Adiós a las microesferas de plástico en los cosméticos

Las microesferas de plástico son las minúsculas partículas de plástico que contienen algunos productos cosméticos, como pastas de dientes, geles de ducha o exfoliantes, que las incluyen por su capacidad abrasiva.

Los microplásticos son una parte teóricamente pequeña del problema de la contaminación por plásticos, pero su impacto es especialmente grave porque se utilizan en productos cuyos residuos se van por el desagüe y llegan con mucha facilidad a los sistemas de tratamiento de aguas, donde no siempre pueden ser eliminados de forma eficaz y acaban acumulándose en el mar.

¿Para qué usamos cosméticos con microplásticos?

La mayor parte de los cosméticos que contienen microplásticos están diseñados para exfoliar la piel.

La exfoliación es un proceso de renovación natural de la piel a través del que se eliminan las células muertas de la epidermis. Cuando las células muertas de la epidermis se acumulan (hiperqueratosis) provocan un indeseable engrosamiento de la piel.

La exfoliación también se puede inducir utilizando productos exfoliantes. Estos cosméticos se emplean para eliminar esas escamas o células muertas de piel mediante una acción química o física. Se usan para mejorar el aspecto de la piel dañada por el sol, disminuir arrugas, mejorar cicatrices de acné o varicela, y decolorar o eliminar manchas [1].

En la exfoliación química (también denominada peeling químico) se utilizan enzimas o sustancias ácidas, como el ácido salicílico y ácido tricloroacético. Debido a su elevada capacidad de penetración en la piel y a su poder abrasivo, deben ser aplicados con supervisión profesional.

En la exfoliación física (también denominada exfoliación mecánica) se emplean materiales que, por roce con la piel, ayudan a sustraer las células muertas y los contaminantes que se acumulan en la epidermis. Se emplean sales minerales, semillas molidas, polvos de piedra pómez y, sobre todo, microplásticos. Estos microplásticos son partículas de un milímetro de diámetro o menos que suelen ser de polietileno (PE). También los hay de tereftalato de polietileno (PET), polipropileno (PP) y polimetacrilato de metilo (PMMA).

El mar de plástico

Han bastado un par de generaciones en las que hemos utilizado plásticos de forma masiva, para generar un problema de contaminación marina que ahora la ciencia trata de abordar. Todavía hay muchas incógnitas, pero algunas estimaciones ayudan a vislumbrar la magnitud del posible desastre. Cada año llegan al mar unos ocho millones de toneladas de plástico. China, Indonesia y Filipinas encabezan la clasificación de los países que más cantidad arrojan, y los 20 primeros –todos en Asia y África, excepto Estados Unidos y Brasil– son responsables del 83% del plástico mal gestionado que puede acabar en el mar [2].

De todo el plástico que llega al mar, el 1,5% son microplásticos [3]. Parte de estos microplásticos antes eran botellas, tapones, redes, cualquier cosa, y se han ido fragmentando hasta hacerse tan pequeños que son muy difíciles de eliminar. Se denominan microplásticos secundarios.

A estos microplásticos secundarios que se van produciendo en el proceso de biodegradación natural, hay que sumarles los microplásticos de los productos cosméticos.

Probablemente, el estrato de plástico que deje nuestra civilización sea uno de nuestros legados geológicos [4]. Un legado geológico de cuyas consecuencias ecológicas se tienen cada vez más indicios: la vida marina no solo incorpora estos residuos a sus hábitos (para depositar huevos o desplazarse, por ejemplo), sino que existen evidencias de ingestión y ahogamientos en diversidad de organismos [5].

El plástico no afecta a la salud, afecta al medioambiente

Actualmente no hay evidencias científicas suficientes para preocuparse por los efectos toxicológicos de estos plásticos, y es por ello por lo que su uso está permitido en cosmética, porque no acarrean ningún riesgo para la salud. El problema no es sanitario, sino de carácter medioambiental.

Esa imagen que guardamos en la memoria de plásticos formando enormes islas compactas y flotantes, aunque sea un mito, ayudó a la concienciación sobre el problema medioambiental. Aunque existen proyectos para ‘limpiar’ el plástico de los océanos, esa tarea se ha convertido en algo inabarcable [6]. Es por ello por lo que se ha puesto el foco en tierra, no en mar: hay que evitar que los microplásticos lleguen al mar.

Aunque sólo el 1,5% del plástico que llega al mar son microplásticos y esto no parece demasiado, la parte que aporta el uso de estos cosméticos puede eliminarse con relativa sencillez.

¿Por qué los exfoliantes llevan microplásticos y no otras sustancias?

Los microplásticos empezaron a emplearse en los productos exfoliantes porque suponían ventajas frente al uso de otras sustancias abrasivas. La principal ventaja estriba en su carácter inerte y su ligereza. A la hora de formular cosméticos, es interesante que estas partículas no afecten a la estabilidad y conservación del producto. Los plásticos que se emplean se mantienen inalterables y resulta sencillo mantenerlos en suspensión. Esto se vuele más complejo si utilizamos partículas biodegradables, ya que son menos estables y pueden reducir la vida útil del producto.

Otra ventaja frente a algunos exfoliantes minerales, como los que contienen piedra pómez o roca volcánica pulverizada, es que los microplásticos son menos agresivos para la piel. Estos exfoliantes minerales no siempre pueden utilizarse sobre el rostro, sobre pieles secas o sensibles, ya que de por sí son sustancias deshidratantes. Los microplásticos se convirtieron en la opción idónea para formular productos cosméticos de alta calidad y específicos para pieles sensibles.

Los laboratorios cosméticos se alían contra los microplásticos

En Estados Unidos el uso de microplásticos en productos cosméticos estará prohibido, por motivos medioambientales, a partir de julio de 2017 [7]. Esta ley afecta también a otras industrias que los emplean, como el sector textil y otros sectores industriales (ingredientes de tintas de impresión, pinturas spray, molduras de inyección y abrasivos).

En cambio, el uso de microplásticos en cosmética sigue estando permitido en la Unión Europea, ya que no suponen ningún riesgo para la salud. Aun así, importantes laboratorios cosméticos han optado por dejar de utilizar microplásticos y emplear otras sustancias en su lugar. La motivación de estos laboratorios radica en su filosofía de marca. Para algunos, la cuestión medioambiental es suficientemente relevante como para modificar sus productos.

Dependiendo de la naturaleza del producto cosmético y sus indicaciones, los microplásticos se han cambiado por sales, semillas, minerales o cáscaras troceadas de diferentes frutas.

Este exfoliante específico para pieles sensibles contenía polietileno. Actualmente contiene mineral perlita.

Este proceso de cambio es más complejo de lo que puede parecer a simple vista: implica investigar nuevas opciones, adaptarlas a la indicación original del producto (no es lo mismo un producto para pieles secas o pieles grasas, por ejemplo), cambiar la formulación de un gran número de productos (no sólo de la sustancia abrasiva, sino del conjunto de componentes), volver a evaluarlos y pasar todos los controles de calidad como si se tratase de un producto nuevo.

Algunos laboratorios han iniciado las modificaciones de sus productos hace años. Algunos emprendieron estos cambios ya en 2013 [8]. Y durante este año, 2017, ya habrán modificado la formulación de todos sus productos para que ninguno contenga microplásticos.

Los laboratorios de mayor impacto en el mercado cosmético y en las tendencias de consumo ya han cambiado sus productos. Será cuestión de tiempo, de poco tiempo, que todos los demás, si quieren sobrevivir, tengan que sumarse a esta iniciativa sin microplásticos.

A veces la responsabilidad medioambiental de las empresas se adelanta a la ley. Que sirva de precedente.

Fuentes:

[1] Exfoliación química. Dermatología estética. Rubin, Mark G. Editorial Elsevier España, 2007.

[2] Océanos de plástico. Reportaje de Silvia Blanco y Elsa Fernández-Santos para El País Semanal, 2016.

[3] Las microesferas cosméticas que contaminan los mares. América Valenzuela. QUO, 2016.

[4] The Arctic Ocean as a dead end for floating plastics in the North Atlantic branch of the Thermohaline Circulation. Andrés Cózar, Elisa Martí, Carlos M. Duarte, Juan García-de-Lomas, Erik van Sebille, Thomas J. Ballatore. Science Advances, 2017.

[5] Use of Micro-Plastic Beads in Cosmetic Products in Europe and Their Estimated Emissions to the North Sea Environment. T. Gouin, J. Avalos, I. Brunning, K. Brzuska, J. de Graaf, J. Kaumanns, T. Koning, M. Meyberg, K. Rettinger, H. Schlatter, J. Thomas, R. van Welie, T. Wolf. SOFW Journal, 2015.

[6] El joven holandés que está obsesionado con sacar el plástico del mar. BBC Mundo, 2015.

[7] H.R. 1321, the “Microbead-Free Waters Act of 2015,” which prohibits the manufacture and introduction into interstate commerce of rinse-off cosmetics containing intentionally-added plastic microbeads. The White House, Office of the Press Secretary. December 28, 2015.

[8] Eliminación gradual de las microesferas de plástico. Nota de prensa de L’Oréal, 2016.

Sobre la autora: Déborah García Bello es química y divulgadora científica

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