Geología sobre esquís

Fronteras

Durante estas semanas están teniendo lugar los Juegos Olímpicos de Invierno en Italia, gracias a los cuales, y aquí reconozco mi ignorancia deportiva, podemos disfrutar de un montón de deportes y modalidades que no sabía ni que existían. Aunque, y de nuevo me sincero, no consigo centrarme en seguir el desarrollo de las pruebas al aire libre porque me dedico a prestarle más atención al paisaje que rodea las pistas olímpicas. Pero esta vez no me siento tan culpable, porque incluso en el vídeo corto que sirve como entradilla en la retrasmisión televisiva de las competiciones, unas montañas cobran todo el protagonismo: las Dolomitas.

Captura de pantalla del vídeo de entradilla de las pruebas deportivas con las montañas Dolomitas resaltadas en el centro de la imagen. Fuente. Fotograma tomado de RTVE

Las Dolomitas son una serie de cordilleras montañosas situadas al sur de los Alpes orientales, en el norte de Italia, y su importancia en estos Juegos Olímpicos radica en que la segunda sede principal, Cortina d´Ampezzo, se sitúa al pie de estas montañas. Pero no es la única, hasta otras cinco localidades emplazadas en las Dolomitas albergan instalaciones en las que se desarrollan los deportes de estos juegos. Todo ello debido a que las laderas y valles dolomíticos son una de las principales zonas europeas para disfrutar de los deportes invernales gracias, como no, a su geología.

Localización de las Dolomitas al norte de Italia (enmarcadas dentro del círculo rojo) y de las sedes de los Juegos Olímpicos de Invierno situadas en las laderas de sus montañas. Fuentes: Mapa topográfico tomado de Google Maps, la localización de las sedes deportivas está tomada de Olympics.

Esta historia comienza hace unos 250 millones de años, en un Periodo geológico llamado Triásico. En aquella época, el supercontinente Pangea aún estaba unido y esta zona de Italia era un mar tropical poco profundo, con aguas cálidas y muy transparentes, en los que vivían algas y otros pequeños organismos con caparazones carbonatados. Esta paz se rompió ligeramente cuando comenzó la rotura de Pangea, hace unos 238 millones de años, porque produjo una serie de erupciones volcánicas submarinas en esta área, depositándose rocas volcánicas entre el barro carbonatado. Pero después de la tormenta llegó otra vez la calma, desarrollándose un nuevo mar tropical tranquilo en el que crecieron abundantes arrecifes de coral. Aunque no duró mucho, ya que, a comienzos del Periodo Jurásico, hace entre unos 200 y unos 180 millones de años, el agua se retiró ligeramente, quedando este lugar como una zona costera con amplias playas por las que paseaban dinosaurios. Sin embargo, el mar no se rindió y recuperó sus dominios, apareciendo así, desde hace unos 180 millones de años hasta finales del Cretácico, una nueva zona marina, más profunda que la anterior, en la que los ammonites fueron los organismos carbonatados protagonistas.

La idílica imagen de mares tropicales se acabó hace unos 65 millones de años, cuando la placa tectónica Africana empezó a moverse hacia el norte, chocando con la placa tectónica Euroasiática. Este empuje produjo que todas las rocas que se formaron desde el Triásico hasta el Cretácico empezaran a ascender, doblándose y fracturándose sin parar. Así, sin prisa pero sin calma, el choque de placas provocó que, en los últimos 10 millones de años, se formasen las enormes elevaciones que hoy conocemos como las Dolomitas. Y, como broche final de esta historia, en los últimos 2 millones de años, los agentes meteorológicos como la lluvia, el viento o las lenguas de hielo que bajaban por las laderas de las montañas, fueran esculpiendo el paisaje actual: crestas, valles y acantilados de paredes casi verticales.

Si me habéis leído en otras ocasiones, seguro que esta historia no os sorprende, porque os la habré contado antes. De hecho, podría valer para muchísimas de las cordilleras más conocidas del mundo, como los Alpes, los Pirineos, los Cárpatos o, incluso, el Himalaya. Entonces, ¿qué hace especial a las Dolomitas? Pues la respuesta a esta pregunta se encuentra en su propio nombre.

Cristales de dolomita encontrados en la cantera de Azcárate (Eugui, Navarra). Fotografía de Didier Descouens / Wikimedia Commons

El barro marino carbonatado que se depositó durante el Triásico tenía calcio y magnesio y acabó convirtiéndose en un mineral llamado dolomita (CaMg(CO3)2), que es el componente principal de la roca conocida como dolomía. Pues es tal la abundancia de este mineral en los Alpes orientales, que fue aquí donde lo descubrió a finales del siglo XVIII un geólogo francés apellidado Dolomieu. Y sí, el nombre del mineral es un homenaje a su descubridor.

Pero aquí no termina su particularidad. A diferencias del Triásico, el barro marino carbonatado formado durante el Jurásico y el Cretácico sólo tenía calcio, generando el mineral calcita (CaCO3) que forma las rocas calizas. Y resulta que la dolomita es un mineral con mayor dureza que la calcita, lo que provoca que la roca dolomía sea más resistente a la acción de los elementos que la caliza, las rocas volcánicas y la arenisca formada a partir de la arena de las playas jurásicas. Por este motivo, las Dolomitas han quedado cinceladas como enormes picos verticales que destacan sobre el paisaje circundante, haciendo que se nos desvíe la vista de las pruebas de esquí a la belleza de las montañas que rodean las pistas.

Y he dejado lo mejor para el final. Gracias a la presencia del magnesio en su composición, la dolomita es un mineral capaz de reflejar la luz solar, provocando, tanto al amanecer como al atardecer, un efecto óptico que confiere unas tonalidades rosadas o violáceas a las montañas de las Dolomitas y que se conoce como “alpenglow” (resplandor alpino) en alemán, o “enrosadira” en italiano. Un motivo más para seguir por televisión los Juegos Olímpicos de Invierno… aunque seguiré sin prestarle atención a los deportes por culpa de la belleza del paisaje en donde se desarrollan.

Efecto de la “enrosadira” en las Dolomitas. Foto: Anna Marchenkova /Wikimedia Commons

Sobre la autora: Blanca María Martínez es doctora en geología, investigadora de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y colaboradora externa del departamento de Geología de la Facultad de Ciencia y Tecnología de la EHU

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