Pena de muerte contra el fraude científico

Una de las grandes tendencias en el mundo científico durante las últimas décadas ha sido el imparable avance de China. Decidido a ser una potencia de alcance mundial el gobierno chino ha ejecutado una deliberada estrategia de desarrollo de la ciencia y la tecnología que comenzó hace muchos años, cuando de repente los laboratorios del mundo en múltiples especialidades se llenaron de estudiantes doctorales y postdoctorales provenientes de aquel país con especial hincapié en determinados campos que se consideraron estratégicos. Estos estudiantes regresaron a China, donde montaron laboratorios y centros de investigación conectados a la comunidad científica internacional; miles, centenares de miles de nuevos puestos de trabajo se crearon en estos campos, y se comenzó a desarrollar una verdadera invasión de publicaciones de equipos chinos que después se transformó en un diluvio de nuevas revistas especializadas creadas específicamente para este mercado. El país ha ejecutado un salto científico enorme desde finales del siglo XX como parte de una clara estrategia política: el gobierno ha decidido que la ciencia es clave para el estátus de potencia mundial de China.

El problema es que inevitablemente el fomento por parte de un estado de cualquier cosa provoca el desarrollo paralelo de un fenómeno de picaresca: los espabilados de turno se aferran a la tradicional corta visión de las burocracias para aprovecharse de los incentivos (económicos, profesionales, sociales) que se usan para desarrollar un campo, en este caso la ciencia. Y surge el fraude, en múltiples formas y variedades. La ciencia trucha en China se ha convertido en un auténtico problema, y no sólo para el gobierno local y su despilfarro de recursos en resultados falsos: el volumen de publicación es tal que se corre un riesgo real de que acabe contaminando el avance científico en todo el mundo. Para dar una idea según algunas estimaciones de científicos chinos del área de biomedicina hasta el 40% de todas las publicaciones locales de su sector podrían contener algún tipo de fraude. Esto supone un problema colosal, dado el enorme número de publicaciones que salen hoy de aquel país.

Las instituciones chinas han tomado cartas en el asunto, castigando ejemplarmente los casos que han salido a la luz con penas que incluyen la devolución del dinero concedido en forma de proyectos de investigación. Los departamentos encargados de supervisar el sistema de investigación están preocupados por la reputación internacional de China tras escándalos como la reciente retracción en masa de 107 artículos que se habían publicado en una revista (Tumor Biology) tras pasar una falsa revisión por pares en la que los presuntos revisores no existían. El Ministerio chino de Ciencia y Tecnología ha anunciado una política de ‘tolerancia cero’ con las falsificaciones y los fraudes. Una política que en algunos casos puede acabar con duras penas de prisión para los investigadores responsables de malas conductas científicas, y hasta potencialmente en la pena de muerte.

Sí: en el caso de que se pueda demostrar que una falsificación de datos científicos haya dañado a personas, por ejemplo en pruebas clínicas de medicamentos, el castigo podría llegar hasta la ejecución de los culpables. Según sentencias emitidas por algunos tribunales chinos no hay diferencia entre la falsificación de datos científicos y la falsificación de moneda, por lo que las penas de cárcel están garantizadas; pero en caso de que se perjudique a terceros se podría llegar en principio a la pena de muerte. Cosa que en China no es ninguna tontería: se trata del país con mayor entusiasmo con esta institución penal abolida en muchas partes del mundo, pero que allí se sigue practicando. Se calcula que el país ejecuta a más de 2.o00 prisioneros al año por diversos delitos que incluyen casos graves de soborno o corrupción, aunque las cifras exactas no son conocidas.

El fraude científico es, en esencia, una forma de crimen especialmente poco inteligente, ya que la naturaleza no hace trampas y las posibilidades de que las falsificaciones e invenciones no se descubran (tarde o temprano) es cero. La ciencia como cuerpo de conocimiento a la larga no sale dañado porque los datos espurios son eliminados por posteriores investigaciones: cualquier falsificación sobre el comportamiento del universo acaba por colisionar con la realidad y es eliminada. Para la ciencia es una pérdida de tiempo y una molestia que detrae recursos de los investigadores serios y retrasa el avance. Para las burocracias que financian la actividad científica, sin embargo, se trata de una estafa, pura y simple: el robo de unos recursos obtenidos con premisas falsas y un insulto a la autoridad que concede esos recursos. Por el bien de la ciencia como actividad y como conocimiento es necesario luchar contra el fraude, que supone un desperdicio y una pérdida de tiempo y dinero, y en ese sentido la postura de las autoridades chinas es encomiable. Aunque es obvio que la pena de muerte supone un castigo un tanto excesivo para el fraude científico, y rechazable en cualquier caso.

Sobre el autor: José Cervera (@Retiario) es periodista especializado en ciencia y tecnología y da clases de periodismo digital.

6 Comentarios

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Gabriel GonzalezGabriel Gonzalez

Realmente es una tontería matar a una persona por fraude científico, porque en definitiva ni la misma ciencia es dueña de la verdad. Es mucho más productivo, aunque costoso, el hacer saber a la sociedad las razones de porque esas personas están equivocadas. 🤔

GuillermoGuillermo

Creo que no lo has entendido: no es que alguien se equivoque y el gobierno les tache de criminales; es que, dadas las altas subvenciones que concede el gobierno chino a las investigaciones científicas, alguien a sabiendas publique algo sin sentido científico sólo para recibir la subvención (eso es estafa, sin más), y, en el caso de que haya daños a terceros (imagina que yo sin tener ni idea digo que he inventado unas pastillas que curan el cáncer cuando en realidad lo aceleran, lo que sería algo cercano al asesinato) en ese caso se estudiaría aplicar la pena de muerte, algo demasiado exagerado a mi entender; pero que el tipo que lo haga es culpable de algo cercano al asesinato, de eso no tengo duda.

P.D.: La ciencia no está en posesión de la verdad, pero tiende a acercarse a un tipo de verdad (la científica en cada una de sus materias) con un determinado margen de error, el progreso de la ciencia se da acortando este margen de error.

Esmeralda Mallada InvernizziEsmeralda Mallada Invernizzi

Completamente de acuerdo con Gabriel González. La pena de muerte no se justifica nunca. Sería mejor obligar al infractor a trabajar por un período sin remuneración, solo con mantenimiento en prisión. Parte de ese trabajo debería ser explicar las razones por las que sus afirmaciones eran erróneas, eso podría reducir el costo de esa explicación.

Paco GoroPaco Goro

Equipararlo a la falsificación de la moneda me parece muy apropiado.

joselejosele

El daño de un fraude científico puede ir más allá de simples pérdidas de tiempo en el avance de la ciencia o de dinero para el gobierno.
Se pueden dar casos como la asociación de vacunas y autismo, que pese a ser refutado por la ciencia, ha generado un movimento imparable de fanáticos que pone en peligro la vida de muchas personas.
A veces la verdad no basta para atajar una mentira.

Hitos en la red #172 - Naukas

[…] una parte tenemos a una superpotencia en la que hay Pena de muerte contra el fraude científico, y ya está abierto el doble debate, el de la pena de muerte y el de si el fraude científico es […]

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