La biblioteca del proyecto Manhattan.

Frontera

«Quizá la mejor forma de decir lo bien que has cumplido tus responsabilidades es esta: nunca he tenido quejas sobre cómo llevabas la biblioteca o la sala de documentos y en este laboratorio enorme y caótico nunca encontré reticencias por parte del personal para quejarse a la menor provocación.»
Carta de Robert Oppenheimer a Charlotte Serber.

En marzo de 1943 Robert Oppenheimer llegó a Los Álamos, en el desierto de Nuevo México, para poner en marcha el proyecto Manhattan. Su tarea: investigar y desarrollar la bomba atómica antes de que los alemanes y los japoneses lo consiguieran.

Los Álamos era un enclave aislado, a 32 km de Santa Fe, en el que el único edifico que existía, una granja escuela para niños, fuera transformado en la base de los laboratorios. A su alrededor se fueron levantando las viviendas prefabricadas para las familias de los científicos y del personal laboral y militar de la base.

"Tech Area" Los Alamos
«Tech Area» Los Alamos

Toda una ciudad, una comunidad, se levantó en medio de un desierto caluroso y polvoriento en verano, y gélido en invierno. Se construyeron viviendas, escuelas, economato y sala de reuniones y de cine para las familias. Las calles eran lodazales permanentes, las viviendas estaban siempre cubiertas de polvo y el aislamiento del exterior era casi completo. Se necesitaban pases para entrar y salir; todo el correo se gestionaba a través de un único apartado de correos y la correspondencia se enviaba primero a otra ciudad, antes de ser remitida a la dirección de destino.

Las instalaciones científicas, como en cualquier otro lugar del mundo, necesitaban por supuesto una biblioteca. Charlotte Serber fue la bibliotecaria jefa desde su creación hasta la consecución de la bomba atómica y el fin de la II Guerra Mundial.

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Charlotte había llegado a Los Álamos junto con su marido Robert Serber, físico y amigo de Oppenheimer, que lo reclutó para el proyecto Manhattan. Chalotte era licenciada por la Universidad de Pennsylvania y había trabajado como periodista freelance y estadística antes de llegar a Los Álamos. En sus memorias, su marido señala que Oppenheimer la eligió como responsable de la biblioteca precisamente porque no era profesional.

Charlotte comenzó a trabajar en marzo de 1943 en la misma oficina que la secretaria del director, porque todavía no había llegado ningún libro ni material. Las instalaciones en las que se ubicó la biblioteca eran pequeñas y pronto estuvieron completamente llenas de estanterías y unas cuantas mesas, para que tanto los científicos como el personal de la biblioteca pudieran trabajar.

El primer pedido de libros se hizo pensando en cubrir las necesidades de información de los científicos del laboratorio. Las materias mejor representadas eran física, química, ingeniería y metalurgia. Se solicitaron 1.200 libros por préstamo interbibliotecario a la Universidad de Berkeley. Este pedido se completó con 50 journals completos.

En 1939, el Gobierno de los Estados Unidos había puesto en marcha el Joint Comittee on Importations para asegurar el acceso a toda la investigación que se publicara en Europa durante la II Guerra Mundial. Durante el periodo en que el país permaneció neutral el acceso fue relativamente fácil, pero a partir de 1941 resultó algo más complicado. En 1942, la Office of Alien Property Custodian, con el apoyo de bibliotecarios y profesores, comenzó a apoderarse del copyright de muchas revistas europeas, para poderlas reimprimir y distribuir. Los originales se conseguían por agentes infiltrados en Europa, a veces por el simple procedimiento de suscribirse a ellas.

Todas esas publicaciones eran muy relevantes para Los Álamos, ya que les permitía el acceso a información de primera mano, junto con la posibilidad de conocer lo que otros científicos, en concreto los alemanes, estaban haciendo. Este conocimiento permitió a los estadounidenses adquirir una gran ventaja competitiva en el desarrollo de la bomba atómica, al aprovechar el trabajo de otros.

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La biblioteca de Los Alamos. Es muy probablemente una imagen posada.

La biblioteca desempeñó, además, otra importante tarea. Los científicos no sólo necesitaban información, sino que también la producían. La «sala de documentos» (document room) era la sección de la biblioteca encargada de que los progresos y avances científicos desarrollados diariamente por el Proyecto Manhattan fueran debidamente registrados, anotados y reproducidos, para que fueran accesibles al resto del personal investigador.

Casi todos los científicos enrolados en Los Álamos eran hombres. Las mujeres que lo quisieron se dedicaron a tareas rutinarias y de oficina en los laboratorios, aunque algunas de ellas prefirieron conducir camiones al tedio de copiar, mecanografiar y archivar informes. Charlotte Serber fue la única mujer con un cargo de responsabilidad en el llamado «grupo» de Los Álamos.

A pesar de su posición y relevancia, Charlotte no fue invitada a presenciar el primer test de la bomba atómica el 16 de julio de 1945. La excusa de Oppenheimer fue que no había baños para mujeres en la zona. Charlotte se enfadó muchísimo (con razón).

La biblioteca de Los Álamos sigue funcionando, tiene una de las colecciones de ciencia y tecnología más importantes del mundo y dispone de un archivo online para acceder a sus artículos científicos. Es un ejemplo de biblioteca creada para un proyecto científico concreto que ha sabido evolucionar y adaptarse a las necesidades de sus usuarios.

Gracias a Charlotte Serber.

Referencia:

Atomic Wives and the Secret Library at Los Alamos. Lisa Bier. American Libraries. Vol.30. Nº11 (Dec. 1999)

Sobre la autora: Ana Ribera (Molinos) es historiadora y cuenta con más de 15 años de experiencia en el mundo de la televisión. Autora de los blogs: Cosas que (me) pasan y Pisando Charcos.

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