Ciencia aplicada (2): El reto de simular el espacio en la Tierra

[Este artículo es la segunda entrega de una serie de entrevistas dedicada a ilustrar el paso de la investigación básica a la ciencia aplicada en España. Puedes encontrar los enlaces al resto de artículos al final del texto]

Ciencia aplicada

Ciencia aplicada

El Mars Science Laboratory al que todos conocemos como Curiosity despegó a finales de noviembre de 2009 y consiguió posarse en la superficie de Marte en agosto del año siguiente. Esos nueve meses de viaje, los célebres siete minutos de terror que precedieron a su exitoso aterrizaje en el planeta rojo y las numerosas fotografías y experimentos que desde entonces lleva realizando el Rover en su viaje a través del cráter Gale, son seguramente lo que más se recuerda de esta misión.

Sin embargo, se hace poco hincapié en todas las investigaciones anteriores que permitieron conseguir lo que ahora vemos en las portadas de los medios especializados. Hicieron falta más de diez años de investigaciones y trabajos previos antes de que el Curiosity pudiese despegar e iniciar su andadura en Marte.

De toda esa ardua labor investigadora en la sombra sabe mucho nuestro segundo entrevistado, José Ángel Martín Gago, investigador en el Instituto de Ciencia de Materiales en Madrid (ICMM-CSIC) y además colaborador habitual en el Centro de Astrobiología (CAB-INTA-CSIC) en el Departamento de Instrumentación avanzada.

José Ángel Martín Gago

José Ángel Martín Gago

Entre los diferentes proyectos en los que se encuentra trabajando en la actualidad destaca el diseño de máquinas que simulan en un laboratorio las extremas condiciones del espacio. Si crees que las sondas y rovers que lanzamos se diseñan y montan sin más, estás equivocado: cualquier desarrollo o instrumentación debe probar su correcto funcionamiento en el ambiente donde operarán.

Un circuito eléctrico, un brazo robótico, una cámara de infrarrojos… todos y cada uno de los componentes electrónicos de una sonda deben estar preparados para realizar su labor en temperaturas y presiones muy diferentes a las de la Tierra. Lo que aquí marcha perfectamente seguramente no funcione a temperaturas de 60º bajo cero…

En las máquinas de vacío y ultra alto-vacío con las que trabaja José Ángel se consiguen presiones similares a las del espacio interestelar, esto significa que tenemos un lugar en el que podemos realizar experimentos y simular procesos que solo se dan en el espacio.

Pongamos un ejemplo práctico. Una de las cuestiones de la química actual es por qué existen moléculas complejas en el espacio. Para realizar un buen acercamiento al tema debemos ser capaces de generar entornos lo más parecidos posibles a esas condiciones. De esta manera se pueden producir pequeños cristales de carburo de silicio, uno de los compuestos que se forman frecuentemente en zonas estelares, y a partir de aquí ver cómo se erosiona con el hidrógeno atómico que también existe en esas regiones, formando nuevos tipos de moléculas.

Aprovechando la experiencia adquirida en sistemas de vacío los investigadores del CAB y del ICMM han construido máquinas que simulan entornos tan variados como los alrededores de una estrella o el del planeta Marte. De hecho la estación meteorológica del célebre Curiosity fue probada en una de las máquinas que simulan Marte en Madrid…

El Curiosity haciéndose un "selfie" NASA

El Curiosity haciéndose un “selfie” NASA

Es una muestra perfecta de cómo la investigación de cuestiones de ciencia básica, que se inician en el estudio de estos entornos, termina en aplicaciones prácticas capaces de recrear las condiciones más variadas donde realizar test para todo tipo de componentes e instrumentos electrónicos.

Sin embargo, José Ángel reconoce que en España es muy difícil llegar a la creación real de un dispositivo comercial. Por muy aplicada que sea tu investigación, nuestro país no dispone de un tejido industrial y comercial que facilite ese último paso.

Todos deseamos que la ciencia se convierta rápidamente en mejoras y aplicaciones accesibles., pero a pesar de que estamos a un gran nivel en todos los escalones previos de investigación y aplicación, todavía estamos muy alejados de poder contar con un sistema que ponga a disposición de la sociedad las aplicaciones que se desarrollan en infinidad de institutos y centros de investigación.

La burocracia y el papeleo llevado en muchas ocasiones a cotas surrealistas significan un gasto absurdo de tiempo y de dinero, puesto que muchos equipos de investigación se ven obligados a contratar un gestor para ocuparse exclusivamente de toda esa documentación… un dinero que podría utilizarse perfectamente para contratar a más investigadores.

Sobre el autor: Javier Peláez (@irreductible) es divulgador científico y cofundador de Naukas.com

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