El caso del rojo imbécil

Nota preliminar: Esta es la biografía de un médico militar, en la que ideas y conceptos vienen en las propias palabras del personaje biografiado. Escribió mucho y nos dejó ejemplos claros y precisos de sus ideas.

Vallejo-nájera

Fue Antonio Vallejo Nágera uno de los iniciadores de la Psiquiatría en España. Médico y profesor universitario, nació en Paredes de Nava, en Palencia, en 1889, y murió en Madrid en 1960. Fue el primer Catedrático de Psiquiatría de la universidad española. Estudió Medicina en Valladolid y se licenció en 1909. De familia de médicos y militares, ingresó en el Cuerpo de Sanidad Militar en 1911. Después de ejercer en varios destinos en Oviedo y en la guerra de Marruecos, en 1917 fue destinado a la Embajada en Berlín con el encargo de visitar los campos de prisioneros durante la Primera Guerra Mundial. Su labor mereció condecoraciones de varios de los países contendientes. Además, le gustó Alemania, aprendió su idioma, tradujo obras de la psiquiatría alemana al español y, por supuesto, le cautivó la música de Wagner.

En su vuelta a España y después de defender su tesis doctoral hacia 1930, fue nombrado director de la Clínica Psiquiátrica de Ciempozuelos y profesor de Psiquiatría en la Academia de Sanidad Militar. El tema de su tesis y el principal objetivo de sus estudios hasta entonces fue la simulación de enfermedades. Era un asunto importante para un médico militar que, entre otras funciones, tenía que detectar los engaños de los mozos que querían evitar el servicio militar obligatorio y, también, la vuelta al frente de los heridos ya curados durante la guerra de Marruecos. Patomimia es el término médico que agrupa estas conductas de simulación.

Eugenesia_de_la_Hispanidad

En esta época, además de sus estudios, se preocupa por la raza y hace propuestas de eugenesia, siguiendo las ideas de la Alemania nazi. Pero en España no encuentra un paradigma de raza, equivalente a la raza aria de los alemanes. Así que cambia los rasgos físicos de la raza por la personalidad y, sobre todo, por lo que llama el espíritu de la raza. Y escribe:

La raza es espíritu. España es espíritu. La Hispanidad es espíritu… Por eso hemos de impregnarnos de Hispanidad… para comprender nuestras esencias raciales y diferenciar nuestra raza de las extrañas.”

Durante la Guerra Civil dirige los Servicios Psiquiátricos del Ejército Nacional y convence a Franco, en 1938, para crear el Gabinete de Investigaciones Psicológicas del Ejército a imagen de los centros de investigación racial del Tercer Reich. A partir de esta organización, fundó catorce clínicas psiquiátricas, además del Gabinete Psicológico de Campos de Prisioneros.

Después de la Guerra Civil y como director de los Servicios Psiquiátricos del Ejército, Vallejo Nágera fue el encargado de demostrar la inferioridad mental de los enemigos “rojos”. Para ello realizó un estudio minucioso de dos grupos de prisioneros, uno de ellos con 297 miembros de la Brigadas Internacionales encarcelados en Burgos, y el segundo con 50 presas en la prisión de Málaga. En el proyecto inicial se incluía el estudio de “separatistas vascos” por suponer “una mezcla de fanatismo marxista y antiespañol”, pero o no se hizo o, hay quien ha propuesto, que no se publicaron los resultados porque no era políticamente oportuno.

Todas sus investigaciones en estos años de la guerra y la postguerra intentan demostrar que el marxismo es una enfermedad mental y que, para que no se extienda, los “rojos” no deben tener hijos y, si los tienen, se les debe separar de sus padres para evitar contagios. Los marxistas, según las conclusiones de sus estudios, eran brutales, fanáticos y hasta feos, eran “infrahombres malvados”. Y, uniendo sus ideas eugenésicas y los resultados de sus estudios, concluye que la sociedad debe eliminar de su seno a aquellos “individuos mentalmente inferiores y peligrosos en su maldad intrínseca”. Que, a su vez, provienen de una masa social inferior:

El imbécil social incluye a esa multitud de seres incultos, torpes, sugestionables, carentes de espontaneidad e iniciativa que contribuyen a formar parte de la masa gregaria de las gentes anónimas.”

Por otra parte, busca la relación entre la personalidad del individuo y su predisposición al marxismo, la proporción de lo que llama fanatismo marxista entre los enfermos mentales e intenta cuantificar el porcentaje de psicópatas en las masas marxistas. El autor concluye que

el simplismo del ideario marxista y la igualdad social que propugna favorecen su asimilación por los inferiores mentales y deficientes culturales, incapaces de ideales espirituales, que hallan en los bienes materiales que ofrecen el comunismo y la democracia la satisfacción de sus apetencias animales.”

Y dado que el marxismo está unido “a la antisociabilidad y a la inmoralidad social”, es comprensible que los psicópatas se unan a las hordas marxistas. Nos dice Vallejo Nágera que, en general, las gentes se unen a los marxistas:

por la propaganda y el engaño que exacerban su fanatismo… sus fracasos profesionales, sociales y sexuales … de la desproporción entre sus aptitudes y dotes y sus aspiraciones y ambiciones… se fomentan complejos de rencor y resentimiento que se traducen en una conducta antisocial”.

Todo lo anterior son las conclusiones de Vallejo Nágera para su estudio de los brigadistas prisioneros en Burgos, todos hombres, según sus notas. Cuando investiga la relación entre mujer y marxismo con las 50 presas del penal de Málaga, los resultados son parecidos aunque, verán, no exactamente los mismos ya que se trata de mujeres. Por cierto, todas ellas eran “marxistas femeninas delincuentes” pues nunca hubo presas políticas o prisioneras de guerra, conceptos imposibles para el régimen franquista, y solo había presas comunes. Nuestro protagonista nos lo explica con su claridad habitual:

si la mujer es habitualmente de carácter apacible, dulce y bondadoso, débese a los frenos que obran sobre ella; pero como el psiquismo femenino tiene muchos puntos de contacto con el infantil y el animal, cuando desaparecen los frenos que contienen socialmente a la mujer y se liberan las inhibiciones frenatrices de las compulsiones instintivas, entonces despiértase en el sexo femenino el instinto de crueldad y rebasa todas las posibilidades imaginadas, precisamente por faltarle las inhibiciones inteligentes y lógicas.”

Así se explica el comportamiento violento de las milicianas en el frente y en la retaguardia, según Vallejo Nágera. Y concluye que para solucionar estas conductas hay que tener en cuenta que:

A la mujer se le atrofia la inteligencia como las alas a las mariposas de la Isla de Kerguelen, ya que su misión en el mundo no es la de luchar en la vida, sino acunar la descendencia de quien tiene que luchar por ella. “

Si entramos en detalles de esta investigación sobre las presas del penal de Málaga encontramos otros datos que publicó Vallejo-Nágera. Por ejemplo, entre las motivaciones de las presas para alistarse como milicianas están las sugestiones del entorno revolucionario para el 38%, su propia psicopatía social para el 24%, o, para el 36%, se alistan porque son revolucionarias innatas y se ven empujadas por sus “tendencias biopsicológicas constitucionales”.

Y la solución, en el fondo, no es difícil ni complicada. Vean:

La Medicina exige una política, el marxismo es una enfermedad y en nuestras manos está en gran parte su tratamiento… El medio más sencillo y fácil de segregación consiste en internar en penales, asilos y colonias a los tarados, con separación de sexos.”

En fin, como conclusión general, Vallejo Nágera nos describe a los nacionales y a los marxistas y, de esta manera, nos explica las conclusiones generales de sus investigaciones, con un ejemplo comparativo que nos aclara sus ideas. Es un texto algo largo, pero útil además de ilustrativo:

La degeneración física, las deformaciones corporales, la fealdad, hállanse ligadas casi indefectiblemente a complejos de rencor y de revestimiento, traducidos en una conducta antisocial, en toda la amplitud del vocablo. Por el contrario la figura corporal agraciada, la belleza física, la armonía de las dimensiones del cuerpo, corresponden, en la inmensa mayoría de los casos, a un alma noble y virtuosa… La comparación de las figuras corporales de nuestro invicto Caudillo y del llamado Presidente de la II República española [Juan Negrín], recuerda y exterioriza las respectivas psicologías… “

En 1951 es elegido miembro de la Real Academia Nacional de Medicina.

En 1951 es elegido miembro de la Real Academia Nacional de Medicina.

En 1958, poco más de un año antes de su muerte en 1960, Antonio Vallejo Nágera dimitió de la dirección del Sanatorio Psiquiátrico de Ciempozuelos y de la Cátedra de Psiquiatría de la universidad. Fue un pionero de su especialidad en España. Quizá muy condicionado por su tiempo y su ideología, pero inició la Psiquiatría en la universidad y en la clínica. Así se describe a sí mismo:

Es el autor del presente inconexo tomo, sempiterno divagador, cuyo mayor gozo es el soliloquio intrascendente. Es la divagación para el autor: recreo, descanso, espectáculo y ejercicio desentumecedor de los músculos. Enemigo del campo y no muy aficionado a la tertulia cafeterial, reemplazaba ambos esparcimientos por la intoxicación nicotínica, estimuladora de sueños de grandeza. Y, mientras giran en el espacio las espirales de humo de su tabaco, encuentra satisfactoria solución para muchos problemas del momento que vive: engrandece la patria, reforma las costumbres, mejora la sociedad, propulsa el progreso científico, perfecciona la industria, fomenta las artes e impulsa la prosperidad agrícola.

¡Lástima que tan hermosos sueños sean sólo sueños!”

No conozco ni el año ni la obra en que Vallejo Nágera dejó este autorretrato. Pero sirve para imaginar lo que le empujó en su vida. Y a nosotros nos alivia saber que los sueños, a menudo, sueños son.

Referencias:

Bandrés, J. & R. Lavona. 1997. Psychology in Franco’s concentration camps. Psychology in Spain 1: 3-9.

Blázquez Garrido, J.M. 1986. Antonio Vallejo Nágera (1889-1960). Archivos de Neurobiología 49: 161-177.

Carreras Panchón, A. 1986. Los psiquiatras españoles y la guerra civil. Medicina & Historia 13: 1-16.

Huertas, R. 2002. Los médicos de la mente. De la neurología al psicoanálisis. Nivola. Tres Cantos, Madrid. 121 pp.

Nadal, A. 1987. Experiencias psíquicas sobre mujeres marxistas malagueñas. Málaga 1939. Boetica Estudios de Arte, geografía e Historia 10: 365-383.

Quiñonero, L. 2002. Un marxista es un débil mental. El Mundo 20 enero.

Wikipedia. 2015. Antonio Vallejo-Nágera. 10 octubre.

Sobre el autor: Eduardo Angulo es doctor en biología, profesor de biología celular de la UPV/EHU retirado y divulgador científico. Ha publicado varios libros y es autor de La biología estupenda.

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