Ciencia para todos a través del cine y la literatura de ciencia ficción

Sergio L. Palacios

Desde hace un par de décadas se viene detectando por parte de una mayoría de los llamados países desarrollados (Europa occidental y Estados Unidos) una más que preocupante pérdida de interés de los estudiantes por las disciplinas de carácter científico: física, matemáticas, química o biología. Es más, la dificultad e incluso la incapacidad para llegar a comprender materias como éstas, especialmente las dos primeras, parecen ser aceptadas socialmente.

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Resulta cuando menos curioso que en un mundo como el actual, extraordinariamente tecnificado y dependiente del desarrollo tecnológico y científico, la sociedad se muestre reacia o desinteresada por el conocimiento de la ciencia, al menos a un nivel medianamente razonable, pues no parece menos obvio que personas bien formadas en ciencia mostrarán mejores actitudes, mayor comprensión y predisposición natural a entender, compartir y hacer suyos los intereses y las necesidades del mundo en materia de ciencia y tecnología, siendo capaces de emitir juicios ponderados, razonados y rigurosos que a buen seguro deben conducir a la toma de decisiones más acertadas, bien políticas, bien económicas, cuya importancia futura puede ser decisiva para el desarrollo o estancamiento de un país.

A este respecto, cabe señalar que los resultados mostrados por las encuestas bienales elaboradas desde 2002 por FECYT (Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología) acerca de la percepción social de la ciencia no hacen más que reflejar la situación expuesta en el párrafo anterior. En efecto, los temas científicos no son ni mucho menos los preferidos por nuestros ciudadanos y compatriotas. Por delante del interés por la ciencia se encuentran otros muchos como son la política, el terrorismo, los sucesos, el turismo, la economía y, por encima de todo, los deportes.

A pesar de considerar la profesión científica e investigadora muy atractiva para los jóvenes y con un alto reconocimiento social, lo cierto es que más de la mitad de los encuestados afirman que su nivel de educación científica es bajo o incluso muy bajo. Muy preocupante resulta constatar también que únicamente la mitad de las personas que responden a la encuesta consideran que los beneficios de la ciencia son mayores que sus perjuicios.

Un porcentaje muy grande de las personas que buscan información científica lo hace a través de la televisión; una tercera parte acude a Internet; tan sólo una de cada diez consulta libros y una minoría insignificante bucea en las revistas de divulgación.

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A la vista de todo lo anterior, parece claro que estamos en una situación ante la que, si sabemos leer entre líneas, no podemos permanecer impasibles. Si la toma de contacto con los temas científicos por parte de la sociedad tiene lugar sobre todo a través de los medios audiovisuales y estos difunden información poco rigurosa, deficientemente contrastada, basada en estereotipos dañinos, cuando no en pura y simple pseudociencia sensacionalista, como desgraciadamente suele suceder con asiduidad, lo cierto es que tenemos un problema y serio. Una gran parte de las creencias y opiniones de las personas en relación con la ciencia y los científicos proviene de la imagen que de ellos transmiten los medios de comunicación de masas, como la prensa escrita, la televisión y, sobre todo, el cine.

¿Cómo educar, pues, a las personas, en temas de ciencia? Obviamente, el autor de estos párrafos no se cree en posesión de la verdad absoluta, ni siquiera una mínima autoridad en la materia. Sin embargo, sí que es consciente de que, tras casi 25 años de experiencia como docente universitario en materias relacionadas siempre con la física y la ciencia, los estudiantes, salvo excepciones, muestran unos esquemas mentales muy definidos que, en mayor o menor medida, constituyen asimismo reflejos de lo que le sucede, también en mayor o menor medida, al resto de la sociedad a la que pertenecen y de la que provienen.

A finales de la década de 1960 el mismísimo Isaac Asimov sugirió el empleo de métodos didácticos y pedagógicos diferentes a los tradicionales en los centros educativos. Asimov propuso utilizar relatos de ciencia ficción como herramientas encaminadas a captar el interés de los estudiantes por la ciencia. Desde entonces, cientos de profesores de todo el mundo, especialmente del mundo anglosajón, han diseñado y puesto en marcha programas, tanto en colegios como en universidades, enfocados a la enseñanza de materias de carácter científico, utilizando tanto material cinematográfico como literario. Entre estas experiencias se pueden destacar las llevadas a cabo por el profesor y célebre divulgador Lawrence Krauss en la Case Western Reserve University; el profesor Leroy W. Dubeck en la Temple University of Philadelphia; el profesor James Kakalios en la University of Minnesota y el profesor Costas Efthimiou en la University of Central Florida.

En nuestro país han sido pioneros en el campo de la enseñanza utilizando el cine y la literatura de ciencia ficción los profesores Manuel Moreno y Jordi José, ambos de la Universidad Politécnica de Cataluña. Más recientemente, el autor del presente artículo ha venido impartiendo desde el año 2004 hasta el pasado 2012 una asignatura de libre elección en la Universidad de Oviedo denominada Física en la Ciencia Ficción. Finalmente, el profesor Arturo Quirantes ha puesto en marcha una iniciativa similar con el nombre de Física de Película en la Universidad de Granada.

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¿Por qué utilizar el cine o la literatura de ciencia ficción como herramientas a la hora de enseñar o divulgar una materia como la física, por ejemplo? En principio, puede parecer una pregunta sin mucho sentido, a tenor de lo que nos ofrecen ambos medios de expresión cultural, especialmente el primero.

En efecto, quien más quien menos sabe que la gran pantalla no se caracteriza precisamente por ofrecer una imagen demasiado veraz de la ciencia, sus leyes y las personas que las estudian, los científicos. La ciencia que se refleja en las películas a menudo resulta imprecisa, incorrecta, cuando no puramente falsa. La imagen de los científicos en el cine suele ser estereotipada y casi siempre peyorativa y enormemente alejada de la realidad. ¿Quién no ha escuchado en alguna ocasión la expresión “científico loco”? ¿A quién no le ha venido a la mente la imagen de un hombre blanco, con bata, despeinado, de aspecto descuidado, poco atractivo, con problemas personales y que trabaja en soledad en un laboratorio plagado de frascos llenos de líquidos de todos los colores? ¿No conllevan casi sin excepción desastrosas consecuencias sus experimentos?

No obstante, y a pesar de todo lo anterior, lo cierto es que son precisamente esta falta de rigor y dichos errores e imprecisiones que cometen los guionistas, autores o directores, los que se pueden muy bien aprovechar para enseñar, divulgar, educar y cambiar la actitud de los estudiantes e incluso de la sociedad hacia el mundo de la ciencia y los que a ella nos dedicamos de forma profesional.

El cine constituye una herramienta con un carácter interdisciplinar de indiscutible valor y posee una transversalidad que es muy apreciada en los actuales planes de estudios de las universidades inmersas en el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES). Según se puede leer en el libro de Ken Bain referenciado al final de este artículo, el cine puede resultar de una utilidad enorme y fomentar que el estudiante de ciencia sea consciente de las potenciales lagunas existentes en la información disponible, para así reconocer que se ha llegado a sacar una conclusión o se ha tomado una decisión en ausencia de toda la información. También para sondear los supuestos que se esconden tras una determinada línea de razonamiento, extraer inferencias de los datos y reconocer cuándo esto no se puede hacer, llevar a cabo razonamiento inductivo y deductivo o poner a prueba las líneas propias de razonamiento y las conclusiones para ver su consistencia interna y desarrollar la autoconfianza intelectual.

La otra gran cuestión que nos podemos plantear es ¿por qué utilizar la ciencia ficción, en concreto, y no cualquier otro género? Al fin y al cabo, como muy bien afirma el propio Lawrence Krauss cuando le preguntan sobre la cuestión, “no todo el mundo tiene por qué estar interesado en los mismos temas que yo.” Sin embargo, no deja de ser menos cierto que el género de ciencia ficción posee un indudable interés y poder de fascinación, particularmente entre los jóvenes. En este sentido, las tres razones principales por las que mis estudiantes de Física en la Ciencia Ficción afirmaban, en una encuesta realizada una vez finalizado el semestre, haberse matriculado eran las siguientes: “me gusta la ciencia ficción”, “me gusta la temática y el enfoque” y “quería estudiar física fuera del ámbito habitual”.

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Así pues, parece obvio que la ciencia ficción posee un poder de atracción distinto y probablemente mayor que otros géneros sobre los estudiantes, y no solamente en el campo de la física, pues actualmente existen experiencias en casi todo el resto de disciplinas que se puedan imaginar. Así, por ejemplo, en el Ottawa Aviation and Space Museum existe una exposición permanente sobre Star Wars y la psicología; el Science Museum de Londres inauguró en septiembre de 2000 la exposición “Star Trek: Federation Science”, en un intento de contribuir a que el público comprendiese la tecnología de la era espacial; los superhéroes y las películas de la célebre trilogía Matrix se utilizan para explicar y transmitir los principios de la filosofía. En el libro “Los saberes y el cine”, publicado en 2010 por la editorial Tirant lo Blanch, se puede encontrar una extensa, aunque no exhaustiva, muestra de lo que muchos profesores universitarios de nuestro país hacen en sus clases sirviéndose del cine como herramienta didáctica en la enseñanza de sus asignaturas: filosofía, economía, derecho, historia, arte, matemáticas, religión, literatura, música, antropología, geografía, política, periodismo, medicina, deporte, etc.

Volviendo a la ciencia ficción y a la física, resulta prácticamente imposible hallar cuestiones científicas que no hayan aparecido o aparezcan tanto en su formato cinematográfico como en el literario y que pueden servir perfectamente al propósito de promocionar y promover una actitud positiva hacia la ciencia, a fomentar el pensamiento crítico y escéptico característicos de la labor científica. El cine de ciencia ficción crea imágenes de ideas que pueden resultar abstractas o difícilmente comprensibles por muchas personas no habituadas a los procedimientos del llamado método científico. Una película de ciencia ficción bien puede utilizarse para interconectar y relacionar disciplinas aparentemente inconexas en principio: ingeniería genética, energía nuclear, antimateria, cambio climático, inteligencia artificial, catástrofes cósmicas, exploración espacial, nanotecnología, vida extraterrestre y muchas otras.

Mirar una película con los ojos desde una perspectiva de puro entretenimiento y suspender nuestra incredulidad es muy bueno, sin duda, pero no quita para que, una vez que la pantalla se haya quedado en negro, reflexionemos sobre lo visto, nos planteemos o nos planteen preguntas e intentemos ir más allá de donde nos ha dejado el director.

Existen muchas formas en las que se puede hacer uso del cine y la literatura de ciencia ficción en un aula. Algunos profesores seleccionan cuidadosamente las escenas a proyectar en sus clases o los fragmentos de las novelas y relatos. Otros, como el autor de estos párrafos, en cambio, optan por visionar las películas completas para posteriormente discutirlas, analizarlas y diseccionarlas junto a todos los estudiantes bajo el formato de coloquio dirigido. Lo que se consigue con esta manera de proceder es la creación de un ambiente distendido y un entorno muy propicio para el aprendizaje autónomo, en el que todos aprenden de todos, se proyectan visiones diferentes y hasta encontradas, se fomenta la colaboración, una actitud de tolerancia y respeto por los argumentos del otro. En definitiva, las características propias de la forma de trabajar de los científicos en un mundo globalizado como el que vivimos. Los estudiantes encuentran en esta forma de trabajar un ambiente de preguntas y cuestiones que, en primer lugar, les fascinan, después les intrigan y, finalmente, les estimulan a su resolución y posterior discusión. El entorno en el que se desarrollan los coloquios les desafía y, al mismo tiempo, mantiene alerta su atención, su concentración, haciendo que posean un cierto auto-control de su propia educación y formación.

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El programa docente de la asignatura Física en la Ciencia Ficción que un servidor tuvo el privilegio de impartir durante nueve cursos, desde el 2004-2005 hasta el 2012-2013, ambos inclusive, estaba organizado en cuatro horas semanales distribuidas equitativamente en dos días. El primero de ellos se visionaba en grupo una película relacionada con un determinado bloque temático: monstruos y leyes de escala (King Kong, Godzilla, El increíble hombre menguante, Los viajes de Gulliver, etc.); superhéroes (Flash, Spiderman, Superman, 4 Fantásticos, Hulk, X-men, etc.); la ciencia de Jules Verne y H.G. Wells; Star Wars; Star Trek; viajes en el tiempo; universos paralelos. El segundo día se organizaba un coloquio dirigido y moderado por el profesor en el que éste proponía cuestiones o preguntas relacionadas con la película. Los estudiantes expresaban libremente sus opiniones, ideas, explicaciones, argumentos, planteaban dudas. Otros podían replicar, responder, discrepar. Cuando no había entendimiento o el profesor creía que era necesaria la aclaración detallada o más rigurosa de algún concepto malentendido intervenía. No había límite de tiempo a la hora de diseccionar un tema o una película, si no se terminaba en un día, el coloquio continuaba en el siguiente día de clase. Ni el profesor ni los estudiantes se encontraban encorsetados por el cumplimiento del programa. Se llegaba hasta donde el conjunto de la clase quería llegar. El sistema de evaluación consistía en la elaboración por parte de los estudiantes de un blog en el que escribían con absoluta libertad, sin más plazos de entrega que el del final del calendario lectivo de la propia asignatura, a la conclusión del semestre, de los contenidos elegidos por ellos mismos. La nota numérica otorgada era consecuencia no solamente de la cantidad de trabajo realizado, sino muy especialmente de la calidad, la originalidad, la creatividad, la imaginación. Se buscaba en todo momento que el estudiante poseyese brillantez, iniciativa propia y superase lo aprendido en el aula durante los coloquios-debate.

A partir de aquí, lo único que resta es que los docentes de este país se atrevan a ir un poco más allá, a ser valientes e innovar, que no permanezcan estancados en los viejos y caducos métodos de enseñanza, tradicionalmente basados en la lección magistral, la pizarra o las exasperantes diapositivas de un infame Power Point. Y que los expertos en pedagogía, omnipresentes en los últimos años y tan proclives a diseñar programas y a decirles a los físicos cómo enseñar física, a los matemáticos cómo enseñar matemáticas, a los biólogos como enseñar biología o a los químicos cómo enseñar química, empleen su valioso tiempo en dedicarse a lo que de verdad saben, conocen o creen saber y conocer y no a teorizar sobre lo que, lógicamente, escaso conocimiento pueden poseer. Porque a enseñar más y mejor se aprende enseñando, con las mangas remangadas, con técnicas innovadoras, originales y no leyendo e intentando poner en práctica las quimeras que habitan en las páginas de una tesis doctoral de alguien que nunca ha puesto el pie en un aula donde se imparte ciencia.

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Obviamente, el autor es consciente de que toda la apología que ha hecho a lo largo de los párrafos previos constituye una especie de sueño utópico en un país que ha abrazado el EEES de una forma que no deja de ser un tanto paradójica, por decirlo de forma políticamente correcta. La forma en que se han implantado los actuales planes de estudios universitarios, a coste cero y con unas “ratios” alumnos/profesor carentes de la más mínima lógica y racionalidad, no favorecen ni fomentan métodos pedagógicos como los descritos y difícilmente permitirán alguna vez que materias como Física en la Ciencia Ficción o cualquier otra mínimamente semejante lleguen a formar parte de los actualmente denominados grados. Un país en el que, salvo raras excepciones, sus dirigentes modifican las leyes educativas atendiendo a razones políticas cambiantes, las universidades poseen menos autonomía de la que sería deseable, los cargos académicos no están por la labor, la gran mayoría del profesorado únicamente se preocupa por su labor investigadora y se muestra muy poco receptivo ante propuestas de las que no se obtiene ningún beneficio, ya sea curricular o económico, se encuentra abocado a la más oscura mediocridad.

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Mientras la enseñanza actual, y con ella los nuevos planes de estudios, den prioridad y recompensen casi exclusivamente la memorización y repetición de contenidos, la ciencia habrá perdido una buena parte de lo que es, es decir, curiosidad, sentido de la maravilla, reflexión, razonamiento, imaginación y creatividad. Una vez que esto se haya perdido, ¿qué nos quedará? Quizá les ayude a responder esta cuestión si les digo que la Agencia Espacial Europea (ESA) ha comenzado en los últimos años a buscar ideas imaginativas y originales que puedan contribuir a desarrollar, entre otras cosas, dispositivos como pueden ser motores capaces de propulsar naves espaciales hiperveloces, o técnicas innovadoras que permitan acceder al más que probablemente caliente interior de una de las lunas de Júpiter, Europa. ¿Dónde están buscando? Nada menos que en relatos breves de ciencia ficción y a través de sus autores o aficionados al género. Por algo será…

BIBLIOGRAFÍA

1. Bacas, Pilar, Martín Díaz, Mª Jesús, Perera, Fidel, y Pizarro, Ana: Física y Ciencia-Ficción. Akal, 1993.

2. Bain, Ken: Lo que hacen los mejores profesores universitarios. Publicaciones de la Universidad de Valencia, 2006.

3. Bly, Robert W.: The Science in Science Fiction. Benbella Books, 2005.

4. Cavanaugh, Terence W. and Cavanaugh, Cathy: Teach Science with Science Fiction Films: A Guide For Teachers and Library Media Specialists. Linworth Publishing, 2004.

5. Dubeck, Leroy W., Moshier, Suzanne E. and Boss, Judith E.: Fantastic Voyages: Learning Science through Science Fiction Films. Springer-Verlag, 2004.

6. Krauss, Lawrence M.: The Physics of Star Trek. Flamingo, 1997.

7. Krauss, Lawrence M.: Beyond Star Trek: From Alien Invasions to the End of Time. Harper Paperbacks, 1998.

8. Moreno Lupiáñez, Manuel y José Pont, Jordi: De King Kong a Einstein: La física en la ciencia ficción. Ediciones UPC, 1999.

9. Palacios, Sergio L.: La guerra de dos mundos: el cine de ciencia ficción contra las leyes de la física. Robinbook, 2008.

10. Palacios, Sergio L.: Einstein versus Predator: ciencia ficción, superhéroes, el cine de Hollywood y las leyes de la física. Barcelona, Robinbook, 2011.

11. Perkowitz, Sidney: Hollywood Science. Columbia University Press, 2007.

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Sobre el autor: Sergio Palacios es Doctor en Física, profesor titular de Física Aplicada en la Universidad de Oviedo y autor del blog El tercer Precog

9 Comentarios

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DivulgacionIBDivulgacionIB

“: Ciencia para todos a través del cine y la literatura de ciencia ficción – t.co/wVOJM5pOtDhttp://t.co/tBkWIExzya”

Robbie BarreraRobbie Barrera

efectivamente, preocupa demasiado el hecho de que sea “popular” la situación del “yo tampoco entiendo ni física ni matemáticas. Choca esos cinco, hermano”

además, el hecho de que parezca ir en aumento, de la mano con los avances tecnológicos, me da la idea de que efectivamente buscamos cada vez diseñar aparatos de más fácil uso, es decir, que nos hagan pensar menos. Efectivamente son una ventaja en eficiencia, pero también apoyan al sedentarismo mental. ¿Podría alguien, actualmente, pensar en hacer una tesis o escribir un libro, sin un computador?

la película de Pixar Wall-E (2008) no retrata una humanidad así, pero ya muchos años antes, la serie de caricaturas de sci-fi, que acá llegó como el “Capitan Futuro”, nos muestra un planeta automático completamente, en el cual sus habitantes simplemente murieron por sedentarismo extremo: todas las actividades eran realizadas por máquinas, por lo cual estos seres se volvieron apáticos y perezosos. Pero dejemos de ser pesimistas.

Despertar la curiosidad llevando la ciencia al extremo y a la fantasía me parece la herramienta más poderosa que tiene la ciencia y la educación de ir de la mano. Estimula el razonamiento y hasta la diversión personal. Y como se decía de uno de los más grandes artistas de Comics de todos los tiempos, Jack Kirby: nuestro mundo le quedó chico, así ue se inventó uno propio. Démosles la oportunidad de ver que, efectivamente, el límite de la ciencia es y siempre será, la imaginación misma

Luis Fontana GallegoLuis Fontana Gallego

¿Qué tal eran los resultados (estadísticas) de tu asignatura “Física en la ciencia ficción? Supongo que buenos. ¿Tenías muchos alumnos? ¿Era optativa? Enhorabuena por la iniciativa.

Sergio L. PalaciosSergio L. Palacios

Siempre fue la asignatura con mayor número de matriculados en mi facultad (te hablo de asignaturas de libre elección, como era FCF). Posteriormente, fue decayendo pero era lógico y esperable ya que a medida que se iban implantando nuevos cursos del Plan Bolonia, la cantidad de alumnos que se podían matricular iba en descenso también (te recuerdo que las asignaturas de libre elección no se contemplan en el EEES).

El primer año que la impartí fue espectacular. Los alumnos trabajaron con enorme ilusión. Nunca les he examinado, yo les calificaba sus trabajos, que hacían con libertad absoluta. También escribían un relato original de CF donde intentaban introducir de forma “artística” lo aprendido en las clases.

En las encuestas que les pasaba la universidad siempre era calificada la asignatura con notas superiores al 9. Siempre entre 9 y 10.

Muchas gracias por comentar.

José Luis Usero VílchezJosé Luis Usero Vílchez

Michio Kaku dice en una de sus intervenciones: “… asignaturas explicadas por profesores a los que no le puede importar menos la ciencia…” Fin de la cita.

Marisa CastiñeiraMarisa Castiñeira

Soy profe de Biología e secundaria y bachillerato. Me encanta llenar la clase de múltiples recursos que hay hoy para emocionarlos en la Ciencia, intento siempre que sean rigurosos y no caigan en ese sensacionalismo que también abunda.
Tengo dos “pequeños” problemas: Un temario exigido al que atender, lo voy sorteando, y otro; el elevado número de alumnos a manejar.
Pero no me rindo, tendré que encontrar un método de trabajo para que ellos aprendan y se interesen por la Ciencia.
Lo más, sería que alguno de ellos me explicara alguna de esas cosas (sobre todo de física) que a mi me cuesta tanto entender!

Pablo TorresPablo Torres

Excelente artículo. Solo me resta añadir como licenciado en Pedagogía que no pierdas la esperanza ya que el enfoque de las Universidades en los últimos años hacia esta disciplina se centra cada vez más de una forma prácticamente enfermiza en la “innovación educativa”. Estos resultados se verán a largo plazo pero de aquí a diez años estoy convencido de que los métodos de enseñanza van a dar un vuelco a mejor en un gran porcentaje de las Universidades españolas.

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[…] Desde hace un par de décadas se viene detectando por parte de una mayoría de los llamados países desarrollados (Europa occidental y Estados Unidos) una más que preocupante pérdida de interés de los estudiantes por las disciplinas de carácter científico: física, matemáticas, química o biología. Es más, la dificultad e incluso la incapacidad para llegar a comprender materias como éstas, especialmente las dos primeras, parecen ser aceptadas socialmente.  […]

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