Estos pinzones tienen su color favorito y no cambiarán de opinión por lo que digan sus vecinos

La cultura —entendida como la suma de conocimientos y conductas aprendidas socialmente y compartidas entre miembros de un grupo— no es exclusiva de los humanos. A lo largo de décadas de investigación, se ha observado que muchos animales aprenden unos de otros y aceptan una serie de comportamientos comunes, desde métodos de caza hasta vocalizaciones o rutas migratorias. Esta enorme amalgama de reglas, aprendizajes, herramientas, tradiciones, reglas y actitudes, mantenidas a lo largo del tiempo, es lo que constituye la base de nuestra actual civilización. Sin embargo, esa cultura como conjunto social y multitudinario, comparte existencia con un contrapeso muy poderoso: la individualidad. En muchos casos, aceptamos y mostramos «conformidad» adaptando nuestras opciones personales a los estándares y cánones predefinidos. Pero en otros tantos, la influencia establecida por la mayoría se desploma frente a la férrea decisión de un solo individuo que, siguiendo sus instintos y preferencias, decide no dejarse llevar por la corriente.
Estos pequeños e inevitables actos de rebeldía frente a las tendencias mayoritarias representan un soplo de aire fresco y siempre encontramos a alguien que mantiene y exhibe con orgullo sus propios gustos personales, sin dejarse influir por las convenciones o la presión del resto de la sociedad. Por supuesto, no todos somos igual de inconformistas ni tampoco lo somos en todos los aspectos de la cultura: existen diferentes grados de divergencia cultural, en diferentes momentos y con diferentes intensidades.
Estas características individuales son obvias en el ser humano, pero no son únicas de nuestra especie. Aquellos que tienen mascotas habrán notado que su perro tiene su juguete favorito del que no se despega o que su gato tiene un lugar preferido para tumbarse. No obstante, no contamos con demasiados estudios que analicen la intensidad de estos gustos y preferencias o de qué manera responden los animales a la influencia y presión de sus congéneres cuando deciden no seguir al resto del grupo.
En este contexto de decisiones personales alejadas de la tendencia general se enmarca un interesantísimo artículo, publicado hace tan solo unas semanas en PLoS One, en el que los científicos del Grupo de Investigación en Cognición Animal de la Universidad de Alberta (Canadá) han puesto a prueba las inclinaciones y gustos personales de unos pinzones frente a las conductas generales de sus vecinos.

El diamante mandarín, también conocido como pinzón cebra, (Taeniopygia guttata) es un pequeño pájaro que se distribuye por buena parte de Asia y Oceanía, especialmente, en Australia. Son aves muy sociales y nada territoriales que construyen sus nidos muy cerca unos de otros por lo que resultan muy convenientes para el estudio de sus preferencias. En esta especie son los machos quienes se encargan de recolectar y colocar los materiales que formarán su nido y los investigadores canadienses querían saber si cada pinzón tenía sus propias preferencias personales y si estas decisiones podrían verse influenciadas por la conducta mayoritaria de sus vecinos.
Su primer paso fue averiguar si los pinzones mostraban preferencias individuales a la hora de elegir los materiales de su nido y para ello diseñaron un experimento en el que evaluaron la preferencia de cada macho por un determinado color. A cada pinzón se le dio la oportunidad de elegir dos colores diferentes, azul y amarillo, mientras observaban y registraban el tiempo que cada pinzón pasaba con ese color. «Primero, medimos la preferencia de color de cada macho presentándole cuerdas azules y amarillas y registrando el tiempo que interactuaba con cada una. Esto nos permitió calcular qué color prefería y con qué intensidad. Un ave que pasa el 95 % de su tiempo con una cuerda azul muestra preferencias más intensas que una que lo divide al 60 % entre los dos colores», explica en The Conversation Lauren Guillet, autora principal del estudio.
Una vez establecido el color favorito (y la intensidad de esa elección) de cada pinzón, su siguiente movimiento fue colocar «a ese macho y a su hembra en una población donde otras cuatro parejas incubaban huevos en nidos terminados. Estos nidos variaban sistemáticamente. En algunos grupos, los cuatro nidos coincidían con el color preferido del macho. En otros, la mayoría, o todos, lo contradecían. El macho observador pudo observar estos nidos y a sus ocupantes durante varios días. Finalmente, lo devolvimos a su jaula, le proporcionamos cuerda de ambos colores y le permitimos construir».
Ahora que hemos establecido que, al igual que los seres humanos, algunos pinzones muestran fuertes preferencias mientras que otros simplemente muestran un «ni fú, ni fá», queda por saber cómo les influirá que su vecindario esté pintado de un determinado color que no es el suyo. ¿Mostrarán «conformidad» renunciando a su color favorito para ajustarse a la elección mayoritaria del grupo? ¿Cederán ante la tendencia dominante o cantarán como Raphael el «digan lo que digan los demás»?
Los resultados y conclusiones nos acercan mucho a lo que ocurre con los seres humanos. La conformidad existe, su influjo es poderoso, pero no es universal y algunos individuos se resisten. Los pinzones con preferencias personales más débiles tendieron a usar el color mayoritario en su grupo, incluso si ese color no era su favorito originalmente. Sin embargo, los pinzones con preferencias más fuertes resistieron más la influencia social. La mayoría de estos mayos siguieron usando su color preferido en la construcción, aunque la mayoría de los nidos vecinos fuese de otro color.
La conformidad es uno de los procesos que estabilizan las tradiciones culturales. Si los recién llegados adoptan con constancia el comportamiento mayoritario, los patrones grupales se consolidan. Pero si algunos individuos se resisten, debido a fuertes prejuicios o preferencias personales, las tradiciones pueden propagarse con mayor lentitud o no arraigarse, o incluso iniciar unas nuevas.
En el caso de estos pinzones australianos, igual que ocurre con las personas, «no siguieron ciegamente a la multitud. Algunas se conformaron. Otras no. Y la clave de esta diferencia la encontramos en la intensidad de sus preferencias, sentimientos y decisiones individuales».
Referencias científicas y más información:
Lauren M. Guillette, Andrés Camacho-Alpízar, Julia Self et al. (2026) Conformity and individual preference shape nest material use in zebra finches (Taeniopygia guttata) PLoS One doi: 10.1371/journal.pone.0342277
Eleanor Higgs, Tom Leslie These Finches Have A Favorite Color, And Nothing Their Friends Can Say Will Change Their Minds IFL Science, febrero 2026
Lauren M. Guillette, Julia Self Strong opinions matter: Why some birds refuse to follow the flock The Conversation, febrero 2026
Sobre el autor: Javier Peláez (@Irreductible), es escritor y comunicador científico. Autor de «500 Años de Frío» (2019) y «Planeta Océano» (2022), también es guionista en el programa de TVE «Órbita Laika» y ganador de tres premios Bitácoras, un premio Prisma a la mejor web de divulgación científica y un Premio Ondas al mejor programa de radio digital.
