Cinco motivos por los que sin jirafas el mundo sería un lugar peor

2016 ha sido un buen año para el oso panda. La especie en extinción por excelencia ya no se extingue. Hace varios años que China puso en marcha programas nacionales para recuperar al oso que es su emblema y su más entrañable embajador ante los pueblos del mundo y en 2016 se han visto los frutos. Decenas de estos animales han sido concebidos (no sin dificultades; las pandas tienen algunos de los requisitos de fecundación más frustrantes de la naturaleza) y ya crecen en reservas y centros de recuperación chinos, y eso le ha servido para salir oficialmente de la categoría de especie en peligro de extinción.

En cambio, 2016 ha sido un mal año para las jirafas, que han caído en ese estatus después de que su población haya disminuido en un 40% durante las últimas décadas. La caza furtiva y, sobre todo, la desaparición de sus hábitats, está haciendo desaparecer a este animal larguirucho.

A su progresiva desaparición silenciosa se une el hecho de que parece poco probable que ningún país africano, continente donde viven las jirafas, esté en condiciones de invertir los fondos necesarios para conseguir la recuperación de sus cifras, como ha hecho China con los pandas.

Y es una pena, porque las jirafas son animales extraordinarios. Por si no lo sabías aún, estos son cinco motivos por los que deberíamos empezar ya mismo a salvar a las jirafas.

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1. Es el animal más alto del mundo (y un gran poder conlleva una gran responsabilidad)

Un macho adulto bien alimentado puede alcanzar los cinco metros y medio de altura. Por comparar, un elefante africano puede medir unos 3,3 metros, y Pau Gasol mide exactamente 2,13. Si usted es de los que se maravilla cuando alguien observa el panorama desde lo alto en medio de una multitud, piense por un momento en la ventaja que eso le da a las jirafas.

Su impresionante altura es sin embargo un desafío de ingeniería biológica para sus cuerpos, en los que destacan tres sistemas especialmente adaptados: primero, un sistema cardiovascular capaz de mantener una presión sanguínea constante; segundo, un conjunto de huesos y músculos especialmente adaptados para sostener su cuello, y tercero, un sistema nervioso capaz de enviar señales con rapidez a través de una red neuronal tan alargada.

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2. Fijémonos por un momento en ese cuello

Quizá uno de los primeros recuerdos que todos tenemos de las jirafas es que siempre se han utilizado, oportunamente, en los juegos de alfabetos infantiles para ilustrar la letra J. En esos casos su cuello venía que ni pintado.

El cuello de las jirafas no solamente es su mayor seña de identidad, también es lo que condiciona toda su anatomía. Por eso es sorprendente descubrir que está compuesto por 7 vertebras, igual que el de los demás mamíferos, incluidos los seres humanos. La particularidad es que son mucho más largas y las uniones entre ellas son articulaciones mucho más flexibles que las nuestras. Si no se lo creen, prueben a dormir como una jirafa: echados sobre sus antebrazos y espinillas, con el cuello extendido hacia atrás y la cabeza descansando sobre su lomo y cuartos traseros. ¿Duele, verdad?

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3. Miremos ese cuello un poco más

Disculpen que insista, pero es que hay mucho cuello que mirar. Como decíamos, ese largo cuello condiciona su anatomía. Por ejemplo, la jirafa tiene un sistema circulatorio especialmente adaptado a la enorme distancia a la que se encuentran su cerebro y su corazón. Por eso, este último es especialmente grande (pesa unos 11 kilos y mide unos 60 centímetros), especialmente fuerte (los músculos cardíacos tienen un grosor de 7,5 centímetros) y especialmente rápido (late unas 150 veces por minuto, inusual en un animal tan grande). Todo para asegurarse de que la sangre llegue sin problema hasta la cabeza.

Para compensar, han desarrollado también una forma de evitar que el aumento de la presión le haga explotar la cabeza cuando la agacha para beber. Es lo que se llama una ‘rete mirabile’ (término empleado por Galeno, traducido como ‘red maravillosa’), una red de vasos capilares que sirve para equilibrar la presión sanguínea. Sus venas yugulares también tienen unas válvulas que evitan que la sangre fluya sin control del corazón a la cabeza cuando el animal se agacha.

No solo la sangre debe fluir sin problema arriba y abajo por ese largo cuello. Las jirafas son rumiantes, y como tales, tragan el alimento apenas sin masticar, algo que hacen a posteriori, durante horas, regurgitándolo. El cuello de las jirafas tiene músculos esofágicos especialmente fuertes para llevar la comida desde uno de sus estómagos (como todo rumiante tiene cuatro) hasta su boca, que se encuentra varios metros por encima.

4. ¿Cómo explicaremos la selección natural?

La teoría de la evolución y de la selección natural de las especies es algo de lo que todos hemos oído hablar pero no todos entendemos con precisión. Y la jirafa lleva más de un siglo intentando ayudarnos a entenderla.

El francés Jean-Baptiste Lamarck fue el primer teórico de la evolución, y él creía que los cambios que los individuos alcanzaban durante sus vidas podían ser transmitidos a su descendencia. Según su visión, Mamá Jirafa se estiró y estiró para alcanzar las hojas más altas de los altos árboles de la sabana africana, su cuello se alargó un poco y por tanto también las Jirafas Hijas tuvieron el cuello más largo, después las Jirafas Nietas, las Bisnietas, etcétera, etcétera.

Pero el inglés Charles Darwin veía fallos en esta idea de que las generaciones posteriores heredasen las características adquiridas, así que reformuló la teoría de la siguiente forma: Darwin propuso que las Mamás (y los Papás) Jirafa que, por azar, presentaban genes que les hacían desarrollar un cuello un poco más largo eran las que se alimentaban mejor, pues podían alcanzar las hojas más altas de los altos árboles de la sabana africana. Esta ventaja adaptativa frente a sus compañeras con cuellos más cortos, aumentaba la probabilidad de sobrevivir, reproducirse y con ello transmitir esos genes a las Jirafas Hijas, que a su vez tendrían el cuello más largo y lo transmitirían a las Jirafas Nietas, a las Bisnietas, etcétera, etcétera.

Es decir, que las características transmitidas no son las desarrolladas durante la vida de un animal, sino las que viajan en sus genes y que las presiones del entorno se han encargado de potenciar al dar a sus portadores mayores oportunidades de supervivencia o éxito reproductivo. Todo eso lo explicaron Lamarck y Darwin gracias a las jirafas, y gracias a ellas lo entendemos mejor. ¿Cómo lo explicaremos a las siguientes generaciones si nunca han visto una?

5. Son cuatro en una

Las jirafas son como la Santísima Trinidad pero en el reino animal y con cuatro especies en lo que se creía que era solo una.

Durante décadas, la investigación científica sobre las jirafas ha sido muy escasa, pero ante el alarmante descenso en sus números, científicos de la Giraffe Conservation Foundation en Namibia y genetistas alemanes pusieron en marcha un proyecto para aprender más sobre las diferentes subespecies de jirafas africanas. Los resultados mostraron que algunas de esas consideradas subespecies eran en realidad especies distintas, más diferentes genéticamente entre sí que los osos pardos y los osos polares.

Sus conclusiones confirmaron que no hay una sola especie de jirafa africana, sino cuatro distintas: la jirafa del sur (Giraffa giraffa), la jirafa Masai (Giraffa tippelskirchi), la jirafa reticulada (Giraffa reticulata), y la jirafa del norte (Giraffa camelopardalis), que incluye a la subespecie llamada jirafa nubiana (G. c. camelopardalis). Además de esta última, seguirán siendo subespecies la jirafa de Kordofán (G. c. antiquorum), la jirafa de África occidental (G. c. peralta), la jirafa de Sudáfrica (G. g. giraffa) y la jirafa de Angola (G. g. angolensis).Una familia ya más que numerosa que merece ser salvada.

Sobre la autora: Rocío Pérez Benavente (@galatea128) es periodista en El Confidencial

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