El descubrimiento de las huellas que el agua dejó en tiempos pretéritos sobre la superficie de Marte nos ha hecho cambiar mucho nuestra perspectiva sobre el pasado del planeta rojo, quizás entonces algo más azul. Hasta el punto de que ya no nos preguntamos sobre si hubo agua fluyendo libremente y esculpiendo sus paisajes, algo que ha quedado más que probado a lo largo de los años y que en muchos casos salta a simple vista. Las preguntas que quedan por responder son cuando, donde y cuanta agua hubo en un planeta muy diferente al que conocemos hoy.
Un nuevo estudio publicado por Argadestya et al. (2026) propone una nueva idea para intentar calcular el pico máximo de agua disponible sobre la superficie de Marte a través del análisis de unas formaciones geológicas denominadas depósitos con frente en escarpe -o en inglés, scarp-fronted deposits (SFDs)- que se encuentran en el interior de Valles Marineris y que podrían haber registrado las subidas y bajadas del nivel de las aguas en Marte.
Aunque ahora veremos alguna imagen, para que se vayan haciendo una idea, este tipo de morfologías recuerdan a deltas terrestres, donde el escarpe marcaría el frente deltaico y cuya forma, vista desde arriba, nos recordaría a un abanico aluvial.

Uno de los principales hallazgos de este estudio es sobre cuando se habría alcanzado el nivel más alto de las aguas en el planeta, y que los autores sitúan en la transición entre el Hespérico final y los inicios del Amazónico, hace aproximadamente 3370 millones de años, momento en el cual Marte habría sido más habitable de lo que habríamos imaginado anteriormente. Obviamente, estas fechas no provienen de una datación radiométrica, sino a través de conteo de cráteres, ya que no hemos podido todavía traer muestras desde el planeta rojo.
Si este dato fuese real, Marte podría haber tenido una ventana de habitabilidad que habría, probablemente, superado holgadamente los mil millones de años, un periodo suficiente -suponiendo condiciones similares a la Tierra- para que la vida pudiese haber emergido. Esto no quiere decir que Marte no tenga en la actualidad condiciones habitables, quizás, en el subsuelo, pero en este caso nos referimos a una ventana de habitabilidad en la superficie.
Pero volvamos de nuevo a la parte más geológica. Para poner en contexto los resultados del estudio, en primer lugar tenemos que pensar en las dimensiones de las que hablamos: Valles Marineris es el sistema de cañones más grande de todo el Sistema Solar, superando los 4000 kilómetros de longitud, y con profundidades que alcanzan los 7000 metros en algunos puntos. Vamos, que su longitud sería mayor que la del propio mar Mediterráneo.
No es un único valle en el sentido estricto, sino que se ramifica, se bifurca e incluso en algunas ocasiones podemos ver en su interior sistemas montañosos alargados en la dirección general de esta gran cicatriz marciana. Desde el punto de vista geomorfológico, es bastante complejo y se observa una gran superposición de formas y eventos que en ocasiones son difíciles de separar.
Hablábamos antes de que en este estudio se han analizado unas formas llamadas SFDs y que los autores han interpretado como deltas. En nuestro planeta estos se forman cuando una corriente de agua que transporta sedimentos -como un río- entra en una masa de agua como puede ser un lago, un mar o el océano. La disminución de la velocidad de la corriente de agua hace que pierda capacidad de carga y estos sedimentos comienzan a depositarse.

Conforme crece el delta, va formándose una “llanura” con los sedimentos que termina en un escarpe que marca el frente de avance del delta y por donde irán cayendo parte de los sedimentos hasta el fondo. El crecimiento del propio delta dependerá del nivel de las aguas, de los aportes de las corrientes fluviales e incluso del oleaje.
Justamente donde se encuentran la superficie plana del delta con ese escarpe que se forma en su extremo marca el nivel del agua en el momento del depósito de los sedimentos. En la zona de Coprates Chasma, una de las partes más orientales de Valles Marineris, los autores de este estudio han observado que este nivel se encontraría entre los -3750 y los -3650 metros, quedando marcados en distintos SFDs, lo que sin duda podría indicar que en realidad estaban registrando el mismo nivel del agua global o regional, suponiendo que su formación fuese síncrona.
Una de las dudas que podrían asaltarnos es si simplemente estos materiales podrían haber caído por gravedad a lo largo del tiempo formando estos depósitos, pero los científicos han estudiado todas las morfologías asociadas a estos, observando evidencias muy claras de un transporte fluvial de los sedimentos y no a un simple movimiento a favor de la gravedad.
Además se observan distintos sistemas de drenaje con valles encajados en forma de V y redes de canales que servirían como una red de transporte para los materiales erosionados y meteorizados ladera arriba. Algunas de estas redes de drenaje son bastante complejas, lo que sirve como indicativo de que están bien desarrolladas y que fueron persistentes en el tiempo y no algo episódico, sino que requirieron cierto tiempo de maduración.

Pero hay algo más extraordinario, y es que la existencia de estas formaciones no solo se limitan a Coprates Chasma. Los investigadores estudiaron morfologías similares dentro de otras zonas de Vales marineris como son Capri Chasma, Hydraotes Chaos y Aurorae Sinus, observando que tienen una misma altitud a lo largo de cientos de kilómetros, lo que lleva a la conclusión de que había un gigantesco cuerpo de agua que llenaba estas depresiones, y que los niveles del agua podrían incluso haber llegado hasta las tierras bajas boreales. Es decir, que este gran “mar” que habría dentro de Valles Marineris en realidad sería simplemente una parte más de un sistema hidrológico a nivel planetario.
Otra de las cosas en las que se han fijado los autores es en la textura superficial de estos deltas con las imágenes de mayor resolución de las que disponemos. Sobre algunas aparecen pequeñas dunas de origen eólico y grietas de desecación. Estas últimas son la evidencia de sedimentos antes empapados en agua que se han ido secando al aire, como cuando vemos secarse un charco en la Tierra.
A su vez, las dunas aparecen sobre estas huellas y también sobre los canales. Esta secuencia nos cuenta una historia en orden cronológico: En primer lugar, los deltas se formaron con un nivel del agua alto. Conforme fue cambiando el clima de Marte hacia unas condiciones más secas que provocaron el descenso en los niveles del agua, los ríos erosionaron sus propios depósitos sedimentarios y, por último, la región se volvió totalmente árida y el viento comenzó a mover la arena de un lado hacia otro, formando las dunas y cubriendo el paisaje hasta transformarlo en el Marte que conocemos hoy día. Comprender este orden es fundamental para entender la historia del clima marciano.

Las implicaciones del estudio son bastante importantes en cuanto a la habitabilidad del planeta y suponen otra prueba más de la existencia de masas de agua estable en la superficie del planeta donde la vida podría emerger y sobrevivir, como anteriormente mencionamos pero, sobre todo, abre la puerta a una mayor ventana de habitabilidad en el sentido temporal.
Y por último, estos deltas representan el límite o la frontera entre los ambientes continentales de tierra firme y los sumergidos, haciéndolos un objetivo muy atractivo para misiones robóticas en el futuro. Y es que, en nuestro planeta, muchas veces los sedimentos del frente deltaico son donde podemos encontrar importantes concentraciones de compuestos orgánicos que, además, podrían haber sufrido procesos de enterramiento rápido que los preservase en el registro geológico con mayor facilidad, ayudándonos a encontrar biomarcadores si es que los hubiese.
¿Veremos algún día misiones robóticas buscando la huella de la vida en Valles Marineris? Quizás todavía queden muchas décadas por delante para eso, pero desde luego, este estudio pone a este lugar en el objetivo de las futuras misiones a Marte que tengan un interés astrobiológico.
Referencias:
Argadestya, I., Schlunegger, F., Anselmetti, F. S., Pommerol, A., Tullo, A., & Thomas, N. (2026) Scarp-fronted deposits record the highest water level in Mars’ Valles Marineris. mpj Space Exploration, 2(1), 2. doi: 10.1038/s44453-025-00015-8
Sobre el autor: Nahúm Méndez Chazarra es geólogo planetario y divulgador científico.
