El origen de la primera Buenos Aires

Investigación UPV/EHU

Un equipo de arqueólogos, en el que participan miembros de la Cátedra UNESCO ‘Paisajes Culturales y Patrimonio’ de la UPV/EHU, ha encontrado agujeros de postes, restos de vasijas, puntas de flecha y huesos de animales en el sur de Buenos Aires, un hecho que podría reescribir la historia de la ciudad si se confirma que pertenecen a un asentamiento indígena prehispánico.

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Buenos Aires poco después de su fundación según aparece en la crónica que Ulrico Schmidl publicó en 1567

La Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitea y la Universidad del Museo Social Argentino (UMSA) firmaron el pasado año un convenio para apoyar actividades de investigación entre la Cátedra Conservación del Patrimonio Arquitectónico de la Facultad de Artes de UMSA y la Cátedra UNESCO ‘Paisajes Culturales y Patrimonio’ de UPV/EHU, y llevar a cabo el proyecto de investigación ‘Búsqueda del Sitio de la Fundación de la primera Buenos Aires’.

Tras este año de trabajo, Daniel Schávelzon, director del Centro de Arqueología Urbana de la Universidad de Buenos Aires, ha confirmado que se han encontrado restos de una aldea donde se habrían asentado los primeros pobladores de la ciudad de Buenos Aires. “Las marcas de postes enterrados a gran profundidad revelan que los pobladores originarios no eran nómadas que iban y venían para pescar -como indican las crónicas de las primeras expediciones españolas que llegaron a Buenos Aires en el siglo XVI- o si lo eran, vivían en cabañas o chozas”.

En ese mismo sentido se expresa Agustín Azkarate, director de la Cátedra UNESCO ‘Paisajes Culturales y Patrimonio’ de la UPV/EHU, al explicar las marcas que habrían dejado esos sostenes lígneos encontradas a unos 40 centímetros de profundidad. “Hay indicios prometedores de que aquí hubo una población originaria. Si bien es preciso realizar el análisis cronológico, es la primera vez que se hallan negativos de lo que deben de haber sido los postes en donde se apoyaban las casas”.

La datación exacta se conocerá en los próximos meses, cuando estén los resultados de los análisis que se están llevando a cabo (termolumiscencia y carbono 14). Además, la ausencia de objetos europeos indica que probablemente se trataba de “ocupantes previos a la conquista española -explica Schávelzon-. Nunca pensamos que había pobladores antes de la llegada de Pedro de Mendoza en 1536”.

Nacimiento de Buenos Aires

Buenos Aires, una de las más importantes metrópolis del continente americano, no conoce todavía el lugar exacto de su nacimiento como ciudad colonial. Es una de las pocas ciudades que fue objeto de dos fundaciones: la primera en 1536 fue obra de Pedro de Mendoza y la segunda, en 1580, de Juan de Garay. Mientras que los pormenores de la fundación de Garay son bien conocidos, no ocurre lo mismo para el caso de la primera fundación.

“Sabemos que la expedición de Pedro de Mendoza partió desde España en 1535 -explica Agustín Azkarate-, con una flota numerosa y casi 2.000 personas a bordo. En 1536 llegaron al Mar Dulce (Río de la Plata) y se asentaron en un pequeño altozano al pie de una barranca junto a la desembocadura de un río, que realizaba una interesante curva desde el punto de vista defensivo y estratégico”. Esta rudimentaria población es lo que en la historiografía se conoce como la Primera Fundación de Buenos Aires y tuvo una efímera y dramática existencia. En la actualidad se desconoce prácticamente todo sobre ella, convirtiéndose en uno de los grandes enigmas de la investigación histórica argentina.

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Ahora se han localizado importantes testimonios indígenas probablemente anteriores a la presencia europea, siendo la primera vez que en la ciudad de Buenos Aires se documenta arqueológicamente la presencia de un asentamiento indígena. “Los resultados de esta última campaña (enero 2015) son muy relevantes. Hay que tener en cuenta que en una megalópolis como Buenos Aires, densísimamente urbanizada, dar con un yacimiento prehispánico es como buscar una aguja en un pajar. Su estudio nos permitirá profundizar sobre la naturaleza de los asentamientos de los pueblos originarios que habitaban aquella zona, debatir sobre su carácter nómada o sedentario, su cultura material y sus modos de vida. No hay que olvidar, además, que la historia de la colonización de América se ha contado con base, fundamentalmente, en los documentos escritos por los europeos. La investigación arqueológica permitirá que demos la palabra a quienes hasta ahora han estado muchas veces silenciados”, concluye el profesor Azkarate.

El yacimiento arqueológico se encuentra entre el autódromo de la capital argentina y el parque Ribera Sur, en el barrio Villa Riachuelo, que toma el nombre del río que lo delimita y del que siglos atrás debieron tomar agua los pobladores que vivieron en su orilla. Es una de las pocas zonas de Buenos Aires que han sobrevivido casi intactas desde entonces, ajenas al crecimiento urbano, lo que ha permitido que los restos permanezcan ocultos. Los resultados de la investigación confirmarán si se trata de una población indígena querandí, tal y como nombró el alemán Ulrico Schmidl, integrante de la expedición de Mendoza, a los habitantes que encontraron a su llegada en este margen del Río de la Plata.

Edición realizada por César Tomé López a partir de materiales suministrados por UPV/EHU Komunikazioa

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