La memoria colectiva

Fue en 2014 cuando el Gobierno Vasco aprobó la Ley 4/2014, del 27 de noviembre, de la creación del Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos. En la Exposición de motivos, esta ley especifica que

La gestión de una memoria democrática es uno de los factores directamente vinculados a la restitución y promoción de valores como la libertad, la igualdad y la dignidad humana. La memoria es un derecho ciudadano, no una obligación. Responde a la voluntad de compartir una reflexión crítica ante los acontecimientos de nuestra historia reciente que supusieron una violación de derechos humanos sostenida y socialmente traumática.”

La memoria es la facultad que permite mantener presente el recuerdo de lo sucedido. Se asienta en la referencia de hechos objetivos que forman parte de lo que se recuerda, pero se configura subjetivamente en cada persona. No hay dos memorias exactamente iguales. La memoria pública es, en este sentido, una construcción conflictiva, dinámica y poliédrica.”

La misión principal de una política de memoria y convivencia no se reduce a la actualización del sufrimiento, porque el dolor no es un valor, ni debe ser considerado como un principio de autoridad memorial que sustituye a la razón.”

“…se orienta a rescatar, destacar, conmemorar y transmitir los valores y esfuerzos democráticos que en medio de graves episodios violentos, pugnaron por defender la dignidad, la igualdad, la libertad…”

El derecho a la memoria corresponde al conjunto de la sociedad, porque la ciudadanía es depositaria y heredera natural de la historia, el recuerdo y de la memoria. El olvido impide el reconocimiento, impone una versión del pasado y genera un vacío ético.”

En el Capítulo 3.- Finalidad, y en su punto 2.-, el texto precisa que

El instituto será un agente activo en la permanente conmemoración de los valores políticos y sociales que garanticen el conocimiento, comprensión y conciencia de la ciudadanía respecto al proceso sostenido a lo largo de décadas en defensa de la libertad y del desarrollo de la democracia en nuestro país.”

Y el 8 de marzo de 2017, hace unas semanas, se constituyó en el Parlamento Vasco la Ponencia de Memoria y Convivencia, con el objetivo de “la búsqueda de amplios consensos” en torno a las cuestiones que planteen los grupos en relación a “la memoria, la convivencia, las víctimas, la deslegitimación del terrorismo y la violencia, la política penitenciaria, la paz y los derechos humanos”.

Después de esta larga introducción quizá empezamos a comprender lo que nuestros dirigentes y, se supone, nuestro entorno social entiende por memoria colectiva, con sus objetivos e intenciones de futuro. Ahora pasemos a lo que los psicólogos experimentales empiezan a averiguar sobre la memoria colectiva.

Según estudios publicados en los últimos años, la memoria colectiva se ha convertido en objeto de estudio de la psicología experimental. Como afirman Henry Roediger III y Magdalena Abel, de la Universidad Washington de St. Louis, hasta ahora la memoria colectiva ha sido un tema importante en los estudios de humanidades pero, actualmente, se comienza a investigar desde un enfoque empírico y experimental.

Para estos autores, la memoria colectiva se construye con los sucesos compartidos por un grupo. Es una forma de memoria cuya definición concreta está en debate. Además de compartirla el grupo, debe tener una importancia básica y central en la identidad social de sus miembros.

Hay conceptos cercanos a la memoria colectiva que no tienen exactamente el mismo significado. Por ejemplo, no es lo mismo que los recuerdos colectivos. Estos son dinámicos y siguen un proceso continuo de debate sobre cómo se debe representar y recordar el pasado. La memoria colectiva, por el contrario, aunque cambia con frecuencia, es un conocimiento asentado del pasado que, además, es compartido por los miembros del grupo.

La memoria colectiva tampoco es la historia, que nos da una representación ajustada y objetiva de un pasado complejo que, siempre, incluye ambigüedades y diferentes puntos de vista y opiniones. Es, se supone, un enfoque objetivo del pasado que, además, no tiene por qué ser la memoria colectiva.

Y tampoco es, sin más, la suma de los recuerdos de los individuos del grupo. A veces, estos recuerdos tienen importancia social pero, también, muy a menudo, solo conciernen a quien recuerda. Si son compartidos por el grupo se convierten en recuerdos colectivos y, puede que, más adelante, en memoria colectiva. Así los recuerdos individuales y la historia, en último término, pueden ayudar a construir la memoria colectiva del grupo.

Este señor, Andrew Johnson, fue presidente de los Estados Unidos.

Con estos autores vamos a repasar algunos de los estudios empíricos sobre memoria colectiva que antes citaba. Para empezar, investigan el recuerdo que los estadounidenses tienen de sus presidentes. Lo preguntan en 1974, en 1991 y en 2009, y detectan que los recuerdos se mantienen. Los encuestados deben anotar los presidentes que recuerden y ordenarlos, si es posible, en el orden temporal de sus mandatos.

Hay un olvido sistemático de los presidentes alejados en más de unas décadas, un recuerdo fuerte de los últimos presidentes para cada grupo de encuestados, con su olvido posterior, y un recuerdo fuerte de los presidentes que hicieron historia como Washington y sus sucesores inmediatos, Lincoln, y los presidentes del siglo XX, cada vez más recordados puesto que están más cercanos en el tiempo e intervinieron en hechos históricamente importantes, y muy recordados todavía, como las guerras mundiales, la depresión o las guerras de Corea y Vietnam.

Imagen del ataque a Pearl Harbor

En la memoria colectiva se guardan hechos heroicos, incluso míticos, importantes para el grupo, y se minimizan o desaparecen los hechos negativos o que no confluyen con el destino aceptado para todo el grupo. Es interesante conocer qué recuerdan los estadounidenses de tres guerras en las que ha participado su país: la Guerra Civil, la Segunda Guerra Mundial y la guerra de Irak. Lo estudiaron Franklin Zaromb y su grupo, del Servicio de Educación de Princeton, con 60 voluntarios, todos hombres, la mitad de 18 a 23 años y la otra mitad, de 62 a 87 años.

Se pide a los voluntarios que hagan una lista con los diez hechos que consideran más importantes de cada guerra y que los puntúen según las emociones que les provocan. Los recuerdos importantes de la Guerra Civil y de la Segunda Guerra Mundial son parecidos para la mayoría de los encuestados. Por ejemplo, en la Segunda Guerra Mundial son Pearl Harbor, el desembarco de Normandía y las bombas atómicas sobre el Japón.

Los sucesos importantes son pocos y llegan a la memoria colectiva con relatos cortos y potentes, fáciles de aceptar y asumir. En general, las memorias colectivas se expresan como una narración con un principio, una parte media y un final. El resto de sucesos o desaparecen o se fusionan con los más recordados. Para la Segunda Guerra Mundial, el comienzo fue Pearl Harbor, la parte central con cambio de tendencia fue el desembarco de Normandía, y el final, con la victoria, fue Hiroshima y Nagasaki.

Es interesante resaltar que uno de los aspectos esenciales de una memoria colectiva es su continua reelaboración dentro de un esquema permanente y aceptado. El pasado cambia constantemente en la memoria. También se generan interpretaciones diferentes para los mismos hechos. El genocidio armenio ocurrió hace un siglo y, sin embargo, Turquía y Armenia, cada grupo con su propia memoria colectiva, siguen debatiendo sobre el suceso, su interpretación y quienes fueron los responsables y, por supuesto, sobre qué recordar e incluir en la memoria colectiva.

Otro ejemplo viene del trabajo citado de Zaromb sobre las guerras en Estados Unidos. Todos recuerdan las bombas atómicas sobre Japón pero los encuestados de más edad lo consideran un hecho heroico que contribuyó a que la guerra terminara antes y a que se salvaran miles de vidas de soldados de Estados Unidos y, en cambio, los encuestados más jóvenes lo recuerdan como una masacre con miles de japoneses muertos y como el inicio de la Guerra Fría y de la acumulación de los arsenales de armas nucleares.

También influye el silencio público sobre algunos hechos que consigue que se olviden cuando no coinciden con lo que se acepta en la memoria colectiva del grupo, como demuestran Charles Stone y William Hirst, de la Universidad de la Ciudad de Nueva York. La omisión de sucesos puede venir de la comunidad, de un líder e, incluso, del grupo al completo. Se olvida lo que, ante todo, no se quiere escuchar y, por supuesto, no se quiere recordar.

Alberto II, rey de los belgas

Stone y Hirst estudian los recuerdos de los belgas sobre los discursos de su rey en un momento político difícil, sin gobierno y con negociaciones entre los partidos sin llegar a un acuerdo. Entrevistan a 81 voluntarios y, aquellos que no escucharon el discurso del rey, recuerdan los problemas de su país y las negociaciones que están en marcha para solucionarlos, con su secuencia en el tiempo. Los que escuchan al rey recuerdan parcialmente esos problemas; en realidad, solo lo que el rey menciona, y el resto lo han olvidado.

Así, las figuras públicas pueden provocar olvidos selectivos y conformar la memoria colectiva del grupo. Pero no siempre es así y, a veces, parece funcionar de manera parcial como ocurre en el conflicto entre turcos y armenios sobre el genocidio del siglo pasado, incluso teniendo en cuenta que en Turquía está prohibido debatir y difundir este asunto.

Por tanto, la memoria colectiva, como la memoria de los individuos, solo recuerda parte de lo que ocurrió, y el resto lo olvida.

También la nostalgia, por supuesto colectiva, influye en la construcción de la memoria colectiva. El Diccionario de la Lengua define así la nostalgia:

1.f.Penadeverseausentedelapatriaodelosdeudoso amigos.

2.f.Tristezamelancólicaoriginadaporelrecuerdodeunadichaperdida.”

El grupo de Tim Wildschut, de la Universidad de Southampton, ha demostrado que quienes sienten nostalgia colectiva, por sucesos vividos en grupo, evalúan más alto las relaciones dentro del mismo grupo que quienes sienten nostalgia individual, por hechos vividos personalmente.

Los que sienten esa nostalgia colectiva están más dispuestos a apoyar y reforzar el grupo. En resumen, Wildschut afirma que la nostalgia es importante en los sentimientos de los miembros del grupo, en sus tendencias a la acción, y, en general, en su conducta.

Como conclusiones finales podemos afirmar que la memoria colectiva es un término que refleja cómo las personas recuerdan el pasado por ser miembros de un grupo. La memoria colectiva es, siempre, un proyecto inacabado que se basa en el rescate de recuerdos individuales y en la construcción de un relato común que refuerce la identidad del grupo.

Puede estudiarse como un cuerpo de conocimiento, como el esquema que soporta a un pueblo, o como un proceso de reivindicación y cambio. La memoria colectiva probablemente impulsa la identidad del grupo y construye su discurso social y político. Y además, el estudio de cómo varios miembros del grupo recuerdan los mismos sucesos de forma diferente puede ayudar a entender los factores psicológicos que intervienen en la creación de la memoria colectiva así como su influencia en la dinámica dentro del grupo y en los conflictos internos y externos.

Referencias:

BOPV. 2014. Ley 4/2014, de 27 de noviembre, de creación del Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos. BOPV 230, nº 5141.

Roediger, III, H.L. & M. Abel. 2015. Collective memory: a new arena of cognitive study. Trends in Cognitive Sciences 19: 359-361.

Spinney, L. 2016. Our collective memory, like individual memory, is shockingly falible. British Psychological Society BPS Blog, 22 January.

Stone, C.B. & W. Hirst. 2014. (Induced) Forgetting to form a collective memory. Memory Studies 7: 314-327.

Wildschut, et al. 2014. Collective nostalgia: A group-level emotion that confers unique benefits on the group. Journal of Personality and Social Psychology doi: 10.1037/a0037760

Zaromb, F. et al. 2014. Collective memories of three wars in United States history in younger and older adults. Memory & Cognition 42: 383-399.

Sobre el autor: Eduardo Angulo es doctor en biología, profesor de biología celular de la UPV/EHU retirado y divulgador científico. Ha publicado varios libros y es autor de La biología estupenda.

4 Comentarios

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MasgüelMasgüel

Ahí hay tajo. Añadiría un aspecto que lo complica aún más. No todas las culturas elaboran su memoria colectiva de la misma forma. En concreto, las tecnologías comunicativas fuerzan estrategias mnemotécticas diferentes y distintas formas de subjetividad. Los trabajos de Luria sobre culturas orales describen una forma de recordar el pasado que para nosotros es muy extraña. Dependía de la memoria para conservar toda la información relevante de una forma de vida, así que se las apañaba con muy poca subordinación, en un ritmo monótono, favorable a la memorización verbatim de larguísimas canciones, que además de relatar los mitos de origen, justificaban el orden moral. No se trataba de averiguar lo que ha pasado. Se trataba de recordar lo que ya se daba por sabido, cuando los viejos no duraban mucho y el asunto tenía que caber en una infancia humana, porque no había tiempo para más. Y todos los niños tenían que aprender lo mismo porque, sin división del trabajo, les hacía falta. Y como decía Levi-Straus, se les daba bastante mal, pero como no tenían registro del cambio, no se daban cuenta. Con la escritura se libera esa carga de la memoria pero, como a los dioses también se les ocurrió escribir o dictar la historia, pues tampoco hacía falta averiguarla. Hizo falta esperar a la revolución científica, la revolución de la ignorancia, para que el pasado se nos convierta en ámbito de investigación. Igual que el analfabeto educado en una cultura que lee, no habla ni piensa como un yanomamo, apostaría a que una cultura que produce libros de historia, aunque de lectura minoritaria, cuaja una memoria colectiva menos colectiva. Esta idea es circular, porque no soy historiador, pero solo recuerdo esta vuelta de tuerca por lo poco que me haya salpicado su trabajo.

Eduardo AnguloEduardo Angulo

Comentario muy interesante. Cada cultura recoge y mantiene su propia memoria colectiva que es parte de su identidad. Y la historia es lo que es, y a menudo intenta ser contraria a la memoria colectiva y, quizá con los medios de divulgación que ahora existen, la historia, o la propaganda o la imagen de un pueblo, ganará y será la memoria colectiva (lo que antes en una empresa se llamaba Oficina de Propaganda ahora ha cambiado a Gabinete de Imagen). Desde luego, historia y memoria colectiva no son lo mismo, y la historia cambia a menudo mientras que la memoria colectiva cambia pero menos. Y estaría comentando más cosas de este comentario que mejora un montón mi texto.

MasgüelMasgüel

Interesantes son tus entradas en este blog. Lo mío son regüeldos de ideas mal digeridas.

Eduardo AnguloEduardo Angulo

Ni mucho menos, ni mucho menos,… Muy interesante.

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