Qué es un dato: la longitud de un hueso

femur

Un fémur y algunas posibilidades para determinar su longitud. Owen 1856, dominio público, modificado por Andrew Farke.

La idea de que en ciencia un dato sea una construcción teórica puede parecer absurda, o al menos contraintuitiva, pero puede ilustrarse con un ejemplo sacado en este caso de la paleontología y referido a algo que puede parecer tan objetivo y factual como es una medida de longitud. Los fósiles se miden y estas medidas se utilizan como parámetros de estudio y análisis; en muchos casos las longitudes y anchuras sirven incluso como criterio diagnóstico para separar géneros y especies. De manera que las medidas forman parte básica de las publicaciones del sector, y se dedica mucho tiempo y esfuerzo a realizarlas y registrarlas convenientemente.

Ahora bien: medir un hueso no es tan sencillo como pudiera parecer. Como cualquier elemento orgánico es muy frecuente que los huesos tengan disparidades de forma y tamaño que dependen de la vida particular del individuo concreto del que proceden. Las formas raras veces facilitan puntos terminales claros para las medidas, por lo que es muy común que algo tan aparentemente claro como una longitud pueda dar números diferentes dependiendo de dónde se coloque el calibre exactamente. Para evitarlo los científicos definen posiciones específicas, como los puntos craneométricos, para usarlos como terminales de medida y evitar ambigüedades. Pero estos puntos no son objetivos, sino que dependen de las formas concretas de los elementos anatómicos y muchas veces localizarlos es un ejercicio de juicio por parte del científico. Es decir, que los puntos terminales de medidas en teoría objetivas pueden ser bastante subjetivos.

Por si fuera poco las longitudes, anchuras y otras medidas de los elementos anatómicos son en realidad proyecciones bidimensionales de elementos tridimensionales; intentan recoger de una manera transmisible y útil lo que en realidad sirve como elemento de clasificación, que es algo tan fácil de ver y difícil de medir como es la forma. Los naturalistas son conscientes de que las relaciones entre diversos organismos se reflejan en diferencias de forma, pero resulta muy complicado objetivar esas diferencias. Los cambios que se observan a lo largo de una línea evolutiva son sencillos de ver y comprender, pero expresar esa percepción de un modo útil no es sencillo. Los intentos de analizar matemáticamente las formas a menudo resultan más sugerentes que prácticos, como cualquier estudiante de anatomía que haya quedado fascinado por ‘Sobre el Crecimiento y la Forma’ conoce de primera mano. Una cosa es comprender y muy otra medir los cambios de forma.

Yendo aún más allá las medidas y su uso como elemento de clasificación taxonómica presuponen relaciones evolutivas y que los cambios en unos y otras reflejan esas relaciones de parentesco. Al considerar cambios de tamaño o morfológicos (en términos de proporciones) como indicativos de relaciones evolutivas estamos dando por supuestos vínculos de parentesco y direcciones de evolución. El mero hecho de comparar medidas de dos seres vivos diferentes considera que sus formas son comparables y las terminales de las medidas son equivalentes. Y ni siquiera estamos entrando a considerar cuestiones estadísticas relacionadas con la intrínseca variabilidad poblacional y hasta individual de todos los seres vivos, que quizá merezca un análisis separado.

Lo que está claro es que algo tan presuntamente objetivo y científico, tan supuestamente libre de presuposiciones y condicionantes subjetivos como es medir la longitud de un elemento anatómico resulta ser un campo minado de decisiones teóricas subyacentes. Lo que podría pensarse como un dato irrefutable sobre el que construir relaciones libres de contaminación teórica es en realidad una construcción con muchos elementos subjetivos y no pocas decisiones basadas en hipótesis y teorías. Algo que conviene recordar cada vez que hagamos una medición, o creemos una hipótesis. Porque los datos más factuales y objetivos son en realidad productos de mucha teoría y no poca subjetividad.

Sobre el autor: José Cervera (@Retiario) es periodista especializado en ciencia y tecnología y da clases de periodismo digital.

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