Un antibiótico descubierto por casualidad podría ser la clave para combatir bacterias superresistentes

Investigación UPV/EHU

5 min

Un antibiótico descubierto por casualidad podría ser la clave para combatir bacterias superresistentes

Las bacterias que desarrollan resistencia a los antibióticos, las llamadas bacterias superrresistentes, se han convertido en un problema médico, y podemos afirmar que son una de las amenazas más importantes para nuestra salud de cara al futuro. Según la Organización Mundial de la Salud, si no se toman medidas, en 2050 podrían morir hasta diez millones de personas al año a causa de infecciones resistentes. Ante este escenario, las prioridades son claras: optimizar el uso de los antibióticos existentes y desarrollar nuevos fármacos capaces de hacer frente a estas bacterias. Un descubrimiento reciente de la Universidad de Warwick en Reino Unido supone una chispa de esperanza en la lucha contra las bacterias superresistentes.

superresistentes
Staphylococcus aureus en una placa de pueba de antibióticos. Fuente: CDC / Don Stalons, Dominio público / Wikimedia Commons

En el descubrimiento de nuevos medicamentos la casualidad ha desempeñado en ocasiones un papel decisivo. Puede que el caso más conocido sea el de Alexander Fleming, cuando una de las placas de Staphylococcus aureus que utilizaba para sus experimentos fue contaminada por el hongo Penicillium. Al parecer, el doctor Fleming se tomó unos días de descanso y de forma accidental una de las ventanas del laboratorio quedó entreabierta. Al volver advirtió que una de sus placas había sido contaminada por un hongo que posiblemente entró por la mencionada ventana mal cerrada, y observó que alrededor del hongo no había crecimiento bacteriano. Y ese fue el punto de partida de uno de los descubrimientos farmacéuticos más importantes de la humanidad, el de la penicilina. De hecho, gracias a este descubrimiento el Dr. Fleming ganó el Nobel de Medicina en 1945.

Algo similar le ocurrió también al biólogo Hans Peter Frey con el descubrimiento de la ciclosporina. Frey trabajaba en una empresa farmacéutica suiza, y mientras estaba de vacaciones en Noruega, recogió unas muestras del suelo y las llevó al laboratorio de su compañía. De dichas muestras consiguieron aislar la ciclosporina y, a día de hoy, se usa como inmunosupresor, sobre todo para evitar el rechazo tras los trasplantes de corazón.

El caso que nos ocupa sigue esa misma tradición de serendipia científica y el compuesto descubierto se llama premetilenomicina C lactona, un precursor del antibiótico metilenomicina A producido por la bacteria Streptomyces coelicolor.

S. coelicolor es una bacteria del suelo; en 1965 la comunidad científica descubrió que era capaz de producir el antibiótico metilenomicina A, y que este último era útil contra varios microorganismos patógenos. En los últimos años, un grupo de investigación de la Universidad de Warwick, con el doctor Gregory Challis al frente, ha podido profundizar en el proceso de producción de la metilenomicina A, manipulando para ello varios genes de la bacteria. Al estudiar los productos intermedios de reacción, el equipo advirtió que antes de producirse la metilenomicina A se produce la premetilenomicina C lactona, pero la reacción es tan completa y la cinética tan rápida que cuando ocurre de manera natural no queda rastro de este último compuesto.

La actividad contra bacterias patógenas Gram-positivas resistentes a los antibióticos crece en sentido contrario al progreso de la reacción natural. Fuente: C. Corre et al (2025) J. Am. Chem. Soc. doi: 10.1021/jacs.5c12501

Sin embargo, gracias a la ingeniería genética, el equipo consiguió detener el proceso en la síntesis del precursor premetilenomicina C lactona. A un investigador que estaba realizando su tesis doctoral en el laboratorio de Challis se le ocurrió medir la capacidad antimicrobiana de esta molécula. La sorpresa fue mayúscula: la premetilenomicina C lactona era capaz, con solo un microgramo por mililitro, de matar cepas resistentes de Staphylococcus aureus. La metilenomicina A, en cambio, requería de una concentración de 256 microgramos por mililitro.

En la medición de resistencia también obtuvieron resultados positivos. Pusieron la bacteria Enterococcus faecium, que provoca graves infecciones de orina, en contacto con vanomicina y premetilenomicina C lactona, en pequeñas dosis, durante 28 días para desarrollar resistencias, y observaron las diferencias durante el tratamiento posterior. Al utilizar vanomicina E. faecium presentaba resistencia, y hacía falta una concentración ocho veces mayor para poder matarla. En cambio, al utilizar la premetilenomicina C lactona, pasados los 28 días no se desarrollaban resistencias, y la concentración mínima para matar E. faecium era la misma.

En 2025 se ha conseguido producir premetilenomicina C lactona de manera industrial, y se espera que pronto pueda usarse clínicamente.

Podríamos decir que el factor común en los descubrimientos de Fleming, Frey y el equipo de Challis fue la suerte. Según un dicho popular la suerte es el azar bien aprovechado y esa ha sido la característica común de estos descubridores: la curiosidad de ahondar y saber más ante hechos casuales. De hecho, es esa curiosidad también conocida como instinto del investigador lo que los llevó a buscar nuevas soluciones.

Fuentes:

The Body: A Guide for Occupants. Bill Bryson. Doubleday (2019). ISBN:‎ 0385539304.

Christophe Corre, Gideon AIdowu , Lijiang Song, Melanie E Whitehead, Lona M Alkhalaf, Gregory L Challis (2025) Discovery of Late Intermediates in Methylenomycin Biosynthesis Active against Drug-Resistant Gram-Positive Bacterial Pathogens J Am Chem Soc. doi: 10.1021/jacs.5c12501

Sobre el autor: Iker Badiola Etxaburu es doctor en biología, Profesor Pleno en la Facultad de Medicina y Enfermería de la EHU, y director de la Cátedra de Cultura Científica de la EHU

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