«Periodismo científico, contar y andar» por Pampa García Molina

CIC Network

Pampa García Molina 1

Este texto de Pampa García Molina apareció originalmente en el número 12 de la revista CIC Network (2012) y lo reproducimos en su integridad por su interés.

El 14 de mayo de 2012, la edición web de la revista estadounidense National Geographic, la decana de la divulgación sobre geografía y naturaleza, anunciaba el descubrimiento de un primo prehistórico español del oso panda. Una ilustración representaba el aspecto que habría podido tener este animal hace 11 millones de años. En el texto, la editora de medioambiente de la revista, Christine Dell’Amore, explicaba que un puñado de restos dentales encontrados cerca de Zaragoza habían servido para que un equipo español de científicos reconstruyera las características de una nueva especie, Agriarctos beatrix, genéticamente emparentada con los pandas gigantes. A. beatrix es la especie más antigua conocida en la subfamilia Ailuropodinae, que incluye al panda gigante, por lo que es posible que «el origen de este grupo no esté en China, sino en las regiones húmedas del sureste europeo», explicaba a Dell’Amore por email Juan Abella, del Museo Nacional de Ciencias Naturales (Madrid), investigador principal del proyecto.

Al día siguiente, al otro lado del charco, en un edificio cercano al madrileño estadio Santiago Bernabéu, un equipo de periodistas científicos se felicitaban por el trabajo bien hecho. Ese equipo es el mío y el de otros seis compañeros de la agencia SINC. En la redacción, mientras celebrábamos la publicación de nuestra historia en National Geographic y otros medios nacionales e internacionales, el investigador nos contactaba para contarnos que le habían llamado de Discovery Channel, de televisiones asiáticas y hasta de un instituto de investigación chino para interesarse por sus estudios.

También nuestro ilustrador, José Antonio Peñas, alucinaba al ver en todas partes su «osete maño», como él lo llamaba. Buena parte del mérito lo tuvo aquel dibujo, un trabajo estéticamente brillante -no en vano Peñas es uno de los mejores paleoilustradores del país-, impecable desde el punto de vista del rigor -no se publicó hasta obtener el visto bueno de los científicos tras varias correcciones- y, sobre todo, bonito. El primo zaragozano del oso panda chino era una verdadera monada, gordito, pequeño, peludo, con manchas blancas sobre el fondo pardo. Por eso su historia recibió tanta atención inmediata, fue el anzuelo perfecto para atraer a los periodistas y al público hacia una investigación científica. Incluso bromeamos con la idea de manufacturar peluches del panda maño. Que quede claro: bromeamos.

Este pequeño éxito es un ejemplo del periodismo que ejerce SINC como agencia pública de noticias de ciencia, tecnología, salud y medioambiente, con la misión de hacer que la ciencia, y especialmente la española, llegue a los medios de comunicación masivos. SINC cubre cada semana las noticias científicas internacionales, como las que ofrecen embargadas las grandes revistas de alto impacto –Nature, Science, Proceedings of the National Academy of Sciences, The Lancet, etc.–. También SINC informa de los acontecimientos que nutren la agenda de actualidad de la ciencia, esos anuncios para los que los departamentos de comunicación de las instituciones implicadas despliegan todas sus armas, con notas informativas, ruedas de prensa y encuentros de sus científicos con los medios en streaming.

Entre ellos, los dos platos fuertes de este año fueron, sin duda, el hallazgo de un bosón compatible con el Higgs y el aterrizaje del Curiosity en Marte. Pero la historia del panda maño no sale de este tipo de fuentes, sino de una labor periodística propia y casi detectivesca, como muchas de las noticias de SINC. Los redactores de la agencia pasan una parte importante de su tiempo rastreando investigaciones que permanecen agazapadas entre miles de referencias bibliográficas, para hacerlas saltar del paper a la noticia. Buscan casos que nadie antes haya revelado al público no especializado y que merezcan ser contados, o bien por su relevancia científica, o bien por poseer un atractivo especial que enganche hasta al menos interesado. Son cazadores de historias inéditas.

Fuentes, contexto, atractivo y rigor

Una vez han intuido que tras el engorroso nombre de un artículo científico puede esconderse una buena pieza, empieza el proceso: entrevistan a los investigadores, contrastan la información con la de otros estudios anteriores y la ponen en contexto para valorar si, finalmente, es noticiable. No siempre lo es. Muchas veces, tras este proceso, la historia queda abortada porque en realidad no era lo que uno esperaba, porque el abstract del artículo científico estaba inflado o porque simplemente el periodista se había hecho demasiadas ilusiones sobre las conclusiones de la investigación. Entonces es cuando toca discutir, reflexionar, analizar y recordar que la célebre máxima del periodismo cargada de ironía, «No dejes que la realidad te estropee un buen titular», no es un buen lema a seguir, por mucha rabia que dé haber trabajado sobre una historia para acabar tirándola a la papelera.

Reflexionar, discutir, analizar, contrastar, desechar historias, dudar, consultar con las mejores fuentes disponibles y a veces tener que reconocer los propios errores son hábitos imprescindibles del periodista científico. En realidad, lo son para cualquier clase de periodista, pero el científico, que es el que yo conozco, tiene además sus peculiaridades. Su trabajo es informar al público sobre esos avances que los investigadores desarrollan en sus disciplinas sesudas, de las que el periodista no es, ni por asomo, experto; y tampoco debe serlo. Su tarea es comprender, contrastar, traducir contenidos técnicos superespecializados al lenguaje de los profanos y hacerlo de manera que el resultado resulte atractivo.

En ese proceso, poco a poco, se aprende a valorar la ciencia como un proceso lento en el que los investigadores trabajan en equipo para obtener solo de vez en cuando, y solo los mejores, conclusiones relevantes y, la mayor parte del tiempo, nada más que resultados parciales. Por mucho que todos deseemos titular a lo grande con cada descubrimiento, la mayoría de ellos son mucho más ‘suaves’ que los grandes hallazgos que han hecho historia.

No se informa todos los días del descubrimiento de la capa de ozono, la clonación de la oveja Dolly o la existencia de neutrinos presuntamente superlumínicos. También se aprende a entender -y entenderse- con los investigadores -lo que podría merecer un artículo aparte-, y a negociar el delicado equilibrio entre el lenguaje periodístico y el rigor científico.

¿Quién demonios va a leer el segundo párrafo?

En eso el periodista sí debe ser experto. Y si no logra que al leer el primer párrafo de una noticia un lector cualquiera pueda sentir cierta curiosidad por el tema del que ha escrito, es que no ha hecho bien su trabajo. Aquí entra otra de las famosas máximas del periodismo, sacada de la película Primera Plana, de Billy Wilder: «¿Quién demonios va a leer el segundo párrafo?».

La primera vez que vi esta escena genial de la película fue durante una clase de periodismo en el máster de comunicación de la ciencia que cursé en la Universidad Carlos III de Madrid. Nos la mostró, para explicarnos en qué consistía eso del periodismo, el profesor de prácticas de redacción, que era -y sigue siendo- Ignacio Fernández Bayo, bien conocido en la profesión por su veteranía, y entre los estudiantes del máster por su honestidad implacable y su crítica nada complaciente con los alumnos. Bayo proyectaba sobre la pantalla del aula el texto de cada alumno, con correcciones y comentarios al margen, para discutirlo entre todos. Nos preparaba así para el juicio del público que años después podría leernos y que es nuestro único destinatario, porque el periodista de ciencia no se dirige al científico -otra idea errónea muy común-, sino al lector común.

A mí, que estaba bien orgullosa de conocer el mundo de la ciencia por haber estudiado Física teórica, leído bastante divulgación y hecho mis pinitos en prensa escrita y radio, la terapia de choque me sirvió. He observado que, entre los que provienen de estudios de ciencias y se acercan al mundo de la comunicación, es frecuente cierta actitud pretenciosa, la misma con la que yo empecé y que me duró dos clases, algo así como «anda, quita y déjame a mí, que yo sé explicarlo mejor». Es probable que un biólogo sea capaz de escribir un ensayo excelente sobre la Escherichia coli para los ya versados en el tema, pero ¿los lectores que quieren informarse sobre la crisis de los pepinos llegarán al segundo párrafo?

Esa palabra mágica

Manuel Chaves Nogales (1897-1944), periodista de raza, retrata esta actitud a la perfección en su crónica La vuelta al mundo en avión. Un pequeño burgués en la Rusia roja (1929): «El periodista tiene otra función superior, que es la de servir de intermediario de lo espiritual entre el creador o investigador y las grandes masas; pero esta facultad transmisora no depende de un deliberado propósito, sino de una aptitud, con la que no cabe contar de antemano». Sorprende que este libro que no trata sobre periodismo científico hable de esta especialidad con tan buen criterio: «El articulista que coge desvergonzadamente a Einstein y se dispone a hacer una exégesis de la teoría de la relatividad a la medida del lector es, también, un negro catedrático que no conseguirá otra cosa que aburrir a su público con unos insoportables folletones. Hay, sin embargo, un momento en el que un periodista de cierta espiritualidad, saturado de einsteinianismo, puede llegar a decir la palabra mágica sobre la relatividad, la palabra inteligible para la gran masa, con la que el creador está absolutamente incomunicado».

Ya no es verdad que los creadores, los científicos, estén incomunicados con la gran masa. Cada vez son más conscientes de que difundir los resultados de su investigación no es una opción sino una necesidad. Pero el discurso clásico del investigador y el del periodista tienen estructuras que se ordenan al revés: los científicos empiezan a contar la historia por el principio; los periodistas, por el final. Suele producirse entre los interesados por la comunicación científica una confusión entre la divulgación y el periodismo, dos actividades que se rozan en algunos puntos. En el periodismo científico la materia de trabajo es la ciencia, y el destinatario, un público no experto, por lo que resulta necesario dar explicaciones. Pero el objetivo del periodismo no es educar, sino informar. Y como decía Chaves Nogales, «para ponerse a escribir en los periódicos hay que disculparse previamente por la petulancia que esto supone, y la única disculpa válida es la de contar, relatar, reseñar. Contar y andar es la función del periodista».

La distinción entre la función informativa y la educativa o divulgadora es evidente en países donde el periodismo científico se ha desarrollado con una tradición larga y asentada. Los del mundo en desarrollo, sin embargo, asumen la responsabilidad de educar y no solo de informar a la población.

Informar no es educar

El recientemente fallecido Manuel Calvo Hernando, pionero del periodismo científico en España, escribía en el cuarto punto de su decálogo del divulgador: «Combatirá, con todos los medios a su alcance, la desconfianza de la gente hacia la ciencia e insistirá en dos hechos evidentes: 1.º Los hombres de ciencia están obligados a ir siempre más arriba, más adelante y a profundizar en los secretos de la creación, y es la propia sociedad humana la que, después, hace mal uso, en ocasiones, de los descubrimientos científicos; y 2.º En el balance de aportaciones de la ciencia al progreso y al desarrollo de la humanidad es mínimo aquello que, incluso sin tener en cuenta el apartado anterior, podría considerarse como negativo». Las lecciones de Calvo Hernando, que han sido valiosas para generaciones de profesionales, generan hoy cuestiones de fondo para discutir: ¿debe el periodista educar a la sociedad en cultura científica? ¿el periodista medioambiental poseerá una conciencia política en defensa del medioambiente? ¿no es peligroso para la calidad de la información que el periodista científico se acerque demasiado a sus propias fuentes, los investigadores?

Estas preguntas se convirtieron en temas centrales durante el 7º Congreso Internacional organizado por la Federación Mundial de Periodistas Científicos. Desde allí, el corresponsal de SINC Pere Estupinyà nos enviaba en su crónica las declaraciones de la periodista estadounidense Cristine Russell, presidenta del Consejo para el Avance del Periodismo Científico: «Los periodistas no somos amigos de los científicos. No tenemos ninguna obligación de estar de su lado. Y nuestro trabajo no es educar a la población, ni generar vocaciones, ni exigir mayores presupuestos. Nosotros tenemos que informar». Mientras, desde una realidad social diferente, la periodista de Uganda Esther Nakkazi exclamaba: «¡Claro que mi función es educar cuando estoy informando de la malaria!». Yo me quedo con la frase que Bayo repetía en sus clases, muy al estilo Chaves Nogales: «Si esperamos que el periodista de guerra vea la guerra y la cuente, esperemos también que el periodista de ciencia haga lo propio con la ciencia».

SINC La ciencia es noticia

El objetivo de la Agencia SINC, que comenzó su actividad en el año 2008 como un proyecto de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), es fomentar la presencia de la ciencia en los medios de comunicación -especialmente, la ciencia que tiene como protagonistas a investigadores y centros españoles- para que, finalmente, llegue a los ciudadanos. La agencia SINC difunde noticias, reportajes, entrevistas, fotografías y vídeos de producción propia elaborados por el equipo del SINC, que está formado por periodistas especializados en ciencia. Los contenidos tienen una licencia Creative Commons y pueden reproducirse total o parcialmente, siempre y cuando se cite la fuente.

La web de SINC se estructura en una parte pública y otra de acceso restringido, con dos tipos de usuarios: periodistas y departamentos de comunicación de las instituciones científicas y tecnológicas. A través del registro, los periodistas pueden acceder a contenidos especiales: imágenes y vídeos para descargar en resolución profesional, información embargada, contacto con investigadores, etc. Por su parte, los departamentos de comunicación de las instituciones pueden cargar en SINC sus propias informaciones sobre resultados de investigación, que después son seleccionadas, editadas y en su caso, publicadas por los redactores de SINC.

La agencia SINC cuenta con más de 600 periodistas y 700 instituciones registradas. Todos los principales medios de comunicación españoles -tanto locales como nacionales, especializados y generalistas- y un gran número de medios internacionales, en especial los latinoamericanos, utilizan los contenidos de SINC como fuente de información. Hoy la agencia es una referencia de rigor y calidad informativa.

Pampa García Molina

Esperanza «Pampa» García Molina, es periodista científica, redactora jefa de la agencia SINC y vicepresidenta de la Asociación Española de Comunicación Científica (AECC). Es licenciada en Física y máster en Periodismo Científico por la UC3M.

Edición realizada por César Tomé López a partir de materiales suministrados por CIC Network

5 comentarios

  • Avatar de Tom Wood Gonzalez

    Si, tienes toda la razon, pero no los vas a convencer de eso jamás:
    http://elcomercio.pe/mundo/actualidad/triste-record-2012-al-menos-139-periodistas-murieron-trabajando-noticia-1511074
    La última pataleta expiatoria de los fisicos oficialistas, contra los periodistas, es a causa de que el capitán de la aeronave AN, dijo algo, que traducido a lo humanamente comprensible, me suena asi: «Lo siento si han dedicado toda su vida académica a los hipotéticos agujeros negros, no tenía otra opción que hacer dinero para sobrevivir.» Imaginar que el capitán de la nave AN, diría de forma clara que no existen los hipotéticos AN, es imposible. Es como imaginar que un capitan de avion, una vez que estan a 10 000m de altura, se pare frente a los pasajeros y diga: “cuando todos abordaron la nave, solo un motor funcionaba, y ahora que todos están en el aire, me di cuenta que este también estaba roto. Es obvio para todos, que los fanáticos pasajeros lo destrosarian mucho antes del desastre. Pero Hawking, como hombre que no puede hacer otra cosa que pensarlo todo meticulosamente, le ha dejados unas coletillas subliminales a su artículo, que el populacho científico, para su consuelo interpreta como que el sabe como hacer planear un Boeing, o una piedra; para lograr un aterrizaje no forzoso.
    Es que antes que él, otro de Cambridge, como es Penrose, ya dijo lo mismo de la Mecánica Cuántica; o les falla la memoria, o las carencias físicas de la MC, son también culpa de los periodistas. El asunto es que cuando ya estas viejo, no tienes compromisos, ni deudas de gratitud con nadie, ya no te importa decir la verdad que había en el fondo de tu cabeza. Pero el problema es que desaprovecharon inútilmente, sus años de mayor imaginación física, y ahora se dan cuenta que se irán sin ningún legado serio para la física futura que poco a poco irá retomando su verdadero cause, he iremos recostruyendo entre todos.
    Imaginate tu!,…quién que haya creído seriamente en eso, tenga escritos y videos publicados sobre los hipotéticos AN(casi todos los robot iluminados),… o esté vinculado de alguna forma a los oficialistas agujeros negros; es imposible que ahora tenga cara, o moral, para reconocer, o para decirle a todos los que han adoctrinado por años, ya sean estudiantes, recién graduados, doctores,… o público en general; que los agujeros negros nunca han existidos.
    Para decirles que la RG, o cualquier fisica, al no contemplarlos en sus soluciones, los prohíbe de su rango de acción. Y de existir los hipotéticos (busquelo, please, creo que uno de los pocos que siempre uso esta palabrita fui yo) agujeros negros, entonces hay que mutilar a la RG, más de la mitad. Nunca entendi, como en un universo como el nuestro; a alguien que se llame físico, se le ocurriría que existiera algo como un agujero negro. Bueno, si los hay que viajan en el tiempo, viven con extraterrestres, se curan con agua destilada, ven multiuniversos por doquier, hablan con Dios, creen en dimensiones extras,….; que mas daba un AN.

    Así que no queda de otra que decir: «la culpa de que los hipotéticos agujeros negros ahora no existan, no las tiene estafa científica que significa la metafísica-matemática anglosajona; sino, los pobres periodistas.»
    http://cuentos-cuanticos.com/2014/01/28/periodismo-y-ciencia/
    http://naukas.com/2014/02/04/los-agujeros-negros-existen-revolucion-o-boutade/
    http://neofronteras.com/?p=4325
    http://francis.naukas.com/2014/01/28/y-si-hubiera-una-estrella-de-planck-dentro-de-cada-agujero-negro/#more-28836

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