El punto Szilárd: ciencia ficción para reflexionar sobre la ciencia
Aunque la gran mayoría no llegaron a convertirse en autores reconocidos, lo cierto es que muchos científicos escribieron ciencia ficción en algún momento de sus carreras. O al menos recurrieron a la narrativa para volcar en ella sus inquietudes y reflexionar sobre aquello que les preocupaba. Entre ellos, se encuentran Fred Hoyle, J. B. S. Haldane, Norbert Wiener o Alan Turing. También el físico húngaro afincado en Estados Unidos Leó Szilárd, pionero de la energía nuclear más conocido por haber impulsado la creación de la bomba atómica y, una vez convertida en realidad, oponerse a su uso sobre Japón.
Podría decirse que Szilárd pasó más a la historia por su activismo que por sus descubrimientos científicos. Fue quien, en agosto de 1939, junto con Edward Teller y Eugene Wigner, redactó una carta dirigida al presidente Roosevelt advirtiéndole de la posibilidad de que la Alemania nazi desarrollara un arma atómica y la necesidad de que Estados Unidos iniciara su propio programa nuclear. La misiva iba firmada por Albert Einstein —cuya autoridad, como eminencia científica mundial y refugiado del régimen nazi, sus colegas no tenían— y contribuyó a la creación, poco después, del Comité Asesor sobre el Uranio, antecedente del Proyecto Manhattan. Más adelante, en 1945, tras la rendición de Alemania, Szilárd se opuso firmemente al uso del artefacto que él mismo había contribuido a crear: firmó el Informe Franck y redactó la conocida como «petición Szilárd», en la que solicitaba al presidente Harry S. Truman que tratara de negociar la rendición de Japón antes de emplear el arma. Truman no llegó a leerla.
Aunque opacado en parte por lo anterior, reducir a Szilárd a ese episodio sería injusto. Hablár de él es también hablar de la persona que concibió la idea de la reacción nuclear en cadena —piedra angular tanto de los reactores como de la bomba atómica— y patentó uno de los primeros diseños de reactor nuclear. En diciembre de 1942, en la Universidad de Chicago y como parte del Proyecto Manhattan, participó junto con Enrico Fermi en los experimentos que condujeron a la primera reacción nuclear en cadena autosostenida de la historia. Después de la guerra, sus intereses se desplazaron hacia la biología molecular.

Sin embargo, aquella guerra no dejó indiferente a nadie. Los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, tampoco. Y menos a aquellos que jugaron un papel en todo aquello. Aquí es donde entra la faceta más literaria del físico húngaro. Szilárd no fue un escritor de renombre, pero sí un autor singular que utilizó la ficción como vehículo para explorar algunas de sus inquietudes y preocupaciones más profundas. En 1961, publicó The voice of the dolphins and other stories, una antología compuesta originalmente por cinco relatos, a los que se añadió un sexto en una edición ampliada en 1991. En estas historias, bajo la alargada sombra de la bomba atómica, reflexionó sobre las consecuencias sociales del desarrollo científico y tecnológico, la responsabilidad que lleva asociada y los riesgos de dejar la hoja de ruta de la ciencia en manos inadecuadas.

Hay más. Su mirada no se dirgió solo a las grandes amenazas del siglo XX. Szilárd, como científico, seguramente también conoció otra de las amargas cara de la ciencia: la burocracia. «The Mark Gable Foundation» es una sátira feroz sobre un sistema de investigación condicionado por fundaciones, comités, formularios, evaluaciones y luchas por la financiación. Un engranaje capaz de ralentizar, e incluso desvirtuar, la investigación científica. La pregunta que sobrevuela el relato sigue siendo incómodamente actual: ¿cuántos científicos se seguirían reconociendo hoy en ese espejo?
De esa intuición nació el concepto de «punto Szilárd»: el umbral a partir del cual el coste de solicitar, evaluar y gestionar financiación científica iguala o supera el valor de la propia financiación, de modo que la burocracia empieza a obstaculizar la investigación en lugar de sostenerla. Lo bautizaron, de forma independiente, Richard Smith, en 1988, y Daryl E. Chubin, en 1990. ¿Qué sentido tiene la ciencia si las estructuras destinadas a sostenerla acaban, en la práctica, sofocándola?
Más allá de su valor como curiosidad literaria, los relatos de Szilárd demuestran que la ciencia ficción no solo es una herramienta de especulación científica excepcional, sinouna forma de reflexionar sobre la propia ciencia: sus peligros, sus condicionantes y sus contradicciones internas. En su caso, la imaginación no fue solo una vía de escape del laboratorio, sino una prolongación de lo que ocurría en él, y por eso su sátira sigue vigente. Muchas veces, el progreso científico no depende tanto del talento o los descubrimientos como de las estructuras que lo rodean y, en ocasiones, pueden llegar a asfixiarlo. Entre la amenaza nuclear y el peso de la burocracia, Szilárd entendió a la perfección que a veces es la ciencia la que transforma el mundo, y a veces es el mundo el que transforma la ciencia.
Bibliografía
Cameron Reed, B. (2020). Manhattan Project. The history of the century. Springer.
Department of Energy, Office of History and Heritage Resources. (s. f.). Leo Szilard. OpenNet: Manhattan Project History.
Szilárd, L. (1991 [1961]). The voice of de dolphins and other stories. Stanford University Press.
Sobre la autora: Gisela Baños es divulgadora de ciencia, tecnología y ciencia ficción.
