Si a muchos les suena a día de hoy el nombre de Emilio Herrera Linares, es porque, en los últimos tiempos, se ha recuperado su figura como inventor de la «escafandra estratonáutica» o, en otras palabras, del traje de astronauta. Pero, por si eso no fuera suficiente, hay más, mucho más. Emilio Herrera, además de un pionero de la aviación y de la ingeniería aeroespacial —amén de muchas otras cosas— fue uno de nuestros mayores visionarios.
Nació en 1879 en Granada, y se formó como ingeniero militar en un momento en que la aviación formaba más parte del mundo de los sueños que del mundo real. Eso no le impidió convertirse en uno de los primeros pilotos de avión en España —también pilotaba globos y dirigibles— ni, lo que es más importante, aspirar a volar, algún día, todavía más alto, más lejos. Tal vez a la Luna… o a Marte. Para Emilio Herrera, el viaje interplanetario no era una cuestión de posibilidad, sino de tiempo. Y en eso no se equivocó. No vivió lo suficiente como para ver llegar al Apollo 11 a la Luna —falleció en 1967—, pero sí para ver es pistoletazo de salida de la carrera espacial y cómo Yuri Gagarin se convertía en la primera persona en orbitar nuestro planeta desde el espacio. Esto es: cuando Emilio Herrera nació, ni siquiera existían los aviones, cuando murió, ya había naves espaciales.

Con el título de «Cómo se realizarán, antes de cincuenta años, los viajes a la Luna», el 23 de abril de 1932 la revista Estampa publicó una entrevista a Emilio Herrera en la que este imaginaba, con todo lujo de detalles y de forma lo más realista posible respecto a la tecnología del momento, cómo podrían ser esos viajes interplanetarios del futuro. Y no se limitaba a descripciones vagas —de hecho, llegó a dar conferencias sobre este asunto—: habla de masas, combustibles, velocidades, trayectorias, tiempo… describía la fase de reentrada en nuestro planeta y daba detalles como que el primer paso no debería ser intentar llegar a la Luna directamente, sino enviar una misión tripulada que simplemente la rodeada, lo que, de hecho, sucedió décadas después.
Sin duda parece que se trata de una cosa irrealizable, pero yo soy optimista. Cuando era joven fui de los primeros que pilotaron aviones en España. Entonces, hablar de aviación era tanto como hacerse acreedor del calificativo de loco […]. Quienes hemos visto esta evolución fantástica de la aviación, podemos creer que estamos más cerca de los viajes interplanetarios que hace cincuenta años lo estábamos de la aviación.
¿Y acaso se equivocó? Bueno… en cierto modo sí, porque el viaje a la Luna, al menos, fue posible mucho antes de lo que él imaginó.

Fuente: Dominio público.
En la entrevista describe cada fase del viaje: la aceleración inicial, la separación de la primera etapa de los cohetes, la ingravidez que sentirían los tripulantes… e incluso se permite imaginar cómo se vería la Tierra desde el espacio, a miles de kilómetros de distancia de su superficie. Lamentablemente, y aunque seguramente llegó a ver algunas de las instantáneas realizadas desde la órbita por los primeros satélites, la primera imagen en color del planeta completo, tomada por el satélite ATS-3, no se publicó hasta dos meses después de su muerte; la icónica Earthrise, un año después.

Y, además, encontramos otros detalles que, al leerlos desde el futuro, pueden llegar a provocarnos una sonrisa, como cuando habla de la posibilidad de enviar un periódico a Marte —recordemos que estamos en 1932— y comenta:
Para advertir a los habitantes de Marte de la procedencia del envío, se dibujarían en el periódico un esquema del sistema planetario —señalando la Tierra y Marte—, y el camino recorrido por el cohete, un mapa de la Tierra, un mapa de Marte, una colección de figuras en colores, representando seres humanos, animales y plantas, paisajes, ciudades, casas, puentes, buques, trenes, aviones, dirigibles y demás muestras del progreso terrestre; figuras científicas como los cinco poliedros regulares; curvas principales, la figura del teorema de Pitágoras, una explicación científica del sistema de numeración decimal, etc.
¿Alguien más ha pensado en el disco dorado de las Voyager?
Leer esta entrevista a Emilio Herrera —dejando a un lado detalles como que el periódico al que me acabo de referir estaría impreso en tela de amianto para evitar su combustión durante el descenso a la superficie de Marte (algo que, en realidad, tendría mucho sentido)— es volver a una época donde los ingenieros españoles no solo inventaban, y lo hacían muy bien, sino que se permitían soñar. Sueños que, en muchos casos, se vieron truncados por la guerra.
Tal vez haya llegado el momento de recuperarlos, de recordarlos y, parafraseando el epitafio de la tumba del general Herrera, no llorarlos, sino imitarlos.
Bibliografía
Díaz Roncero, F. (23 de abril de 1932). Cómo se realizarán antes de cincuenta años los viajes a la Luna. Estampa, 224.
Martínez Ron, A. (16 de nayo de 2024). La capa ‘perdida’ de Emilio Herrera: “Esto es lo único que nos queda del primer traje espacial de la historia”. El Diario.
Polanco Masa, A. (5 de julio de 2007). La escafandra estratonáutica. Tecnología obsoleta.
Polanco Masa, A. (2025). El legado del ingenio: 365 grandes inventos españoles. Serendipia.
Sobre la autora: Gisela Baños es divulgadora de ciencia, tecnología y ciencia ficción.