Celiaquía, plátanos y golpes de estado 

Frontera

La celiaquía es una enfermedad muy conocida en nuestros días, cuyo tratamiento consiste en una dieta libre de gluten, proteína presente en la mayoría de los cereales.

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Esto no siempre fue así. En 1887, el Dr. Samuel Gee, tras observar a unos cuantos pacientes, sobre todo niños del Hospital Infantil de Londres, realizó la primera descripción pormenorizada de la enfermedad. Los pacientes tenían diarreas blanquecinas, dolores musculares, debilidad, cambios en el apetito y poco crecimiento. “El desarrollo de la enfermedad es siempre lento. Tanto si el paciente vive o si muere pronto, la enfermedad continúa durante meses y años”.

Gee no sabía mucho de la enfermedad, sólo conocía los síntomas, pero ya desde el principio consideró que la única cura estaba en controlar la dieta. Prescribía una dieta sin leche de vaca, frutas o verduras y con “leche de burro, pan cortado muy fino muy tostado por ambas caras y un cuarto de mejillones holandeses al día”.

En 1908, Christian Herter, médico y profesor en la Universidad de Columbia, publicó “On Infantilism from Chronic Intestinal Infection”. La comunidad científica llamó a la celiaquía “la enfermedad de Gee-Herter” y se pensaba que podía provocarla un virus, una infección bacteriana o el mal funcionamiento del hígado o el páncreas. La presencia de grasa en las heces de los enfermos llevó a los médicos a pensar que una dieta baja en grasas sería buena y en 1939, después de una investigación sobre 73 casos, se prescribió una dieta “baja en grasas con vitaminas añadidas”.

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Williem Dicke, un médico holandés, director médico del Hospital Infantil Juliana de La Haya, fue el que por primera vez asoció la ingesta de cereales, de trigo concretamente, con la celiaquía. Comenzó experimentos con dietas sin trigo y llevó a cabo cuidadas observaciones de los pacientes que anotaba con detalle. En 1941 publicó sus estudios “Es una dieta simple sin pan ni bollería”.

Dicke vería corroborada su teoría gracias a la II Guerra Mundial. En 1944, el embargo alemán y un invierno increíblemente frío provocó en los Países Bajos lo que se conoce como “el invierno del hambre”. La población se moría de hambre pero los celiacos, en general, mejoraron su salud. Cuando en 1945 el pan volvió a llegar al país, los síntomas de los enfermos de celiaquía aumentaron en pacientes que hasta entonces no habían tenido acceso a alimentos con gluten.

Tras la II Guerra Mundial, y más experimentos por parte de Dicke y otros médicos e investigadores, quedó demostrado que el gluten provocaba la enfermedad celiaca y que la solución era una dieta sin gluten. En 1956 comenzaron a hacerse biopsias intestinales para comprobar que el gluten alteraba la mucosa intestinal de los pacientes afectados de celiaquía.

Todo el mundo parecía esta de acuerdo en estos estudios tan concluyentes, menos los estadounidenses, que no creían en la tesis de Dicke porque estaban seducidos por las palabras de un pediatra llamado Sidney V. Hass y su dieta del plátano.

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En 1913, en Estados Unidos, por 25 centavos podías conseguir una docena de plátanos pero sólo dos manzanas. Los plátanos eran una comida increíblemente popular, exótica e inexplicablemente barata. ¿Por qué?

Porque en 1899, un marinero y un ferroviario se unieron para crear una de las empresas más enormes, populares e importantes de los Estados Unidos y del mundo, la United Fruit Company. La Compañía, que poseía las plantaciones bananeras de Centroamérica, construyó las fábricas para preparar el producto, controlaba los trenes para transportarlo, los barcos para llevar la producción a Estados Unidos y hasta era dueña de los puertos en los que desembarcaba su mercancía. El resultado de todo esto eran unos precios increíblemente bajos (a costa de mano de obra casi esclava en los países productores) y una invasión de plátanos en Estados Unidos.

United Fruit organizó, además, una potente y agresiva campaña de publicidad que vendía las bondades de los plátanos. La United Fruit se hizo eco de las opiniones de médicos y nutricionistas, que hablaban del plátano casi como si fuera un superalimento. (Toda esta estrategia sigue utilizándose en nuestros días con otro tipo de alimentos, como las bayas, el ginseng o cualquier otra cosa). La publicidad y los testimonios médicos aparecían por todas partes, haciendo del plátano un superalimento capaz de curar todo tipo de enfermedades.

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Fue entonces cuando el Dr. Hass comenzó a tratar a algunos de sus pacientes celiacos con una estricta dieta a base de plátanos y leche suplementada con un poco de gelatina de caldo y un poco de carne.

Por supuesto, de los diez pacientes tratados, ocho mejoraron de manera espectacular, y empezaron a crecer y ganar peso. Haas publicó un artículo en 1924 con los increíbles resultados de su tratamiento. Efectivamente, sus pacientes mejoraron de manera espectacular pero no porque comieran plátanos, sino porque no comían gluten. Haas desconocía el papel que el gluten tenía en la enfermedad porque había permanecido ajeno a los estudios de Dicke y otorgó todo el mérito a los plátanos, que según él contenían “una enzima especial capaz de hidrolizar el almidón” y que era la responsable de la mejora en la enfermedad.

La fama de la dieta de los plátanos fue espectacular. Tras el éxito de Haas, la dieta se probó también en pacientes con diabetes. Obviamente la diabetes no mejoró pero los pacientes perdieron mucho peso.

Una dieta que curaba, basada en un alimento barato y que además hacia adelgazar era lo que la sociedad estaba buscando. Los plátanos se convirtieron en un alimento imprescindible en todas las casas, para los bebés, para los niños y para los adultos que querían perder peso. La II Guerra Mundial y la confiscación de los trenes y los ferrocarriles para transporte militar provocó una carestía de los plátanos, con historias en la prensa de madres que hacían lo imposible por conseguir plátanos.

La United Fruit Company aseguraba hacer todo lo posible por continuar con el suministro y, además, se preocupaba de añadir al plátano innumerables ventajas médicas además de su milagroso poder como cura para la celiaquía.

"Gloriosa victoria" Mural de Diego Rivera
“Gloriosa victoria” Mural de Diego Rivera

El negocio de los plátanos era increíble y nada iba a interponerse en los planes de la enorme empresa. En 1951, la United Fruit presionó al gobierno estadounidense para llevar a cabo (con su patrocinio económico) un golpe de estado que derrocara al presidente electo de Guatemala, Jacobo Árbenz, país dónde United tenía sus mayores plantaciones de plátanos y que se conocía dentro de la compañía como “Bananaland”. United no podía permitir que sus plantaciones fueran nacionalizadas ni ninguna interferencia en su negocio. Árbenz fue derrocado y Estados Unidos colocó al coronel Castillo Armas al frente del país. Castillo Armas protegió el negocio de la United Fruit, que siguió inundando Estados Unidos con sus plátanos y vendiendo sus supuestas y milagrosas bondades contra todo tipo de enfermedades.

Todo esto ocurrió hace más de cincuenta años pero las consecuencias de aquellos actos siguen presentes en nuestros días. En Guatemala se siguen encontrando fosas comunes con las multitudes masacradas por la guerra civil que provocó el golpe de Estado organizado por la CIA y la United, y todavía hay páginas y médicos que siguen recomendando la dieta del plátano para “curar” la celiaquía.

Para saber más sobre la historia de la celiaquía y las falsas dietas, puede leerse “The gluten lie”, de Alan Levinovitz, que pronto será editado en español.

Para saber más sobre la United Fruit, los plátanos y su historia, el estupendo videoensayo de Adam Westbrook. “Bananas, Sardines and Sharks” (subtitulado en castellano).

Sobre la autora: Ana Ribera (Molinos) es historiadora y cuenta con más de 14 años de experiencia en el mundo de la televisión. Autora de los blogs: Cosas que (me) pasan y Pisando Charcos.

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