Lo que funciona, y lo que no, contra la Covid-19

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Foto: Camila Pérez / Unsplash

Está en marcha un experimento a escala planetaria. Nunca antes tantos países habían sido, a la vez, sujetos y objetos de experimentación de forma simultánea. La primera gran pandemia del siglo XXI ha obligado a adoptar una batería de medidas no farmacológicas para limitar los expansión del virus SARS-Cov2 y reducir así las hospitalizaciones y muertes debidas a la Covid-19. En el experimento cada país o cada región está aplicando un conjunto de medidas, las que considera más efectivas. Y un equipo de investigación, combinando cuatro metodologías diferentes, ha estimado el grado de efectividad de cada medida en virtud de su capacidad para reducir la multiplicación del virus.

Las que de forma más eficaz contribuyen a reducir la expansión del SARS-Cov2 son las que evitan que las personas se junten y las que limitan sus movimientos. A esos propósitos obedecen la suspensión de reuniones de no demasiada gente (menos de 50 personas) durante mucho tiempo (en tiendas, restaurantes, bares, centros de trabajo), el cierre de centros docentes (principalmente de estudiantes de entre 10 y 19 años), los toques de queda, las limitaciones a viajar entre países, los confinamientos, y la suspensión de actos multitudinarios.

Algunas de esas medidas tienen efectos muy negativos sobre la salud. El cierre de centros escolares acarrea, potencialmente, una peor alimentación, estrés y aislamiento social de los afectados. El confinamiento domiciliario provoca una mayor violencia familiar contra las mujeres y los menores de edad. Además, reduce el acceso a la atención sanitaria, lo que eleva, incluso, la mortalidad. Por si eso era poco, no está clara la efectividad real de esa medida, porque suele implantarse a la vez que se adoptan otras muy efectivas. Por esa razón, los autores de la investigación no la consideran recomendable salvo, quizás, si se implanta en fases muy tempranas de la expansión de la pandemia.

Dados los efectos adversos -también sobre los derechos y libertades- de las medidas anteriores, los gobiernos han considerado y aplicado opciones alternativas. Y resulta que, curiosamente, medidas no intrusivas han mostrado gran efectividad, mayor incluso que la de algunas restrictivas. Es el caso de la disponibilidad de mascarillas para todos; las campañas para informar a la ciudadanía, específicas de cada tipología de destinatario; o las ayudas económicas a personas con pocos recursos o en situación vulnerable para que no sufran económicamente en caso de no poder acudir al trabajo o mantener su actividad económica. También resulta sorprendente que la implantación, con carácter obligatorio, de ciertas medidas apenas resulte más efectiva que las campañas de comunicación que promueven la adopción de esas mismas medidas de forma voluntaria.

Por el contrario, actuaciones a las que se ha dado mucha importancia no cuentan con suficiente respaldo. Por ejemplo, no parece estar justificada la limpieza y desinfección sistemática de superficies; las limitaciones al transporte público, pues los vehículos no parecen ser enclaves que propicien la expansión del virus; o el cierre de parques o museos. El estudio no ha podido contrastar la efectividad de las campañas de detección de personas contagiadas, y trazado y aislamiento de sus contactos, seguramente porque la mayor parte de los datos se obtuvieron en marzo y abril, cuando la mayoría de los países experimentaron la mayor incidencia de la epidemia y carecían aún de buenos sistemas de trazado.

El experimento planetario ha puesto de manifiesto que lo que creemos saber hoy quizás no sea válido mañana, porque el conocimiento es contingente y siempre provisional. La ciencia se corrige a sí misma. Esa es la razón por la que avanzamos y tomamos cada vez mejor decisiones.

Fuente: Haug, N., Geyrhofer, L., Londei, A. et al. (2020) Ranking the effectiveness of worldwide COVID-19 government interventions. Nat Hum Behav doi: 10.1038/s41562-020-01009-0

Nota: Para quien interese, Elhuyar ha publicado una reseña de este mismo trabajo en lengua vasca.

Adenda (sobre la importancia de la ventilación de locales): Los resultados y conclusiones del estudio de Haung et al (2020) se basan, como se indica en el texto, en datos procedentes de los meses de marzo y abril. Existía el convencimiento entonces de que las principales vías de contagio eran, por un lado, el contacto con superficies (de ahí la importancia que se daba a la limpieza de manos y a no tocarse la cara, por ejemplo); y por el otro, las gotículas que se expelen al toser o estornudar (por lo que se empezó a recomendar el mantenimiento de una distancia de 2 m entre personas y, más adelante, el uso de mascarillas en espacios cerrados o, en general, muy concurridos). Pero en aquellos meses no se recomendó la ventilación de los locales porque no había evidencias suficientes de que los aerosoles pudiesen ser una vía importante de contagio. Los primeros datos que avalaban esa posibilidad se empezaron a publicar en la prensa científica a finales de abril. A partir de mayo se empezó a recomendar la ventilación de lugares cerrados. En junio, ya había evidencias suficientes al respecto. Y en julio muchos investigadores ya pensaban que el riesgo de transmisión aérea del coronavirus se estaba infravalorando. En definitiva, el trabajo reseñado aquí no considera la ventilación de los locales como una medida potencialmente eficaz por la sencilla razón de que en los meses de marzo y abril, por carecer de evidencias firmes en ese sentido, no se promovió esa medida. Durante la segunda ola, sin embargo, dadas las evidencias abrumadoras al respecto, se recomienda mantener los locales bien ventilados con carácter general.


Sobre el autor: Juan Ignacio Pérez (@Uhandrea) es catedrático de Fisiología y coordinador de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU

1 comentario

  • Avatar de Gödel

    Lavarse las manos, no saludar de mano (ni de codo) y no tocarse la cara. Tan universales y efectivas (no sólo para la CoViD), y tan olvidadas. Quedarse en casa, otra más efectiva. No reunirse ni acercarse tanto a la gente, también (como lo demuestran las simulaciones tipo Montecarlo).

    La idea es recordar que el virus está principalmente EN LA SALIVA.

    Si a alguno de los lectores no les ha tocado recibir el estornudo de alguien más en el transporte público, se entenderá que digan que evitar el transporte público no funciona (en lo personal, así me contagiaron alguna vez de catarro).

    El cubreboca sólo sirve hacia los demás y casi nada hacia uno, y siempre que se le trate como a la ropa interior, es decir, si no se le toca o en caso de tocarlo se lava uno las manos, además de lavarlo antes de volver a usarlo. Después de todo, el cubreboca al igual que la ropa interior lidia con nuestros fluidos.

    Si después de acomodar el cubreboca no se lava uno las manos y posteriormente se saluda de mano a alguien, o se dirige la mano a la manija de la puerta de la oficina, entonces no sirve de nada llevarlo puesto. Es aconsejable colocar un alambrito en el área de la nariz, para evitar que se mueva al hablar. También es bueno desinfectar los objetos que todos tocan (cerrojos de puertas, por ejemplo).

    Las caretas de plástico sólo sirven para evitar tocarse la cara; si se mete la mano debajo de la careta para rascarse la nariz, entonces es mejor quitársela, porque da lo mismo.

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