¿Cinco o seis grandes?

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Desde hace más de ochenta años los psicólogos manejan el llamado modelo de los Cinco Grandes. Se trata de cinco rasgos, cinco dominios o dimensiones de la personalidad que se supone cubren todos sus aspectos importantes. La razón de utilizar el término “modelo” y de que se le dé una denominación común al conjunto de los cinco es precisamente esa, que mediante esos caracteres es posible perfilar con gran precisión la personalidad de la gente, sin que unos factores se solapen con otros. Aparte de esas virtudes, los Cinco Grandes tienen la propiedad de que cuando se estudian o se indaga acerca de ellos de diferentes formas -entrevistas, observaciones o autodescripciones- se obtienen resultados homologables y, además, funcionan muy bien en personas de diferentes edades y culturas.

Sin embargo, aunque he dicho que cubren todos los aspectos de la personalidad, resulta que quizás eso no sea del todo cierto. Porque es posible que un sexto rasgo que no se halla incluido en esa relación sea necesario para caracterizar con el debido rigor la forma de ser de la gente. Veamos esto con algún detalle.

En inglés, las iniciales de los los Cinco Grandes forman la palabra OCEAN. Son los siguientes: apertura (O de openness), responsabilidad (C de conscientiousness), extroversión (E de extraversion), amabilidad (A de agreeableness) e inestabilidad emocional (N de neuroticism). Por otra parte, cada uno de esos Cinco Grandes, engloba otros aspectos más concretos y parciales de la personalidad. Por ejemplo, la extroversión incluye cualidades relacionadas, como asertividad, alegría, satisfacción y otras características positivas.

El rasgo que echan en falta en el modelo de los Cinco Grandes cada vez más especialistas es la honradez o, expresado de otra forma, la honradez-humildad. Es el rasgo de la buena gente, de las buenas personas, uno cuyo ámbito psicológico no queda cubierto por ninguno de los anteriores pero que puede tener mucha importancia. Investigaciones muy recientes indican que la determinación de los otros rasgos mediante test estándar no permite predecir el comportamiento deshonesto en ocasiones en que tal comportamiento sería posible y reportaría beneficios a quien lo practicase. Al parecer, al margen del interés estrictamente teórico, el asunto tiene también interés práctico, porque todos estos rasgos pueden ser medidos mediante encuestas y son varias las situaciones posibles en las que la información relativa a la honradez o, mejor dicho, a la falta de honradez –o sea, la deshonestidad- de las personas es una información relevante.

Así las cosas, cada vez son más los psicólogos que se suman a la propuesta de que ese sexto rasgo se incluya en el modelo general de personalidad para así contar con la información relativa a ese elemento clave de la forma de ser de las personas. Pero aparte de las discrepancias que seguramente habrá dentro de la comunidad de psicólogos, la propuesta choca con un obstáculo importante, uno que se deriva de su novedad. No deja de resultar paradójico que en un ámbito, como es el del conocimiento, en el que la innovación es tan importante, sea precisamente su carácter novedoso el problema. Y es que desde hace ochenta años se dispone de abundante y rica información relativa a los Cinco Grandes, por lo que modificar el modelo para incorporar el sexto, supondría introducir una brecha en la serie temporal con las complicaciones que ello ocasionaría.

En todo caso, soy de los que piensa que el esfuerzo merecería la pena. Dado que no podemos evitar que haya sinvergüenzas y personas con alma maquiavélica, cuantas más sean las instancias en que se les identifica, más limitada estará su capacidad de realizar fechorías.


Sobre el autor: Juan Ignacio Pérez (@Uhandrea) es catedrático de Fisiología y coordinador de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU

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Este artículo fue publicado el 19/7/15 en la sección con_ciencia del diario Deia

1 comentario

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