Nunca es tarde

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Ya sabíamos que hablar más de una lengua es bueno. Nos permite comunicarnos con más gente, nos da acceso a un universo más amplio de ideas, y nos ofrece la posibilidad de disfrutar de más variedad de creaciones literarias. En resumidas cuentas, nos enriquece.

También sabíamos que hablar más de un idioma tiene consecuencias para la mente. Hay que pagar un cierto precio por ello, eso es verdad. Ocurre que al conocer muchas más palabras y formas de expresión, cuesta un poco más escoger las adecuadas a cada situación. A veces se tarda un poquito más en dar con la palabra o expresión adecuada, y también se trastabilla uno más.

Pero otras consecuencias son muy positivas. Las personas que hablan más de una lengua obtienen mejores resultados en tests cognitivos. El más sobresaliente, quizás, es que se desenvuelven mejor en situaciones en que han de gestionar información compleja (lo que se llama control ejecutivo en el argot científico). Y las ventajas de ese mejor desempeño se extienden hasta edades avanzadas pues el declive cognitivo propio de esas edades, así como los primeros síntomas de demencia, aparecen más tarde en las personas que hablan al menos dos lenguas que en los monolingües. Hasta hace poco tiempo se desconocía si esas ventajas sólo afectan a quienes son bilingües desde sus primeros balbuceos o también a los que aprenden de adultos segundas o terceras lenguas. Hoy sí lo sabemos.

Médicos y psicólogos de la Universidad de Edimburgo han publicado, en la revista Annals of Neurology, los resultados de un estudio sobre esa cuestión. A tenor de sus resultados, no sólo los bilingües de nacimiento, también quienes aprenden otras lenguas de mayores alcanzan la vejez con mejores capacidades cognitivas. La inteligencia y capacidad lectora son los rasgos que más se benefician, pero no son los únicos. Y la magnitud del beneficio es equivalente al que tienen las personas mayores que no fuman y hacen ejercicio físico habitualmente.

Los investigadores han utilizado un método que aporta gran fiabilidad a sus conclusiones. Que las personas mayores bilingües lean mejor o logren mejores resultados en tests cognitivos puede deberse a que el aprendizaje y uso de más de una lengua tenga efectos positivos sobre las funciones intelectivas; pero hay una interpretación alternativa, y es que las personas más inteligentes o con mayor capacidad cognitiva aprendan idiomas con más facilidad. Como ocurre con el huevo y la gallina: ¿Qué fue antes, la inteligencia o el bilingüismo?

Pues bien, lo que concluye este estudio es que, al margen de que los más inteligentes tengan más facilidad para aprender otras lenguas, el hecho de aprender otros idiomas mejora la capacidad intelectual. Y esa mejora prolonga sus efectos durante toda la vida. Esto se ha establecido firmemente porque los investigadores han analizado un grupo de 853 escoceses nacidos en 1936 a los que se les había medido su cociente intelectual y otros rasgos mentales en 1947, y cuyas capacidades cognitivas se han analizado entre 2008 y 2010. Contando así con información precisa sobre sus condiciones de partida, han podido clarificar la naturaleza de la relación.

Este estudio apoya la idea de que el aprendizaje de más de una lengua no sólo proporciona las ventajas comunicativas y culturales expresadas más arriba, también mejora nuestra calidad (mental) de vida hasta su final. Y en el fondo, no deja de haber una cierta justicia poética en ello, porque reconforta el hecho de que además de quienes tuvieron la suerte de nacer bilingües, también quienes se esfuerzan en aprender de mayores tengan bastante que ganar de ese esfuerzo. Nunca es tarde, no.


Sobre el autor: Juan Ignacio Pérez (@Uhandrea) es catedrático de Fisiología y coordinador de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU

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Este artículo fue publicado el 22/6/14 en la sección con_ciencia del diario Deia

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