De la paralaje

Experientia docet

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La paralaje es la diferencia en la posición aparente de un objeto debida a distintas posiciones del observador. Suele expresarse como ángulo y, en astronomía es una forma de expresar la distancia de una estrella (u otro cuerpo) a la Tierra: es el ángulo subtendido por el radio de la órbita terrestre (1 unidad astronómica, 1 UA) en el cuerpo observado. Cuando ese ángulo es de un segundo se dice que el cuerpo está a un parsec de distancia o, lo que es lo mismo, 3,2616 años-luz.

Paralaje

La dificultad de medir paralajes del orden de segundos de arco con los instrumentos de la época supuso un gran problema para los seguidores de Copérnico, que insistían en que era la Tierra la que orbitaba al Sol. De hecho, tuvieron que recurrir al argumento de que las estrellas se encontraban a distancias enormes lo que hacía que el ángulo de la paralaje fuese inmedible en la práctica.

Galileo buscó alternativas a la medición directa. Propuso una variante de la paralaje: concentrarse en la posición relativa de las estrellas. Para ello asumía (hoy sabemos que erróneamente) que todas las estrellas tenían la misma luminosidad, por lo que una estrella que se apreciaba como débil en el firmamento debía estar más lejos que otras más brillantes; su idea era que observándolas durante un tiempo suficiente podrían detectarse cambios en su posición relativa.

El_parsec

Robert Hooke, responsable de los experimentos en la Royal Society de Londres, se dio cuenta de que en este problema existía una posibilidad de ganar prestigio para quien hallase una forma de medir la paralaje y, de esta forma, atestiguar que la Tierra se mueve. En 1674 escribía: “[…] si la Tierra se mueve o permanece quieta aún ha sido un problema, que desde que Copérnico lo reviviese, ha ejercitado el ingenio de nuestros mejores astrónomos y filósofos modernos”. Los informes que Hooke remitía a la Sociedad hacían parecer que había tenido éxito en sus empeños, pero no despertaron mucho interés; probablemente porque nadie los consideraba verosímiles.

Hubo que esperar a los años veinte del siglo XVIII a que James Bradley intentase comprobar las afirmaciones de Hooke en su informe de 1669. Lo que descubrió accidentalmente fue la aberración estelar, el desplazamiento aparente de una estrella en la dirección en la que se mueve la Tierra; una prueba por tanto de este movimiento. Pero la paralaje siguió sin ser detectada.

Solo la mejora de la instrumentación consiguió que se detectase la paralaje. La detección de la paralaje se convirtió en una carrera entre astrónomos, tanto por el prestigio asociado como por la cantidad de información interesante que podía obtenerse de su medida. Fueron Friedrich Bessel, desde el Observatorio de Königsberg (actual Kaliningrado), y Friedrich Struve desde el Observatorio de Dorpat (actual Tartu) primero y después desde el Observatorio Polkovo (cerca de San Petersburgo), los que trabajando sobre estrellas diferentes observaron la paralaje en 1838 y 1840, respectivamente. Sin embargo, fue Thomas Henderson quien eligió la mejor estrella posible para la determinación de la paralaje, la más próxima a la Tierra, Alfa Centauri, mientras se encontraba trabajando en el Observatorio del Cabo de Buena Esperanza. Henderson habría detectado la paralaje como muy tarde en 1833, pero con unas mediciones mucho menos precisas que las de Bessel o Struve. Las inseguridades de Henderson le llevaron a ser el último en publicar sus datos; Struve fue el primero, pero Bessel, el segundo en observar el fenómeno, el que publicó con mayor detalle y precisión y, por tanto, más convincentemente.

Además de la paralaje estelar, o trigonométrica, existe una paralaje espectroscópica. A partir de una correlación empírica entre las características espectroscópicas y las magnitudes absolutas de las estrellas (la magnitud aparente que tendría una estrella si estuviese situada a 10 parsecs), lo que se conoce como diagrama de Hertzsprung-Russell, se puede determinar la distancia a una estrella comparando su magnitud aparente con las magnitudes absolutas de estrellas conocidas.

Sobre el autor: César Tomé López es divulgador científico y editor de Mapping Ignorance

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