Isabel Martin Lewis, una divulgadora en los orígenes de la ciencia ficción

Fronteras

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Isabel Martin Lewis, una divulgadora en los orígenes de la ciencia ficción

Este mes de abril se cumplen cien años de la publicación del primer número de Amazing Stories, la primera revista dedicada exclusivamente a la publicación de ciencia ficción. Y, aunque no inventó nada nuevo, lo que su editor, Hugo Gernsback, consiguió con ella es reunir en un único lugar un tipo de historias que hasta aquel momento no pertenecían a ninguna parte: las de viajes extraordinarios, invenciones maravillosas y futuros alternativos. Les proporcionó una identidad, definió sus características y, sobre todo, le dio al género el nombre por el que lo conocemos hoy.

Isabel Martin Lewis
Portada del primer número de Amazing Stories, publicado en abril de 1926, y su editor, el inventor Hugo Gernsback. Fuente: Dominio público.

Pero ¿qué tiene que ver todo esto con una astrónoma llamada Isabel Martin Lewis? Mucho. Porque para llegar a ese momento se tuvo que dar todo un ecosistema de entusiasmo y popularización de la ciencia en el que ella no desempeñó un papel menor. Más si cabe si tenemos en cuenta que nos encontramos a principios del siglo XX, cuando las mujeres científicas no contaban con la visibilidad ni los recursos —a todos los niveles— con los que cuentan en la actualidad. Pero empecemos por el principio…

Antes de que la ciencia ficción se consolidara como género, con varias revistas especializadas y su propio espacio, existía todo un ecosistema de publicaciones de índole popular en las que convivían entretenimiento, divulgación científica y sentido de la maravilla. Fue en ese caldo de cultivo en el que Hugo Gernsback jugó un papel decisivo: se dio cuenta, antes que muchos de sus contemporáneos, de que entender la ciencia y tecnología no solo podía estar al alcance de cualquier persona que pusiera un mínimo de interés en ello, sino que, además, podía ser entretenido, inspirador y que servir de alimento para la imaginación. Así, su primera revista, Modern Electrics, iba dirigida a aficionados a la radio y la electricidad; pero la segunda que fundó, The Electrical Experimenter —posteriormente renombrada como Science & Invention— nació ya como una revista de ciencia popular más amplia que incluía artículos de astronomía, física, química… Con el tiempo, aquellas publicaciones que pertenecían más al ámbito científico, alimentadas por el sentido de la maravilla de las revistas de ficción pulp[1] con las que convivían, llevaron a la creación de Amazing Stories. Y es aquí donde hace su aparición Isabel Martin Lewis.

Nacida en Maine en 1881, se graduó en Cornell en 1903 y obtuvo un máster en 1905, especializándose en matemáticas. Ese mismo año empezó a trabajar para el astrónomo Simon Newcomb como «calculadora», una labor poco agradecida y monótona que, en aquella época, era principalmente femenina. En 1908, se convirtió en la primera mujer contratada como astrónoma asistente por el Observatorio Naval de Estados Unidos —Maria Mitchell había entrado a trabajar allí en 1849, aunque en el puesto de calculadora—, pero su labor no se limitó a eso. Alrededor de 1916, su nombre empezó a ser habitual en periódicos y revistas de divulgación científica, donde comenzó a publicar artículos de astronomía dirigidos a un público no especializado.

Isabel Martin Lewis
Isabel Martin Lewis (1881-1966)
Fuente: The United States Naval Observatory

Seguramente fue alguno de esos artículos lo que llamó la atención de Hugo Gernsback, quien, en 1918, le propuso escribir una serie completa titulada Popular Astronomy para The Electrical Experimenter. Su primera colaboración apareció en el número de julio, y Gernsback la presentó así:

Quien escribe, apasionado estudioso de la astronomía, siempre ha deseado ofrecer a nuestros lectores artículos populares y no técnicos sobre las maravillas del universo. Sin embargo, no habíamos logrado entrar en contacto con autores competentes que pudieran presentar un tema tan difícil de un modo aceptable para los lectores del Experimenter.

Es por ello que nos produce una considerable satisfacción presentar aquí el primero de una serie de artículos astronómicos escritos por la pluma de la señora Isabel M. Lewis. Vinculada al Observatorio Naval de los Estados Unidos, la señora Lewis ha escrito numerosos y excelentes artículos de astronomía para el New York Sun y otros periódicos, que han despertado gran atención y comentarios muy favorables. La señora Lewis, escritora tan rigurosa como erudita, posee la rara facultad de interpretar materias difíciles y áridas de un modo divulgativo, lo que nos hace estar seguros de que nuestros muchos lectores acogerán sus artículos con entusiasmo.

«The Electrical Experimenter» ha obtenido, además, los derechos exclusivos de revista para todos los artículos de la señora Lewis durante el plazo de un año. Sus artículos no aparecerán en ninguna otra revista científica.

Isabel Martin Lewis
Portada del número de julio de 1918 de The Electrical Experimenter y primer artículo de Isabel Martin Lewis, con presentación de Hugo Gernsback.

El primer artículo de la astrónoma en The Electrical Experimenter, titulado «Dark stars» fue una apuesta arriesgada, porque abordaba una idea difícil de visualizar, y aún más de explicar en aquel momento: la existencia de estrellas oscuras, casi extinguidas, y de regiones nebulosas que no brillaban, pero cuya presencia podía deducirse por sus efectos en el entorno o cuerpos cercanos —nada que ver con la materia oscura que conocemos hoy, aunque, de hecho, se detectara así—.

La presencia de Lewis aportaba autoridad científica a una revista que se encontraba en la frontera entre la divulgación y los pulps. Para aquel entonces, Gernsback ya llevaba tiempo flirteando con la «ficción científica» en sus revistas técnicas y animando a sus lectores a adquirir este tipo de conocimientos. Lewis, como fichaje estrella de The Electrical Experimenter, aportó su granito de arena al ecosistema de entusiasmo científico, especulación tecnológica e imágenes del futuro que imperaba en aquella época. Y es que, antes de convertirse en un género con reglas propias, los autores de ciencia ficción tuvieron que aprender a mirar el mundo de otra manera, a entender la ciencia como una fuente de asombro, a imaginar el porvenir como algo abierto y a aceptar que el universo podía ser más vasto, extraño y complejo de lo que parecía. La ciencia ficción no nació por generación espontánea, sino de un cruce entre divulgación científica, historias pulp e imaginación tecnológica; de la confluencia entre ciencia, periodismo y cultura de masas. Y personas como Isabel Martin Lewis contribuyeron a enriquecer aquel clima.

Su labor divulgativa, por supuesto, no se limitó a aquellas revistas, y continuó prácticamente a lo largo de toda su vida. Los artículos que publicaba en el New York Sun, se recopilaron en el libro Splendors of the Sky (1919), y los que escribió para Hugo Gernsback, en la segunda parte de Astronomy for Young Folks (1922). Además, solía dar charlas en iglesias y escuelas, y contó con su propio espacio en la radio: «News of the stars». Con el tiempo, sus esfuerzos investigadores también dieron sus frutos, y el Observatorio Naval la ascendió, en 1930, de astrónoma asistente a astrónoma de pleno derecho. Así, en 1936, participó en una expedición a Rusia para ver el eclipse total de Sol del 19 de junio y al año siguiente, el de Perú, para observarlos, fotografiarlo y retransmitirlo en la radio.

Isabel Martin Lewis, aunque no escribió relatos de anticipación ni imaginó civilizaciones futuras, ayudó con su labor divulgativa a formar al tipo de lector que haría posible revistas como Amazing Stories y el establecimiento de la ciencia ficción como género definido. Un tipo de lector dispuesto a maravillarse ante el cosmos, a pensar científicamente y a aceptar que lo invisible, lo remoto o lo apenas perceptible también podía formar parte de la realidad.

Bibliografía

Ashley, M. y Lowndes, R. A. W. (2004). The Gernsback days. Wildside Press, LCC.

Davin, E. L. (1990). Gernsback, his editors, and women writers. Science Fiction Studies, 17(3), 418–420.

Donawerth, J. (1990). Response to “Gernsback, his editors, and women writers.” Science Fiction Studies, 17(3), 420–421.

Nota:

[1] En estas revistas baratas, impresas en papel de pulpa de madera —de ahí su nombre— se publicaban historias de deportes, de detectives, de aventuras y, por supuesto, de ciencia ficción.

Sobre la autora: Gisela Baños es divulgadora de ciencia, tecnología y ciencia ficción.

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