El estrés no es solo cosa de humanos

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Si entendemos el estrés como un estado de cansancio mental provocado por la exigencia de un rendimiento muy superior al normal, nos estamos quedando cortos porque a nivel científico se refiere a un conjunto de alteraciones que se producen en el organismo como respuesta física a determinados estímulos externos.

Atendiendo a esa definición queda de manifiesto que el estrés es propio de todos los seres vivos. Animales y plantas, al igual que los humanos, también se estresan. Ahora bien, determinar qué resulta estresante para ellos es un reto para los científicos ya que cada especie lo demuestra de una forma diferente. Además, no siempre lo que para las personas es estresante tiene por qué serlo para los animales, y mucho menos para las plantas, por lo que es fundamental analizar parámetros objetivos que determinen si los niveles de estrés están alterados o no.

Ante una situación de estrés, el organismo tiene una serie de reacciones fisiológicas. En el caso de las personas, suponen la activación del eje hipofisosuprarrenal y del sistema nervioso vegetativo. El eje hipofisosuprarrenal (HSP) está compuesto por el hipotálamo, que es una estructura nerviosa situada en la base del cerebro que actúa de enlace entre el sistema endocrino y el sistema nervioso, la hipófisis, una glándula situada asimismo en la base del cerebro, y las glándulas suprarrenales, que se encuentran sobre el polo superior de cada uno de los riñones y que están compuestas por la corteza y la médula.

El sistema nervioso vegetativo (SNV) es el conjunto de estructuras nerviosas que se encarga de regular el funcionamiento de los órganos internos y controla algunas de sus funciones de manera involuntaria e inconsciente. Ambos sistemas producen la liberación de hormonas, sustancias elaboradas en las glándulas que, transportadas a través de la sangre, excitan, inhiben o regulan la actividad de los órganos.

Obviamente con el resto de seres vivos ocurre de manera diferente y no es posible explicar todos los procesos ya que cada caso depende de la especie. Ahora bien, al igual que nos sucede a nosotros, en el resto de seres vivos, un determinado grado de estrés estimula el organismo y permite que éste alcance su objetivo, volviendo a la “normalidad” cuando el estímulo ha cesado.

Aunque cuando se mantiene la presión y se entra en el estado de resistencia, las personas empiezan a tener una sensación de disconfort (tensión muscular, palpitaciones, etc.) y esto, con otros síntomas, ocurre igualmente en animales y plantas. Si continúa el estresor, se llega al estado de agotamiento, con posibles alteraciones funcionales y/u orgánicas que pueden llevar, en el caso de las plantas, a dejar de producir frutos y en el de los animales, a dejar de ser fértiles, entre otras consecuencias.

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Animales

Existe un gran interés, por parte de las empresas ganaderas, por conocer más acerca del estrés en algunas especies dado que, en gran medida, de ello depende su producción.

En el caso del porcino, se analizan una serie de medidas o indicadores fisiológicos como un cambio del ratio de glóbulos blancos en sangre o el aumento de las hormonas relacionadas con el estrés como la adrenalina y el cortisol. Además, se miden otras proteínas que sintetiza el hígado y que actualmente son muy usadas como de indicadores de estrés: las proteínas de fase aguda.

Por otro lado, también se hacen estudios de comportamiento ya que cuando el animal se desvía de su comportamiento normal es señal de que hay algo que le está proporcionando un malestar. A este respecto, se consideran aspectos anómalos: que los cerdos muerdan los barrotes, muerdan en vacío, tengan movimientos repetidos como tics, se muevan mucho dentro de la jaula, etc.

No hay que olvidar que la cría de animales de abasto está sometida a unas estrictas normas las cuales velan por su bienestar y regulan factores como el tamaño mínimo de sus jaulas o las veces al día que deben ser alimentados, entre otros.

Por lo que este tipo de investigaciones son muy importantes a la hora de determinar si las normas son adecuadas en relación al estrés animal o si están hechas desde el punto de vista humano y, por tanto, fallan.

Por ejemplo, se han realizado pruebas destinadas a facilitar la socialización de los lechones sin que relacionarse con nuevos animales les supusiese un estrés. Para ello, se creó una especie de guardería de manera que los lechones de las distintas camadas se pudiesen mezclar y así socializarse para que cuando llegase el momento de separarse de su madre no les resultase tan difícil.

En este caso vieron que la socialización no funcionaba tan bien, que eso de la guardería no era tan ventajoso, porque pasaba al igual que las guarderías de niños y si había un cerdo enfermo se contagiaban los demás lo que determinó que era más recomendable que cada lechón estuviese con su piara.

Otro de los sectores donde más se investiga en torno al estrés animal es el de la acuicultura. Los investigadores se centran en todo lo que puede suponer un problema para que los animales que se crían sean de calidad suficiente como para poder llegar al mercado, así que las empresas dedicadas a ello están invirtiendo mucho en este tipo de trabajos.

Cabe destacar que existen más de cuarenta y dos mil especies y cada una es distinta de la otra, se hace complicado que de todas las investigaciones que se llevan a cabo se obtengan resultados; pero es importante hacer investigación básica de calidad para, con el paso del tiempo, conseguir que se pueda aplicar.

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Plantas

Cuando se trata de cultivos, también son aquellos destinados al comercio en los que más se investiga: cítricos, frutales,… Es interesante mencionar que, en este caso, un control adecuado del estrés puede tener consecuencias positivas como que el producto resultante no solo tenga el tamaño o color que el mercado demanda sino que su sabor también se ve alterado. Se sabe que los métodos agrícolas que provocan estrés en las plantas provocan que sus frutos sean más ricos en azúcares lo que supone que sean más dulces.

Ahora bien, normalmente las plantas no se desarrollan bajo unas condiciones óptimas durante todo su ciclo de vida, sino que van sufriendo diferentes situaciones que les provocan distintos tipos de estrés. Además, el óptimo fisiológico de una especie difiere del llamado óptimo ecológico, por lo que en cada caso el vegetal tiene que adaptarse a las condiciones ambientales propias a su hábitat de cultivo.

Para controlar adecuadamente todos los elementos implicados se han desarrollado tecnologías que permiten medir todo tipo de parámetros en tiempo real. A día de hoy la agricultura poco se parece a la de hace solo unas décadas. Ahora es posible controlar la cantidad de agua, nutrientes o temperatura, a la que se les expone, entre otros muchos factores, con el objetivo de conseguir producciones más eficientes y con características mejoradas a todos los niveles.

Sobre la autora: Maria José Moreno (@mariajo_moreno) es periodista

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