Estos sí son los droides que está buscando Cynthia Breazeal

Fronteras

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Estos sí son los droides que está buscando Cynthia Breazeal

Cuando la pequeña Cynthia fue al cine a ver Star Wars con diez años y conoció a R2-D2 y C-3PO, seguramente no imaginó que un día llegaría a dirigir su propio laboratorio de robótica en una de las instituciones tecnológicas más prestigiosas del mundo; aunque, desde luego, sí fue el momento en que empezó a dar sus primeros pasos en esa dirección.

Recuerdo haber visto Star Wars cuando era niña. Quedé completamente cautivada y fascinada por los dos droides, R2-D2 y C-3PO. Sus personalidades y sus travesuras —y la forma en que a veces los maltrataban— los convertían en personajes memorables, muy distintos de los típicos robots de ciencia ficción. Esos droides me importaban de verdad.

En otras palabras, lo que le llamó la atención a Cynthia no fue la tecnología que los hacía posibles… sino su humanidad. Y es que R2-D2 y C-3PO no se limitaban a obedecer órdenes, sino que tenían personalidad, se enfadaban, se asustaban, se equivocaban… pero, sobre todo, se relacionaban entre ellos y con los demás. Esto era algo todavía alejado de la imagen del robot que había predominado hasta hacía relativamente poco en la literatura y cine fantásticos —hasta la llegada de los cerebros positrónicos de Asimov: la de herramientas, esclavos o, simplemente, villanos.

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R2-D2 y C-3PO inspiraron a Cynthia Braezeal para crear robots capaces de interaccionar con las personas a nivel social e incluso emocional. Fuente: Lucasfilm Ltd.

Como se puede imaginar, el estado de desarrollo de la robótica en aquella época estaba, si cabe, tan alejado aún de los droides integrados en la sociedad de Star Wars como de los robots esclavos o asesinos de las tradiciones modernista y pulp. El brazo robótico Unimate se había instalado en una de las cadenas de montaje de General Motors en 1961, y Shakey, un robot experimental creado entre 1966 y 1972 en el Stanford Research Institute, apenas podía desplazarse en un entorno controlado sin chocarse con nada. Así que la visión de aquella niña fascinada con Star Wars implicaba abrir un campo completamente nuevo de investigación: la robótica social, o las interacciones humano-robot. Cómo los robots interpretan las señales humanas, responden socialmente y generan confianza o invitan a la colaboración.

Cynthia Breazeal se graduó en Ingeniería Eléctrica y Computación en 1989 por la Universidad de California, Santa Bárbara, y continuó sus estudios de máster y doctorado en el MIT. A finales de los noventa, tras su paso como becaria por el Jet Propulsion Laboratory de la NASA y, más tarde, ser consciente de que estábamos siendo capaces de llevar robots a Marte pero no de integrarlos en nuestra vida diaria, decidió darle un giro a sus investigaciones. Para ella, la revolución robótica no vendría de enviar máquinas más lejos o, simplemente, hacerlas más autónomas, sino de cómo estas podrían ser capaces de relacionarse con las personas, entenderlas.

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Cynthia Breazeal con Jibo (2014), un robot social pensado para interaccionar con las personas en un entorno doméstico. Fuente: Cynthia Breazeal CC BY-SA

Como parte del equipo de Rodney Brooks —más conocido por ser cofundador de iRobot, la empresa que desarrolló la Roomba— en el Laboratorio de Inteligencia Artificial del MIT, el primer proyecto en el que participó Breazeal como estudiante de doctorado fue el robot humanoide Cog, en 1993. El objetivo era investigar cómo emerge la inteligencia a partir de la interacción física con el entorno mediante la percepción, el movimiento y el aprendizaje en tiempo real. Pero, en un momento dado, decidió cambiar por completo de rumbo. Según cuenta Brooks:

Cog tenía en funcionamiento el brazo y la mano izquierdos, y apenas contaba con algunas capacidades iniciales; Cynthia y él manipulaban el mismo borrador de pizarra y pronto empezaron a turnarse. Intrigada por cómo era aquello posible, comenzó a leer literatura de psicología sobre las interacciones entre madres y bebés, y descubrió un fenómeno por el cual las madres guían a los bebés en una actividad sin darse cuenta de que son ellas quienes introducen una novedad, creyendo, en cambio, que es el bebé quien lo hace. Esto permite que el bebé aprenda aquello que la madre cree que ya sabe. Cynthia dedujo que eso era lo que había estado haciendo con Cog, lo que la llevó a explorar el concepto de «andamiaje social» en su tesis doctoral.

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Cog partía de la hipótesis de que desarrollar inteligencia humana requiere interacción tanto con el entorno como con otros seres humanos, de la misma forma en la que lo haría un niño. Fuente: France / Rama CC BY-SA 2.0

El bebé de Cynthia, en este caso, se llamaría Kismet y, a diferencia de Cog, más orientado a la percepción y al control motor, estaba diseñado para estudiar la comunicación prelingüística entre humanos y máquinas. En otras palabras, para reconocer y simular emociones. Kismet, que apenas consistía en una cabeza con ojos, cejas, labios y orejas funcionales —y que recuerda ligeramente a un gremlin— podía reconocer el tono de voz de su interlocutor, emitir algunos sonidos simples, seguir con la mirada o responder con expresiones faciales.

Luego llegaron Leonardo (2002-2004), un peluche animatrónico pensado para explorar la interacción afectiva y el aprendizaje social a través del juego y el contacto; Nexi (2008), un robot de rostro humanoide infantil con ojos azules diseñado para estudiar conversación cara a cara, la atención conjunta y expresividad; Autom (2009), una especie de coach para la pérdida de peso; Jibo (2012-2014), un dispositivo comercial diseñado para la interacción social en el entorno doméstico; DragonBot, un robot educativo pensado para el aula, o su sucesor, Tega (2016), centrado en el aprendizaje infantil personalizado y capaz de adaptarse al progreso y las respuestas del niño.

Cynthia Breazeal dirige en la actualidad el Personal Robots Group en el MIT Media Lab, donde, además de ejercer como profesora, continúa desarrollando robots pensados para la convivencia en entornos cotidianos como el hogar, las aulas, las consultas médicas… Para ella, el reto no es conseguir robots más inteligentes ni más obedientes, sino robots capaces de entender y participar en nuestra sociedad… si es que eso algún día es posible.

A medida que la sociabilidad de estos robots empiece a rivalizar con la nuestra, ¿los aceptaremos en la comunidad humana? ¿Cómo los trataremos cuando lleguen a comprendernos, a relacionarse con nosotros, a empatizar con nosotros, a entablar amistad y a compartir nuestras vidas?

Sin embargo, cuanto más convincentes sean este tipo de robots —y estamos ya experimentando algo similar con la llegada de los grandes modelos del lenguaje— más fácil resultará atribuirles intenciones, autoridad e incluso afecto hacia nosotros, y más difícil será distinguir entre comportamiento genuino o respuesta a un algoritmo. Así que, además de las preguntas que plantea Breazeal, quedan muchas otras pendientes: ¿qué vínculos queremos fomentar realmente con este tipo de máquinas?, ¿dónde pondremos el límite?, ¿quién las controlará?, ¿quién responderá por ellas si, en nuestro ánimo por que se parezcan a nosotros, cometen algún error fatal?

Encontrar una respuesta a todo esto es complicado, aunque Cynthia Breazeal, al menos, parece que tiene bastante claro hacia dónde tenemos que ir:

Para mí, los robots deberían tener tanto inteligencia como corazón y relacionarse con nosotros como fieles compañeros, en lugar de ser simples herramientas o esclavos. […] Nuestra experiencia con la tecnología debería reforzar aquello que amamos de la experiencia humana, no deshumanizarnos.

Bibliografía

Breazeal, C. (s. f.). Cynthia Breazeal: Overview. MIT Media Lab.

Brooks, R. A., Breazeal, C., Marjanovic, M., Scassellati, B., & Williamson, M. (1999). The Cog project: Building a humanoid robot. En C. L. Nehaniv (Ed.), Computation for metaphors, analogy, and agents (Lecture Notes in Artificial Intelligence, Vol. 1562, pp. 52–87). Springer-Verlag.

Greenfield, R. (2014, 21 de julio). How “Star Wars” influenced Jibo, the first robot for families. Fast Company.

Massachusetts Institute of Technology, Humanoid Robotics Group. (s. f.). Cog.

Massachusetts Institute of Technology, Humanoid Robotics Group. (s. f.). Kismet.

MIT Media Lab. (s. f.). Leonardo overview. Personal Robots Group.

The Gentlewoman. (2016). Cynthia Breazeal.

Sobre la autora: Gisela Baños es divulgadora de ciencia, tecnología y ciencia ficción.

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