Tejiendo la World Wide Web

Fronteras

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Tejiendo la World Wide Web

De adolescente leía ciencia ficción. Leía novelas policíacas, Agatha Christie… Leía a John Wyndham, a Arthur C. Clarke… Tenía un problema con los libros de ciencia ficción: me quedaba enganchado y no los soltaba hasta por la mañana, cuando los terminaba, algo bastante desastroso para afrontar el día siguiente.

Esas palabras pertenecen a Tim Berners-Lee, el artífice de la World Wide Web. Si en los años sesenta ARPANET sentó las bases de lo que sería la estructura que sostendría la red de redes, las «carreteras» de internet, la World Wide Web nos dio los destinos a los que ir: estableció el sistema de páginas y enlaces que hizo posible organizar, compartir y consultar la información. Y, una vez más, la ciencia ficción desempeñó un pequeño papel en su desarrollo.

Sir Tim Berners-Lee, creador de la World Wide Web. Fuente: CC-SA BY 4.0/Paul Clarke

La historia de Tim Berners-Lee es, en muchos aspectos, la versión europea de muchos innovadores del área de la bahía de San Francisco de los años sesenta, aunque sin ese caldo de cultivo contracultural y tecnoutópico que se respiraba, por ejemplo, en las universidades de Stanford y Berkeley. Nacido en 1955, sus padres eran matemáticos y estuvieron en el equipo que construyó el Ferranti Mark I, así que parece que de casta le viene al galgo. Al pequeño Tim le gustaba cacharrear con la electrónica y construía sus propios relés e interruptores. Ya como estudiante de la Universidad de Oxford, con la llegada de los primeros microprocesadores al mercado, construía con sus compañeros placas electrónicas que intentaba vender… aunque no con el mismo éxito que sus colegas estadounidenses. Incluso, continuando con el paralelismo, Berners-Lee tuvo acceso a una especie de versión británica del Whole Earth Catalog de Steward Brand, solo que en forma de libro del siglo XIX titulado: Enquire within upon everything.

Cuando empecé a trastear con un programa informático que con el tiempo dio origen a la idea de la World Wide Web, lo llamé «Enquire», por «Enquire within upon everything», un viejo y polvoriento manual victoriano que había de niño en la casa de mis padres, a las afueras de Londres. Con un título que sugería cierta magia, el libro era un portal a un mundo de información, aparecía de todo, desde cómo quitar manchas de la ropa hasta consejos para invertir dinero.

Publicado por primera vez en 1856, y con más de 126 ediciones a sus espaldas, Enquire within upon everything, de Robert Kemp Philp, era una especie de enciclopedia para el día a día. En él aparecían desde remedios caseros y primeros auxilios hasta juegos y entretenimiento, economía, ciencia y manualidades.

Creó Enquire mientras estaba de prácticas en el CERN, tras acabar la carrera, en 1980 con el objetivo de catalogar las conexiones que existían entre investigadores, proyectos y ordenadores de la institución y así facilitar la colaboración. Pero el período de prácticas acabó antes de que pudiera terminarlo. Sería años después, en septiembre de 1984, cuando volvería a Ginebra y retomaría aquella idea.

Tim Berners-Lee empezó a trabajar en un equipo cuyo cometido era recopilar los resultados de todos los experimentos que se estaban haciendo en el CERN. Decidió entonces retomar Enquire con el objetivo de ampliarlo y «construir un espacio creativo, algo como un arenero en el que todos pudieran jugar juntos». Un lugar donde la información estuviera interconectada entre sí y al que cualquiera pudiera acceder. Tal vez sin saberlo, estaba recuperando aquella vieja idea del memex, de Vannevar Bush y esa forma intuitiva de indexar la información que hoy podríamos identificar con el hipertexto.

En 1990, presentó su propuesta «WorldWideWeb: proposal for a hypertext project» junto con Robert Cailliau, un ingeniero Belga que también trabajaba en el CERN, con el objetivo de conseguir financiación y solo puso un requisito: la World Wide Web tenía que ser de dominio público. Tim Berners-Lee no buscaba hacerse rico, buscaba aportar algo al mundo.

Si tuviéramos que dar una fecha, podríamos decir que internet nació oficialmente el 6 de agosto de 1991. El 2 de agosto, un investigador llamado Nari Kannan había enviado un mensaje al grupo de noticias alt.hypertext de Usenet —algo así como el antepasado remoto de los foros de internet— preguntando: «¿Alguien que lea este grupo de noticias conoce esfuerzos de investigación o desarrollo en […] enlaces de hipertexto que permitan recuperar información desde múltiples fuentes heterogéneas?». Berners-Lee le contestó unos días después:

El proyecto WorldWideWeb (WWW) pretende permitir la creación de enlaces hacia cualquier información, en cualquier lugar. […] Si te interesa usar el código, escríbeme. Es un prototipo, pero está disponible mediante FTP anónimo desde info.cern.ch. Tiene copyright del CERN, pero su distribución y uso libres no suponen ningún problema.

El mensaje de Tim Berners-Lee completo se puede leer aquí

Y el resto es la historia que nos ha traído hasta este preciso artículo, por ejemplo.

Aunque todavía falta algo por contar, y es que este es un artículo sobre un crossover más entre ciencia tecnología y ciencia ficción que no se limita a que Berners-Lee leyera novelas de este género adolescente. Hay un relato muy concreto que marcó su visión de lo que podría llegar a ser internet: Marque F de Frankestein (1975), de Arthur C. Clarke.

La premisa de la historia era sencilla, y no del todo original en la historia de la ciencia ficción: la madrugada del 1 de diciembre de 1975, a la 1:50 de la mañana, todos los teléfonos del mundo empiezan a sonar a la vez tras haberlos conectado, en la medianoche de ese día, a una red de satélites mundial, y nadie sabe por qué. Al día siguiente, empieza a haber problemas de tráfico, ferroviarios, fallos en los sistemas de suministro de agua, se lanzan misiles de forma accidental… Un ingeniero, John Williams, empieza a especular con que la red telefónica se ha vuelto tan compleja y tiene tantas conexiones, que ha empezado a funcionar como un gran cerebro.

Desde luego, Tim Berners-Lee no pensó que algún día internet iba a cobrar conciencia ni nada parecido, pero sí le gustó la idea de una red de ordenadores conectados entre sí y el potencial creativo y transformador que podría llegar a tener para la sociedad.

Tengo un sueño para la web […]. En la primera parte, se convierte en un medio mucho más poderoso de colaboración entre las personas […]. En la segunda parte del sueño, las colaboraciones se extienden a los ordenadores. Una vez alcanzadas esas dos cosas, la web será un lugar donde el capricho de un ser humano y el razonamiento de una máquina coexistan en una mezcla ideal y poderosa.

Fuente: Pixabay/geralt

Podemos decir que se hizo realidad, ¿no? Al menos en parte.

Referencias

Academy of Achievement. (s. f.). Sir Tim Berners-Lee.

Berners-Lee, T. (1991, 6 de agosto). Re: Qualifiers on Hypertext links… [Mensaje en grupo de noticias Usenet, alt.hypertext]. World Wide Web Consortium.

Berners-Lee, T., y Cailliau, R. (1990, 12 de noviembre). WorldWideWeb: Proposal for a HyperText Project.

Clarke, A. C. (1965). Dial “F” for Frankestein. Playboy.

Isaacson, W. (2014). Innovators. Simon & Schuster.

Philp, R. K. (1856). Enquire within upon everything. Houlston and Sons.

Press, G. (2015, 2 de enero). A very short history of the internet and the web. Forbes.

Wright, R. (1997, 19 de mayo). Tim Berners-Lee: The man who invented the Web. Time. ditos: CC-SA BY 4.0/Paul Clarke

Sobre la autora: Gisela Baños es divulgadora de ciencia, tecnología y ciencia ficción.

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