones globales, entre otras.

Tampoco sería un gran misterio el hecho de que existiesen 24 husos horarios diferentes dado que coincidirían con las 24 horas que tiene un día y en base a eso el mundo estaría recorrido de norte a sur por 24 meridianos que marcarían la hora de los países. Pero la realidad es que existen 26 husos horarios distintos y todo se debe al país de Kiribati.

Se trata de un pequeñísimo archipiélago, situado en mitad del Pacífico cerca del lado izquierdo del Meridiano del Cambio de Fecha, que al independizarse del Reino Unido en 1979 sumó a su territorio las Islas Fénix y las Islas de la Línea, pertenecientes hasta ese momento a EEUU y emplazadas a la derecha del meridiano.

Fue entonces cuando Kiribati se convirtió en el único país cuyo territorio se encontraba en dos días distintos al mismo tiempo, algo que suponía innumerables problemas como, por ejemplo, que tres días a la semana eran fin de semana en algún lugar del país y eso, evidentemente, acarreaba desajustes burocráticos con gran repercusión a nivel económico.

Para solucionarlo, se crearon los husos horarios UTC +13 y UTC +14 de modo que hoy en día existe un sistema de husos horarios con 26 horas distintas. Atendiendo al mismo, los primeros lugares que dan la bienvenida al año nuevo son Kiribati y Samoa mientras que, en el otro lado de la línea, en Niue y Samoa Americana son los últimos en celebrar las campanadas. Lo curiosos es que apenas 150 km separan Kiribati y Niue, aunque la diferencia horaria es de 25 horas.

Toda esa caótica situación se debe a la existencia de la mencionada Línea Internacional del Cambio de Fecha que coincide con el Meridiano 180º. Cuando en 1884 se decidió establecer como origen tanto para la longitud geográfica como para los husos horarios al meridiano de Greenwich, al otro lado del planeta surgió esta línea imaginaria.

Cruza el estrecho de Bering entre Alaska y Siberia pero su gran recorrido lo hace prácticamente sin tocar tierra o zonas habitadas y pasar de un lado de la línea a otro implica cambiar de fecha, en concreto un día.

Ese hecho llevó, por ejemplo, a los científicos de la expedición Malaspina 2010 a vivir una curiosa experiencia. Ya que desde Río de Janeiro estuvieron viajando hacia el este todo el tiempo, de modo que iban ganando horas al día y sus días eran más cortos, casi cada dos días se veían obligados a cambiar el reloj. Aproximadamente, perdían una hora cada semana. Todo eso que ganaron al reloj se devolvió al pasar el meridiano de cambio de día y ahí tuvieron un día que se repitió dos veces.

Aunque no siempre ganarle un día a la vida tiene por qué resultar positivo. Además del desorden de datos que supuso para los investigadores que tuvieron problemas en las anotaciones de las muestras porque algunas se habían recogido dos veces en el mismo día. También hay que tener en cuenta uno de los efectos más conocidos de que existan diferentes husos horarios: el denominado ‘jet lag’. Otro de sus nombres precisamente es síndrome de los husos horarios o disritmia circadiana y se produce cuando atravesamos varios meridianos de manera brusca de modo que nos vemos obligados a cambiar la hora de nuestro reloj de pulsera pero le cuesta algo más adaptarse a nuestro reloj biológico.

El encargado de gestionar el correcto funcionamiento de nuestro organismo, programado en base a las horas de vigilia y sueño habituales y a las de luz y oscuridad, se ve alterado al encontrarse de vuelta al pasado (en caso de viajar hacia el oeste) o en tener la sensación de haber perdido horas ese día (si se viaja hacia el este).

No es suficiente con un par de horas de diferencia para notar sus efectos sino que son más habituales cuando se trata de variaciones significativas, de más de cinco. Por ejemplo, volar de Madrid a Nueva York (EEUU) en un avión que partiendo a las 10.30h y con una duración de 8h 54min, llega a destino a las 13.29h.

En casos como ese, nuestro cuerpo detecta que algo extraño está sucediendo y complica al cerebro la segregación de hormonas de manera adecuada, lo que lleva a que se produzcan alteraciones del sueño, falta de concentración, posible aturdimiento, complicaciones en la digestión, bajo apetito y malestar general.

Estos efectos dependen de cada persona y pueden durar desde uno o dos días hasta dos semanas, en los casos más extremos. Para evitarlo, se recomienda haber ido preparando el organismo los días previos, tratando de descansar suficiente, manteniendo una dieta ligera, evitando el consumo de tóxicos (alcohol, tabaco, etc.) y disminuyendo los niveles de estrés. Una vez llegado el momento del vuelo, se recomienda descansar.

En definitiva, atendiendo a las recomendaciones de los expertos en fisiología, la mejor estrategia ganarle días a la vida no es otra que mantener hábitos de vida saludables: una dieta equilibrada, realización periódica de actividad física moderada, un descanso adecuado y una actitud positiva ante los problemas que haya que afrontar.

Sobre la autora: Maria José Moreno (@mariajo_moreno) es periodista

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