La insólita longevidad del tiburón de Groenlandia no perjudica su visión

Vida fascinante

El tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus) (Figura 1) es el vertebrado que alcanza una mayor edad[1]. Un estudio, basado en la fijación del carbono-14 emitido por las pruebas nucleares de los años 50-60 del pasado siglo, estableció una edad media de 272 años para 28 ejemplares analizados. La edad del tiburón más grande se estimó en 392 ± 120 años. Es decir, alguno de estos tiburones probablemente nació cuando Cervantes y Shakespeare escribían sus obras. No menos sorprendente resultó que la edad de madurez sexual de las hembras se estableciera en 120-150 años. ¡Una infancia interminable!

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Figura 1. El tiburón de Groenlandia, Somniosus microcephalus. Fuente: NOAA Okeanos Explorer Program / Dominio público.

El tiburón de Groenlandia habita aguas frías del Atlántico norte y el océano Ártico, hasta profundidades de 2000 metros. Es una especie de gran tamaño, alcanzando los cinco metros de longitud. Su extrema longevidad se ha atribuido a su reducida tasa metabólica y a las bajísimas temperaturas de su medio, frecuentemente por debajo de los 0°C. Su velocidad de crecimiento no llega al centímetro por año, y nunca supera el metro por segundo en sus desplazamientos.

El estudio de su genoma, recientemente publicado, reveló un tamaño excepcionalmente grande, 6,45 gigabases, el mayor entre los elasmobranquios y el doble del genoma humano. Este tamaño se explicaba por la expansión de elementos transponibles y por la duplicación de genes relacionados con la reparación del ADN. El refuerzo en los sistemas de reparación genética era de esperar en un animal con semejante longevidad.

Una cuestión que había suscitado mucho interés en el tiburón de Groenlandia era su capacidad visual. Su elevada edad, lo duro de sus condiciones de vida (presión, temperatura) y, sobre todo, el ataque de parásitos habían llevado a sospechar que estos animales prácticamente acababan por perder la visión a lo largo de su vida.

En efecto, los ojos de la mayor parte de los tiburones de Groenlandia están atacados por un copépodo parásito, Ommatokoita elongata (Figura 2). Con un tamaño relativamente grande (3 cm), este parásito se fija a la córnea de su hospedador, alimentándose de los tejidos oculares. Por esto se pensaba que los tiburones perdían la visión, localizando a sus presas por el olfato y la capacidad de detectar campos eléctricos. Incluso se llegó a especular que Ommatokoita fuera bioluminiscente, atrayendo con su luz presas hacia las fauces del tiburón.

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Figura 2. El copépodo parásito, Ommatokoita elongata aparece adherido a la córnea del tiburón de Groenlandia. De Fogg et al. (2026), cita completa en referencias, CC BY-NC-ND 4.0.

Sin embargo, era paradójico que el techo óptico, la región del encéfalo que procesa la información visual, estuviera siempre bien desarrollado en el tiburón de Groenlandia. Un estudio que acaba de ser publicado en Nature Communications por un equipo internacional ha mostrado que, contrariamente a lo que se pensaba, su visión no está afectada ni por la edad ni por la presencia de parásitos.

Este estudio se basó en ejemplares de 100-130 años de edad. Las retinas de Somniosus muestran una alta densidad de bastones largos y una ausencia de conos (Figura 3). Recordemos que los conos utilizan la luz brillante, mientras que los bastones detectan intensidades bajas de luz, en una región más restringida del espectro visible. En concreto los bastones de este tiburón eran sensibles a la luz azul-verde (460-530 nanómetros), con un pico hacia la luz azul. No se encontró ningún signo de degeneración en la retina incluso en ejemplares de 130 años de edad. En contraste, los humanos adultos perdemos anualmente un 0,2-0,6% de nuestros bastones. La presencia de parásitos solo obstaculizó parcialmente la entrada de luz. Los ojos parasitados mostraron que un 70-100% de la radiación azul llega a la retina, comparando con ojos no parasitados.

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Figura 3. Sección de la retina de S. microcephalus. PRL: capa de fotorreceptores (bastones), representados en gris a la derecha. ONL: capa nuclear externa (núcleos de los bastones). INL: capa nuclear interna constituida por neuronas bipolares (en azul) y otras células retinianas auxiliares (en rojo y violeta). GCL: capa de células ganglionares, cuyos axones forman el nervio óptico (en amarillo). Escala 50 mm. De Fogg et al. (2026), cita completa en referencias, CC BY-NC-ND 4.0.

El estudio de la expresión génica en la retina mostró la ausencia de genes relacionados con los conos, como era de esperar, y un enriquecimiento de genes relacionados con la reparación del ADN, en particular ERCC1 y ERCC4. Las proteínas codificadas por estos genes se asocian para formar una enzima que corta el ADN dañado para su reparación. De hecho, mutaciones en estos genes están relacionadas con xeroderma pigmentosum, una enfermedad rara que causa extrema sensibilidad a la luz ultravioleta, alto riesgo de cáncer de piel y problemas neurológicos, debido a defectos en la reparación del ADN. ERCC1 está ausente en los tiburones de vida corta, mientras que ERCC4 se expresa en el tiburón de Groenlandia a niveles mucho más altos que en otros tiburones.

En resumen, los longevos tiburones de Groenlandia, a pesar de lo que se creía, gozan de una excelente salud visual. Es concebible que los sistemas de protección de la retina descubiertos en estos animales orienten investigaciones para mejorar también la salud visual humana.

Referencias

Fogg, L.G., Tom, E., Policarpo, M. et al. (2026). The visual system of the longest-living vertebrate, the Greenland shark. Nat Commun. doi: 10.1038/s41467-025-67429-6. https://www.nature.com/articles/s41467-025-67429-6

Sobre el autor: Ramón Muñoz-Chápuli Oriol es Catedrático de Biología Animal (jubilado) de la Universidad de Málaga.

Nota:

[1] Posiblemente, su congénere, el tiburón dormilón del Pacífico (Somniosus pacificus) no se quede atrás en este aspecto, pero faltan datos que lo confirmen.

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