Vamos a la piscina

Nadar y otros ejercicios en el agua son una buena práctica de ejercicio físico y, por tanto, recomendables como conducta saludable. Si no es posible hacerlo en la naturaleza, en aguas libres, siempre se puede ir a la piscina, incluso durante todo el año. Allí se hace ejercicio con la natación, con otros deportes acuáticos, o hay diversión con juegos y con otras actividades educacionales o de rehabilitación. Participan personas de toda edad y condición y, por ello, con todo tipo de normas higiénicas. Como cuentan Yuli Ekowati y sus colegas, del Instituto de Educación del Agua de Delft, en Holanda, los riesgos para la salud en las piscinas pueden tener variados orígenes.

En primer lugar, del agua y de los productos químicos que se añaden, sobre todo desinfectantes, para mantenerla limpia y transparente. Y, en segundo lugar, de las sustancias que llegan con los propios bañistas. Son sudor, orina, restos de jabón, cosméticos, aceites bronceadores, protectores solares, saliva, moco, pelo, sangre, materias fecales o vómitos. Allí, en el agua de la piscina, hay restos de todas las sustancias que los bañistas transporten.

Los desinfectantes, la mayoría basados en el cloro o el bromo, son los compuestos más abundantes en el agua de las piscinas. Paro, como aparece en la revisión de Rhys Carter y Cynthia Joll, de la Universidad Curtis Perth, en Australia, son derivados de esos desinfectantes los que pueden ser un riesgo para la salud de los bañistas. Incluso se han detectado alguno de esos compuestos en el aire que se respira en las piscinas cubiertas.

Entre los riesgos para la salud están desde los más habituales, como la dermatitis, irritación ocular o problemas respiratorios, hasta los menos frecuentes como el asma o algunos tipos de cáncer. Hay que resaltar que algunos de estos riesgos se han detectado por estudios epidemiológicos, es decir, porque aparecen a la vez que esos compuestos en el agua de la piscina, pero todavía no se conoce el modo de acción.

Para Francesca Gallè y su grupo, de la Universidad de Nápoles, uno de los problemas más graves son las posibles infecciones por materias fecales o por otros vertidos. La desinfección del agua de la piscina es esencial. Sin embargo, como decía, esos mismos desinfectantes pueden reaccionar con los productos de la piscina y los compuestos resultantes ser también un riesgo para la salud.

Los autores encuentran que, como media, con treinta minutos de ejercicio físico, sea deporte o diversión, en la piscina aparecen 37.1 miligramos de urea.

Para entrar en detalles podemos repasar un estudio sobre el contenido en orina en 250 muestras, tomadas durante tres semanas, de 31 piscinas de Alberta, en Canadá, publicado por el grupo de Lindsay Blackstock, de la Universidad de Alberta en Edmonton. Utilizan de marcador, para conocer la cantidad de orina en el agua, el acesulfamo de potasio, un edulcorante sintético estable, muy utilizado en varios alimentos, y que se elimina en la orina.

Encuentran el edulcorante en el agua de la piscina en concentraciones hasta 570 veces más altas que en el agua potable. Son concentraciones que suponen hasta 75 litros de orina en casi 800000 litros de agua, más o menos el equivalente a un tercio de una piscina olímpica. O sea, que en una piscina olímpica puede haber hasta unos 225 litros de orina. Por lo menos en Alberta, Canadá. O, como dicen los autores, es una “piscina muy dulce”, por lo del edulcorante que encuentran en cantidad.

A pesar de que se considera una conducta tabú, hasta el 19% de los adultos en Estados Unidos reconoce que ha orinado en la piscina por lo menos una vez. Es más, se ha calculado que, de media, la excreción de orina por nadador es de unos 70 mililitros. El grupo de Blackstock termina su estudio con una recomendación a cada uno de los usuarios: “¡Disfruten de la natación y dejen de hacer pis en las piscinas!”.

Es el grupo de Francesca Gallè el que sospecha que una de las causas de que los usuarios orinen en la piscina es que ignoran las reglas que se deben cumplir en estos baños comunitarios. Lo estudian con los bañistas de seis piscinas de Rimini, en Italia. Hacen encuestas a 184 adultos y a 184 niños y adolescentes.

Aunque más del 80% dice conocer las reglas, hay quienes no las cumplen y, así, no llevan gafas protectoras cerca del 20%, tanto jóvenes como adultos; no se lavan los pies antes de entrar en la piscina el 10% de los adultos; o cerca del 3% no utiliza el gorro de baño. Y, por tanto, hay quien orina en la piscina, aunque las reglas digan que no debe hacerlo.

A todas las edades el cumplimiento de las reglas aumenta cuantas más veces se va a la piscina. Entre los adultos, cumplen más las reglas quienes conocen el riesgo para la salud que supone no hacerlo.

En el estudio que he mencionado más arriba, y que lidera Yuli Ekowati, intervienen varios investigadores de Barcelona y Girona y, por ello, los muestreos se hacen en 17 piscinas de centros de deportes y hoteles de Cataluña, en tres días durante el mes de septiembre de 2014, con un total de 51 muestras de agua.

Encuentran 32 medicamentos y 14 protectores solares. Entre los fármacos están, entre otros, el atenolol, para enfermedades cardiovasculares; el paracetamol; el diurético hidroclorotiazida, con las mayores concentraciones; o la carbamazepina, que está en el 53% de las muestras, y se utiliza para los dolores del trigémino o en la depresión y el síndrome bipolar. Alguno de los protectores solares aparece en el 59% de las muestras.

Otra investigación similar en Estados Unidos confirma la presencia de todo tipo de productos en las piscinas. El grupo de ShihChi Weng, de la Universidad Purdue, en Indiana, analizó el agua de tres piscinas utilizadas por estudiantes. Las muestras se tomaron en enero, para la época invernal, y en julio, para el verano. Encontraron hasta 32 compuestos como los que ya conocemos y, en este caso, destacan el ibuprofeno, el paracetamol, la cafeína y el DEET, un conocido y muy utilizado repelente de mosquitos.

Referencias:

Blackstock, L.K.J. et al. 2017. Sweetened swimming pools and hot tubs. Environmental Science and Technology Letters 4: 149-153.

Carter, R.A.A. & C.A. Joll. 2017. Occurrence and formation of diinfection by-products in the swimming pool environment. A critical review. Journal of Environmental Sciences 58: 19-50.

Ekowati, Y. et al. 2016. Occurrence of pharmaceuticals and UV filters in swimming pools and spas. Environmental Science and Pollution Research doi: 10.1007/s11356-016-6560-1

Gallè, F. et al. 2016. Health-related behaviors in swimming pool users: Influence of knowledge of regulations and awareness of health risks. International Journal of Environmental Research and Public Health doi: 10.3390/ijerph13050513

Manasfi, T. et al. 2017. Occurrence, origin, and toxicity of disinfection byproducts in chlorinated swimming pools: An overview. International Journal of Hygiene and Environmental Health 220: 591-603.

Weng, S. et al. 2014. The presence of pharmaceuticals and personal care products in swimming pools. Environmental Science and Technology Letters 1: 495-498.

Zheng, Q. et al. 2017. Keep swimming but stop peeing in the pools. Journal of Environmental Sciences doi: 10.1016/j.jes.2017.03.006

Sobre el autor: Eduardo Angulo es doctor en biología, profesor de biología celular de la UPV/EHU retirado y divulgador científico. Ha publicado varios libros y es autor de La biología estupenda.

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