El Rubius hace un vídeo de química y la lía parda

El último vídeo que el Rubius subió a su canal ha superado los 6 millones de reproducciones en sólo cuatro días. Se trata de la primera entrega de lo que será una serie de vídeos sobre experimentos científicos. Y para experimentos científicos chulos, están las reacciones químicas redox. Eso es lo que hace el Rubius durante todo el vídeo, diferentes versiones de la reacción redox conocida como «pasta de dientes de elefante».

Es una reacción química muy atractiva que muchos profesores de ciencias y divulgadores hemos hecho más de una vez. Es un triunfo asegurado. Existen varias versiones, pero el resultado de todas ellas es que el agua oxigenada se oxida. No es una redundancia. Cuando el agua oxigenada se oxida, libera oxígeno gaseoso.

El agua oxigenada se denomina peróxido de hidrógeno o, como también la llama el Rubius, «esta vaina loca». El agua oxigenada que normalmente tenemos en casa, la de uso sanitario, suele ser peróxido de hidrógeno disuelto en agua con una concentración del 3-4%. El agua oxigenada que el Rubius utiliza para este experimento está más concentrada, es peróxido de hidrógeno al 12%. Es imprescindible que el agua oxigenada tenga una concentración superior al 9% para que el experimento sea vistoso. Por eso hay que tener especial precaución al manipularla. El Rubius se pone guantes y gafas protectoras, siguiendo las advertencias de seguridad del envase. El pictograma de peligrosidad que figura en la etiqueta es el de sustancia corrosiva. Efectivamente el peróxido de hidrógeno es capaz de producir quemaduras en la piel y en los ojos.

El agua oxigenada se descompone de forma natural en agua y oxígeno, pero esto sucede tan lentamente que no se percibe. Para favorecer esta reacción se pueden utilizar varios métodos. O bien añadir una sustancia que sirva de catalizador, es decir, una sustancia que acelera esa descomposición. O bien añadir una sustancia oxidante (con un potencial de oxidación mayor que el del agua oxigenada).

Como catalizador se suele emplear un yoduro (normalmente la sal yoduro potásico). El yoduro reacciona con el peróxido de hidrógeno liberando agua e hipoyodito, y el hipoyodito reacciona con el peróxido de hidrógeno liberando oxígeno y volviendo a su estado inicial de yoduro. Es decir, que el yoduro empieza y termina la reacción de la misma manera, mientras que el peróxido de hidrógeno se transforma en agua y oxígeno. Cuando una sustancia es capaz de provocar una reacción química sin alterarse, se denomina catalizador. Si la sustancia cambia, ya no sería un catalizador, sino un reactivo.

El Rubius no utiliza un catalizador de yoduro, sino que utiliza otra sustancia como reactivo llamada permanganato potásico. El permanganato potásico es un fuerte oxidante de un intenso color violeta. En contacto con el peróxido de hidrógeno consigue oxidarlo a agua y oxígeno. Por su parte, el permanganato potásico sufre una reducción, la reacción inversa a la oxidación. Esta reducción se aprecia en el cambio de color de violeta a marrón.

Cuando una sustancia se oxida ocurre a costa de que otra sustancia de reduzca. Por eso a este tipo de reacciones químicas las llamamos reacciones redox.

En el envase del permanganato que el Rubius muestra a cámara figuran dos pictogramas de peligro. El primero indica que se trata de una sustancia comburente, es decir, que puede provocar o agravar un incendio o explosión. El segundo pictograma, el que llama más la atención del Rubius es el que contiene un signo de exclamación. Él lo llama «hazardous, hazard», que significa peligroso, peligro. Efectivamente eso es lo que significa ese pictograma: peligroso para la salud. La etiqueta también incluye como advertencias de seguridad el uso de guantes y gafas. El permanganato puede provocar quemaduras en los ojos y en la piel.

En la primera parte del experimento, el Rubius echa una cucharada de permanganato en una botella de vidrio a la que llama «instrumento 100tífiko». Sobre este polvo de permanganato vierte directamente un vaso de peróxido de hidrógeno. El Rubius dice «No sé si es buena idea, así que me voy a apartar un poco». Instantáneamente sale disparado un chorro de gas de la botella. Por suerte para el Rubius ese gas no es peligroso, ya que se trata de oxígeno y vapor de agua. «Esto no lo había hecho antes. No sabía que iba a reaccionar así». Aquí es cuando los técnicos en prevención y riesgos laborales se ponen nerviosos.

A continuación, hace un nuevo experimento utilizando unas sustancias más: agua, jabón y colorante azul. Primero echa una cucharada de permanganato, añade un poco de agua y agrega un chorro de fairy. Agita la botella hasta que todo esté completamente mezclado y el permanganato disuelto. En las paredes internas del cuello de la botella echa un poco de colorante azul. «Espero que esto funcione. No sé qué coño va a pasar. Sólo he visto tutoriales en Youtube, sinceramente».

Sobre esta mezcla añade un vaso de peróxido de hidrógeno. Inmediatamente sale disparada una columna de espuma blanca. Esta espuma va arrastrando parte del permanganato, que la tiñe de rosa y marrón, y parte del colorante, que la tiñe de azul. El Rubius exclama «¡Loco, qué bonito!».

La reacción que ha ocurrido es la misma que la anterior, una reacción redox en la que el peróxido de hidrógeno se oxida a agua y oxígeno, y el permanganato se reduce. Lo que sucede esta vez es que el gas oxígeno que se forma se queda atrapado en la disolución jabonosa, formando una gran cantidad de espuma. Cuanto más espumante contenga el jabón (ya sea fairy o cualquier otro jabón), saldrá más cantidad de espuma y de mayor densidad.

«Según Google no pasaría nada si lo toco, pero nunca os fieis de Google». Aun así, el Rubius toca la espuma. Dice que está calentita y que le recuerda al puré de patatas.

A continuación, el Rubius repite el experimento a mayor escala en la terraza de su casa. Os animo a verlo. Pero antes de terminar, como química debo hacer una advertencia de seguridad para que nadie la líe parda: por muchos tutoriales de Youtube que hayas visto, si no sabes nada de química jamás hagas un experimento con sustancias peligrosas. Porque como dice el Rubius, “no sabes qué coño va a pasar”.

Sobre la autora: Déborah García Bello es química y divulgadora científica

1 Comentario

Deja un comentario

Gonzalo AparicioGonzalo Aparicio

Buenos días: El ‘experimento’ del tal Rubius me ha traído el recuerdo del intento alemán de conseguir un avión cohete (el Me-163) utilizando dos sustancias químicas, C-Stoff y T-Stoff, una de las cuales era agua oxigenada de muy alta concentración. Es un reactivo muy peligroso como se demostró varias veces con pilotos abrasados o disueltos por fallos de estanquidad en los depósitos del avión.
Creo que también se intentó usar como propulsor de torpedos rápidos y en algunos cohetes, pero de eso no tengo información.
Quizás sería interesante resucitar esas viejas historias como ilustración de reacciones químicas redox por un lado y como advertencia de que el peróxido de hidrógeno se debe manejar con cuidado extremo (o mejor no manejar) porque en concentraciones relativamente altas, como las del imprudente experimento de YouTube, puede ser inestable en contacto con partículas de suciedad o elementos metálicos.
Gracias por el interesante artículo.

Deja un comentario

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>