El bisturí que opera ADN

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La experimentación con animales es parte importante de la investigación en ciencias biomédicas dado que, salvo que se trate de pruebas inocuas, no se puede experimentar con seres humanos. Por ello, para cada problema que se intenta resolver, para cada enfermedad cuyos misterios se quieren desvelar, o para cada fármaco cuya seguridad y eficacia se pretenden evaluar, se busca la especie o variedad animal cuyas características la asemejen lo más posible a nosotros. No hay una especie que sea la más adecuada para todo tipo de experimentos o estudios, por lo que se utiliza aquella que mejor representará a la nuestra en cada caso. Por eso, en el argot científico se utiliza la expresión “modelos animales” para referirnos a las especies concretas con las que se trabaja en cada área.

En la actualidad, todas las instituciones científicas de nuestro entorno han de cumplir una serie de requisitos para poder experimentar con animales, de manera que los investigadores están obligados a justificar su uso y, en caso de que sea necesario utilizarlos, de minimizar el sufrimiento que se les vaya a infligir. De hecho, existen comisiones de ética en la investigación que velan por el cumplimiento de esos requisitos, y hasta las editoriales de las revistas mediante las que se difunden los resultados de las investigaciones, exigen que se hagan constar esos elementos en los artículos que se les envían para ser publicados.

Como es sabido, hay un movimiento social, llamado animalista, que se opone -con violencia en algunas ocasiones- al uso de animales en la experimentación científica, tanto la que se hace en el campo biosanitario como en otras áreas, como la cosmética, por ejemplo. Hay incluso investigadores que han de ser protegidos por la policía por esa causa. La oposición a experimentar con animales se acentúa cuando las especies utilizadas en las investigaciones se encuentran biológicamente más próximas a la nuestra. De hecho, son las del orden Primates -al que pertenece nuestra especie- las que provocan una mayor oposición a investigar con ellas.

Vienen estas consideraciones al caso de un anuncio hecho hace algunas semanas por investigadores de la Universidad Médica de Nanjing, en China. Han conseguido utilizar por primera vez con monos una técnica, dada a conocer en 2013, denominada CRISPR. La técnica es asombrosa pues, haciendo uso de una proteína bacteriana, corta ADN con gran precisión. Es, por así decirlo, un verdadero bisturí molecular, y ha sido considerado uno de los diez mejores descubrimientos de 2013 por la revista Science. Al permitir copiar y pegar fragmentos de ADN con mayor precisión y rapidez que los métodos anteriores, facilitará mucho la obtención de monos transgénicos que, por ejemplo, desarrollen enfermedades, como el alzhéimer o el párkinson, difíciles de recrear hasta hoy en primates no humanos. Se trata, por lo tanto, de facilitar la investigación con modelos animales adecuados a esas enfermedades u otras con las mismas limitaciones.

Pero, como era de esperar, la utilización de esa técnica con macacos no ha sido bien recibida por las organizaciones animalistas, que creen que puede acabar conduciendo a que aumente la utilización de monos en la experimentación en las ciencias de la salud. Las posibilidades que ofrece la técnica, según los especialistas, son enormes, pues abre puertas hasta ahora cerradas a la investigación de enfermedades que, como las citadas, están lejos de ofrecer hoy perspectivas de curación o prevención a corto o medio plazo. La controversia está servida, por supuesto, aunque sospecho que ni las autoridades chinas ni los investigadores de ese país van a sentirse concernidos por la oposición animalista al uso del bisturí molecular.

Nota: hace unas semanas, Javier Peláez escribió aquí un artículo sobre este mismo tema, con bastante más información sobre los aspectos técnicos.

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Sobre el autor: Juan Ignacio Pérez (@Uhandrea) es catedrático de Fisiología y coordinador de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU

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Este artículo fue publicado el 9/2/14 en la sección con_ciencia del diario Deia.

1 comentario

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