Reflejando el sol

Fronteras

Estos días de verano con intenso calor, cada vez que me subo a mi coche, completamente negro, después de tenerlo aparcado en la calle varias horas, me acuerdo de un efecto muy poco conocido, pero realmente importante para el cambio climático. Recuerdos que también me vinieron a principios de agosto, cuando me puse pantalones cortos por primera vez este año y me percaté de que el tono de piel de mis pernas le hacía honor a mi nombre, tanto que parecían incluso despedir un brillo propio. Me estoy refiriendo al efecto albedo.

De manera resumida, el albedo se refiere a la cantidad de radiación que es capaz de reflejar una superficie con respecto al total de energía que incide sobre ella. Es una propiedad que no tiene dimensiones y su valor se expresa dentro de un rango comprendido entre 0 y 1 o en su versión porcentual entre 0 y 100%, de tal manera que las superficies que reflejan poca energía (es decir, que absorben casi toda la radiación que incide sobre ellas) tendrán un albedo muy bajo, con valores cercanos a 0, mientras que las superficies que reflejan la mayoría de la radiación que les llega tendrán valores de albedo altos, próximos a 1 o al 100%.

Albedo, en latín, blancura

Albedo es una palabra que procede de la raíz latina albus, que significa blanco. Esto ya nos da una pista de la característica física de las superficies que principalmente determina el valor del albedo de las mismas, el color. En concreto, las superficies de colores más claros tienen un valor de albedo más alto, ya que apenas absorben la radiación que incide sobre ellas, reflejando la mayoría de esa energía, mientras que las de colores más oscuros tienen un albedo muy bajo puesto que tienen una mayor capacidad de absorción de dicha radiación.

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Valores promedio de albedo de diferentes superficies terrestres. Infografía: Johns Hopkins University

A escala planetaria, la Tierra recibe radiación directamente del Sol y, como cualquier superficie, es capaz de absorber parte de esa energía y reflejar, enviando de nuevo al espacio, la otra parte de la misma. De esta manera, el planeta tiene un valor promedio aproximado de albedo de 0.3, es decir, que refleja prácticamente el 30% de la radiación solar, absorbiendo el 70% restante.

Pero, como he dicho, esto es un promedio. Hay superficies en la Tierra de colores más oscuros, como ciertas rocas de tonalidades casi negras, frondosas masas boscosas verdes oscuras o grandes zonas oceánicas profundas de coloración azul grisácea que presentan bajos valores de albedo al absorber mayor radiación solar y, por tanto, se calientan más fácilmente. Pero otras partes de nuestro planeta tienen colores claros, incluso blancos, tales como las áreas heladas cercanas a los polos. Aquí, se refleja casi toda la radiación, por lo que el albedo es muy alto, provocando que la temperatura sea también más baja en estas zonas. Esta diferenciación en el albedo de nuestro planeta es uno de los principales mecanismos que controla la circulación atmosférica y el intercambio de calor entre las áreas ecuatoriales y las polares. Es decir, que el albedo influye directamente en el clima que tenemos en la Tierra.

Pero las actividades humanas también pueden influir en esta propiedad física de las superficies y, por tanto, provocar variaciones o alteraciones del clima a una escala temporal que nos afecta de manera directa. Una de las acciones más directas ha sido alterar el color de la nieve, que se verá reflejado en el color que tendrá el hielo acumulado en zonas de altas latitudes. Parece complicado hacer eso, pero nada más lejos de la realidad.

Desgraciadamente, ahora estamos viendo como cae ceniza de color oscuro en muchas partes de la Península Ibérica debido a los incendios forestales que azotan nuestros montes. Pues lo mismo provocamos con la quema incontrolada de carbón que tuvo lugar hace unos siglos y que todavía se mantiene en ciertas partes de nuestro planeta. Esa ceniza presente en la atmósfera es capaz de teñir la nieve de colores más oscuros que, al depositarse como capas de hielo en latitudes altas, tendrá un valor de albedo inferior al de la nieve más pura, aumentando su absorción de radiación solar y su temperatura, generando a su vez un incremento en su velocidad de fusión. Y cuando este hielo se funde, se generan masas de agua entre las capas heladas, agua que también tiene un menor albedo que el hielo blanquecino y que, nuevamente, contribuye a un aumento de su fusión. Es decir, vamos rompiendo la termorregulación atmosférica y provocamos un incremento en la velocidad de desaparición de las masas heladas polares.

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Valores de albedo a lo largo de nuestro planeta en el año 2005. Imagen: Earth Observatory / NASA

Como os he comentado, el efecto albedo es uno de los factores que determinan el clima en la Tierra, pero ni mucho menos es el único. El cambio climático es un concepto muy complejo donde interfieren un montón de variables que, encima, están interrelacionadas entre sí. El problema ante el que nos enfrentamos actualmente es que, cualquier alteración provocada por la actividad humana en alguno de ellos provoca una respuesta climática que, en muchas ocasiones, no podemos prevenir, ya que no tenemos referentes o análogos en el registro geológico. Aunque a veces intentamos comparar nuestras acciones con los efectos producidos por grandes volcanes explosivos, pero tampoco podemos asegurar que la respuesta climática sea similar.

Además, ahora seguro que entendéis por qué cuando os encontráis con profesionales de la Geología en el campo generalmente llevamos gafas de sol, aunque esté nublado. No es para parecer más guay, es que las rocas de colores claros tienen un albedo alto y no queremos que el reflejo nos deslumbre mientras estamos trabajando.

Para saber más:

Ártico y Antártico se calientan a la vez
Certezas e incertidumbres sobre el cambio climático

Sobre la autora: Blanca María Martínez es doctora en geología, investigadora de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y colaboradora externa del departamento de Geología de la Facultad de Ciencia y Tecnología de la UPV/EHU

2 comentarios

  • Avatar de Jose Antonio Fernández

    Buen artículo. Si esquías y ha habido una tormenta de polvo sahariano, que la tiñe ligeramente de rosa, notas como la nieve se funde más deprisa.
    Y lo de las gafas de sol es lógico. Si esta nublado hay más luz que en un día despejado. La luz se distribuye de una manera uniforme, sin sombras. Buen día para los fotógrafos que hacen retratos al aire libre.

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