¡Esta mierda es buena!

La caca es mala, todo lo que no se debe tocar o llevar a la boca es caca, y esto quizá sea una de las primeras lecciones que se aprenden en la vida. Aunque si para algo sirve la ciencia es para demostrar que hay teorías que no por ser tomadas como ciertas durante siglos tienen que ser realmente verdad, o si no que se lo digan a los chinos.

En relación a la caca, se ha demostrado que no siempre es mala y que, por el contrario, puede ser empleada como tratamiento de determinadas enfermedades. Claro, hay que empezar aclarando que tampoco las bacterias son siempre perjudiciales para la salud. En concreto, existe un conjunto de las mismas que habitan en el intestino (las cuales se van generando desde que nacemos y conforme pasan los años) que están asociadas al correcto funcionamiento del sistema inmunológico y a las que se conoce como flora intestinal.

E. coli

El hecho de que no estén presentes en el organismo desde el momento en que nacemos hace que esas bacterias no sean iguales en todas las personas sino que se vayan desarrollando en base a factores como la alimentación de cada uno y, además, se pueden ver alteradas. Uno de los casos más comunes es el uso de antibióticos de amplio espectro que no son capaces de discriminar entre las bacterias malas y las buenas y terminan matando bacterias intestinales nativas, cuyas funciones además de digestivas son también las de controlar el crecimiento de otras especies, y eso permite que crezcan poblaciones bacterianas patógenas.

Todo ello implica que los cambios en la microbiota intestinal pueden acarrear algunos efectos nocivos en la salud humana al alterar el equilibrio de sus funciones por lo que es posible que enfermedades como la colitis o el síndrome de colon irritable, entre otras, aparezcan cuando las bacterias del intestino se ven alteradas.

Así pues, para muchas enfermedades intestinales existen fármacos específicos que eliminan esas bacterias patógenas que causan el mal pero recientemente se ha demostrado efectiva otra técnica, destinada a aquellos casos en los que hay resistencia y resulta complicado reconstruir la flora intestinal: repoblar los intestinos con un ecosistema sano mediante heces de un donante y hacer que ese ecosistema controle de nuevo a los patógenos.

Dicho de otra manera: poner heces de un donante sano en el intestino de alguien enfermo. Lo que se ha denominado como un ‘trasplante de caca’. El procedimiento nada tiene que ver con un trasplante al uso. Todo es mucho más rápido y sencillo. Una vez que han sido purificadas y mezcladas con leche o con suero, las heces del donante se introducen a través del colon, mediante colonoscopia, o por la nariz, con ayuda de una sonda nasogástrica común y de esa manera se consigue repoblar con las bacterias buenas de los excrementos donados el intestino dañado del paciente.

No en vano, como en todo tipo de trasplantes, el control al que se somete al enfermo debe ser exhaustivo con el fin de evitar problemas como, por ejemplo, nuevas infecciones. Aunque no es esa la mayor dificultad a la que se enfrentan los médicos a la hora de realizar esta intervención sino (y a nadie le extrañará) la reticencia que tienen los pacientes a aceptar un trasplante fecal.

Esos problemas llevaron a un equipo de científicos de la Queens University de Ontario (Canadá), liderado por la doctora Elaine Petrof, a desarrollar heces sintéticas; una forma ‘sencilla’ de tenerlo todo bajo control y reducir la aversión al trasplante. Si bien este tipo de tratamientos no son habituales tampoco son nuevos aunque, como le contaba la investigadora a Pere Estupinyà en una entrevista que le hizo para Naukas, algunas empresas farmacéuticas se habían interesado por el desarrollo sintético así que quizá algún día podamos comprar en las farmacias caca encapsulada.

De hecho el reto está ahí: obtener excrementos libres de virus de modo que únicamente se queden las bacterias capaces de regenerar por completo la flora del intestino destruida. Y parece ser que el laboratorio sueco Hohmann Lab, ya lo está ensayando y ha curado a 18 de 20 pacientes.

Por cierto, en España también se investiga sobre los efectos beneficiosos de la caca. En 2014 un grupo de científicas españolas del Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA) recibió ayer un Premio Ig Nobel –una parodia que hace la universidad de Harvard de los Premios Nobel– por un proyecto para elaborar embutidos probióticos con bacterias obtenidas de la caca de bebé.

En concreto, las investigadoras españolas habían logrado aislar varias cepas de bacterias del ácido láctico potencialmente probióticas a partir de heces de bebés sanos y, tras cultivarlas, usarlas para fermentar embutidos curados. La cuestión es que, esto que parecía una broma, según el instituto IRTA de investigación y tecnología agroalimentarias de Cataluña, gracias a esta innovación, personas que no pueden consumir productos lácteos podrían incluir probióticos en su dieta a través de estos embutidos.

Sobre la autora: Maria José Moreno (@mariajo_moreno) es periodista

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