El “Joyazo” de Almería
En el sur de la provincia española de Almería existe una estructura geológica tan espectacular que no deja indiferente a ninguna persona que la visita. Su nombre, ya nos da una idea de lo que nos vamos a encontrar en este lugar. Se trata del Cerro del Hoyazo, también conocido como el Volcán de la Granatilla.

A pocos kilómetros de la localidad almeriense de Níjar se alza imponente un cerro de morfología circular con una gran depresión central, vamos, con un enorme hoyo en su parte interna. Ya tenemos la explicación al primer nombre. Además, si tenemos la paciencia de buscar con calma en algunas partes, tanto del interior del cráter como del exterior del cerro, podemos recoger del suelo, literalmente a puñados, cristales de un mineral de color rojo sangre, el granate. Y de ahí la segunda denominación de esta estructura.
Seguro que ya he conseguido llamar vuestra atención con esta última descripción. Y me atrevo a suponer que os estaréis preguntando cómo se ha formado esta estructura y por qué aparecen tantos granates en esta zona. Así que, vamos a viajar en el tiempo para encontrar las respuestas.
Hace unos 6,2 millones de años, el sureste de la Península Ibérica se encontraba cubierta por un mar poco profundo, de aguas cálidas y transparentes. Toda esta zona de las actuales Almería y Murcia, además, estaba atravesada por una gran fractura del terreno, a favor de la cual ascendieron varios magmas desde el interior de la Tierra que, al salir a superficie, generaron volcanes submarinos. Con el paso del tiempo, tras sucesivas erupciones ocurridas en el mismo lugar, estos volcanes submarinos fueron creciendo hasta llegar a superar la columna de agua, formando varias islas volcánicas, similares a las islas Canarias.

Pero, hace unos 6 millones de años, el vulcanismo en la actual área de Níjar, cesó. Entonces, esta isla volcánica extinta se convirtió en el sustrato idóneo para que extensas colonias de corales construyesen enormes arrecifes en sus márgenes. Sí, exactamente igual que los arrecifes que podemos encontrar actualmente en Hawái. Con el paso del tiempo, mientras los arrecifes seguían creciendo alrededor de la isla, las inclemencias del tiempo fueron desmantelando las rocas volcánicas del centro, creando una depresión que quedó cubierta de agua marina. Así se formó un atolón, es decir, un anillo más o menos circular de arrecifes coralinos que coronan una isla volcánica y cierran una laguna interior.
Tras estos eventos, la placa tectónica Africana se acercó violentamente a la placa tectónica Ibérica, provocando un continuo descenso del nivel del mar. Hasta que, hace unos 2 millones de años, nuestra isla volcánica quedó completamente emergida, pasando a ser una zona continental alejada varios kilómetros de la costa. Y los agentes meteorológicos siguieron con su paciente trabajo erosivo, dando lugar a un edificio volcánico rematado por un anillo de rocas carbonatadas en donde se han preservado fósiles de corales y con una depresión central muy acentuada. Una morfología que hoy en día llamamos Cerro del Hoyazo.
Vamos ahora con la otra gran característica de este lugar, los granates. Estos minerales se formaron millones de años antes de que empezase la historia que os acabo de contar y se encontraban en las rocas metamórficas que forman la corteza de este lugar. Cuando empezó la actividad volcánica, el magma atravesó estas rocas ricas en granates durante su ascenso a superficie, arrancando fragmentos de las mismas. Pero el magma no pudo fundir estas rocas, quedando dichos fragmentos englobados en él. Por este motivo, los cristales de granate se conservaron casi intactos dentro del magma. Al producirse las erupciones, esos cristales acabaron formando parte de las nuevas rocas volcánicas.

Y una vez que tenemos en superficie los rojizos minerales, entran de nuevo en juego los agentes meteorológicos. Al erosionarse las rocas volcánicas, los granates quedaron sueltos a merced de los arroyos que barrían la superficie del cerro, que los acabaron depositando al pie de las laderas, tanto dentro como fuera del edificio volcánico. Así, en algunas zonas es tal la acumulación de cristales que parece que todo el suelo está teñido de color sangre.
Esta gran abundancia de granates ha hecho que, de manera informal, se conozca a este cerro como el Joyazo de Níjar. Aunque, irónicamente, estos cristales no tienen valor en joyería debido a que se encuentran muy fracturados. Pero sí que han sido explotados industrialmente durante décadas como material abrasivo gracias a su elevada dureza, superior incluso a la de la sílice. Hoy en día, en los alrededores del Hoyazo, aún quedan vestigios de esta extracción minera.
El Cerro del Hoyazo es una auténtica joya geológica, ya que es uno de los mejores y más completos ejemplos de atolón fósil del mundo. Además, la presencia de los granates en las rocas volcánicas nos permite conocer las características de las rocas que componen la corteza terrestre en este lugar, algo también bastante excepcional. Pero fuera del ámbito científico, es un paisaje espectacular que destaca sobre la planicie almeriense y que me encantaría visitar algún día. Eso sí, aunque exista una gran abundancia de granates, no se pueden sacar de su entorno, ya que este magnífico lugar es uno de los puntos de interés geológico del Geoparque Mundial de la Unesco de Cabo de Gata-Níjar.
Para saber más:
Guía Geológica del Geolodía 15 Almería
Sobre la autora: Blanca María Martínez es doctora en geología, investigadora de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y colaboradora externa del departamento de Geología de la Facultad de Ciencia y Tecnología de la EHU
