¿Por qué una ameba aparentemente inofensiva ataca al cerebro humano?
Naegleria fowleri es un organismo ameboflagelado del filo Percolozoa, compuesto por eucariotas unicelulares que pueden presentar fases ameboides, flageladas y quísticas (Figura 1). Este protista vive en aguas dulces y cálidas, alimentándose de bacterias como tantas otras amebas inofensivas. Sin embargo, se conoce a N. fowleri como la ameba “comecerebros”, dado que puede comportarse como un parásito oportunista de los humanos.

N. fowleri es el agente de la meningoencefalitis amebiana primaria (MAP), una enfermedad muy rara y extremadamente grave. Se produce cuando estos organismos invaden el tejido cerebral, penetrando a través de los senos nasales y el nervio olfatorio. Atacan primero al bulbo olfatorio y, progresivamente, destruyen otros centros cerebrales.
Afortunadamente, la incidencia de la MAP es bajísima. Una revisión publicada en 2025 recoge 488 casos en el periodo 1962-2022. De ellos, 157 ocurrieron en EE.UU., 143 en Pakistán, 33 en México y 26 en India. Solo once pacientes sobrevivieron a la infección (2,2%). En España, solo se ha detectado un caso, en 2018. Por suerte, el diagnóstico temprano permitió salvar la vida a la paciente, una niña de diez años. Estos datos de baja incidencia deben ser tomados con precaución, ya que casos fulminantes de meningitis bacteriana podrían haber sido atribuidos a N. fowleri con un diagnóstico más preciso.
La MAP se produce por exposición de los senos nasales al medio en el que habita N. fowleri, especialmente aguas dulces estancadas, calientes y no cloradas. En este tipo de ambientes viven muchos tipos de amebas y otros protistas. Sin embargo, solo N. fowleri migra hacia el cerebro. Lo que ignorábamos hasta ahora es qué impulsa a N. fowleri a penetrar en el cráneo humano y qué mecanismos utiliza para esta invasión.
Un estudio publicado en PNAS por un equipo estadounidense (con la participación de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Alcalá de Henares) ha estudiado el comportamiento de Naegleria gruberi, un protista similar a N. fowleri, pero no patógeno. Se ha podido demostrar que la fase ameboide de N. gruberi se desplaza, como las amebas típicas, mediante dos mecanismos: protrusiones laminares de la membrana sostenidas por filamentos de actina y blebs, expansiones de la membrana citoplasmática sin soporte citoesquelético (Figura 2).

Cuando se confinan las fases ameboides entre dos láminas de vidrio, dejando un espacio entre ellas de solo 5 mm, el mecanismo de desplazamiento utiliza exclusivamente blebs. Este confinamiento incrementa la velocidad de desplazamiento, de 14,5 a 20,5 mm/min, muy superior al de amebas típicas como Dictyostelium, usada como control en este estudio.
Los ejemplares de N. gruberi situados en un medio con canales muy estrechos (entre 4 y 8 mm) muestran una fuerte tendencia a desplazarse por el interior de dichos canales, utilizando también preferentemente los blebs. Podemos verlo en este vídeo.
El 65% de las amebas que contactan con canales de 8 mm acaban por entrar en ellos, frente al 50% de los ejemplares de Dictyostelium. En el interior del canal los ejemplares de N. gruberi alcanzan velocidades relativamente elevadas, con una media de 31 mm/min, es decir, el doble de su velocidad habitual en una superficie (Figura 3). Además, cuando están confinados en canales estrechos persisten en su dirección y no suelen volver atrás. Si estimamos la persistencia como la distancia entre salida y llegada dividida por la longitud de la trayectoria real (persistencia=1 indica un recorrido en línea recta), las amebas libres muestran una persistencia de 0,44, mientras que en los canales la persistencia es superior a 0,96. En estas condiciones recorren distancias superiores al milímetro (unas 50 veces su longitud media). Las amebas Dictyostelium recorren los canales a mucha menos velocidad, y su persistencia es inferior, entre 0,76 y 0,88 dependiendo del diámetro del canal.

En presencia de hidrogeles, unos medios porosos sintéticos, N. gruberi explora activamente los recovecos mediante protrusiones laminares y blebs, y tiende a permanecer enclaustrada en espacios pequeños. Es importante señalar que este comportamiento no está provocado por señales químicas ni sustancias atractivas para las amebas.
Lo que nos revela el comportamiento de N. gruberi es una tendencia hacia la exploración de medios porosos como el sustrato de estanques y charcas, en busca de las bacterias que constituyen su alimento. Las amebas Dictyostelium, que viven sobre sustratos húmedos, no muestran esa tendencia exploratoria de canales y recovecos. El problema surge cuando N. fowleri, que probablemente comparte el comportamiento de N. gruberi, alcanza accidentalmente los senos nasales. Los estrechísimos canales existentes entre las fibras del tracto olfatorio, que penetran en el cráneo a través de la placa cribosa, se convierten en un poderoso atractivo para la exploración de N. fowleri. Una vez que alcanza el bulbo olfatorio, con una temperatura óptima para su desarrollo y en ausencia de alimento bacteriano, redirige su interés hacia el tejido cerebral, con devastadoras consecuencias.
Estos resultados no parecen aportar novedades para reducir los casos de MAP, por lo que la prevención sigue siendo muy importante. Se debe evitar el baño en aguas estancadas y no tratadas, especialmente en los meses de verano, o tomar precauciones para impedir el acceso del agua a los senos nasales. Por otro lado, aunque en España solo se haya registrado un caso, existe una cierta preocupación dado el aumento de temperatura de nuestras aguas continentales debido al cambio climático. Esto podría aumentar la expansión de N. fowleri y dar lugar a nuevos casos.
Referencias
Velle, K.B., Ramaswamy, M., Hokmabad, B.V. et al. (2026). Naegleria amoebae seek confinement and crawl persistently through narrow spaces, Proc. Natl. Acad. Sci. U.S.A. doi: 10.1073/pnas.2534165123.
Sobre el autor: Ramón Muñoz-Chápuli Oriol es Catedrático de Biología Animal (jubilado) de la Universidad de Málaga.
