La búsqueda genética de la expedición Franklin: nuevos tripulantes identificados por el ADN

En la primavera de 1845 partió desde Inglaterra la que, posiblemente, sea la más trágica y desafortunada expedición marítima de todos los tiempos. El Almirantazgo había dispuesto dos de los mejores barcos de la época, el HMS Terror y el HMS Erebus, con el objetivo de intentar cruzar de una vez por todas el Paso del Noroeste y completar las tareas cartográficas de las regiones que aún quedaban por explorar. Una tripulación de 134 marinos, al mando del legendario sir John Franklin, zarpó hacia el norte y terminó desapareciendo para siempre en el Ártico canadiense. La localización e identificación de los marinos perdidos en aquella expedición se ha extendido hasta nuestros días convirtiendo de facto a Franklin en el hombre más buscado de la historia.
Una búsqueda centenaria que se ha desarrollado en cuatro fases diferenciadas.
Los primeros años con misiones de localización y rescate, con nombres tan laureados de la Royal Navy como James Clark Ross (que ya había capitaneado esos dos mismos barcos en la Antártida). Más tarde, cuando ya se abandonó la esperanza de encontrarlos con vida, se lanzaron numerosas expediciones en busca de respuestas a lo que había sucedido. Durante décadas y décadas, desde 1848 hasta bien entrado el siglo XX, docenas de barcos y misiones de exploración recorrieron esa cruda y difícil región ártica con el objetivo de desentrañar el misterio. Posteriormente, a principios de los años ochenta, se inició además una intensa investigación arqueológica que descubrió una buena cantidad de restos diseminados por la isla del Rey Guillermo y, finalmente, como cuarta etapa de esta larga búsqueda, las innovaciones científicas añadieron el análisis genético de los restos encontrados.
De esta manera, primero con barcos explorando sobre el terreno y posteriormente con trabajos arqueológicos y genéticos, hemos empezado a esbozar el destino de la expedición de John Franklin reconstruyendo el puzle general a base de pequeñas piezas diseminadas por el Ártico canadiense en estos últimos 180 años.
De los 134 tripulantes, cinco tuvieron la gran suerte de abandonar la expedición durante su estancia en Disko Bay, en la costa oeste de Groenlandia. El capitán Franklin dio de baja por enfermedad a los marineros John Brown, William Aitken, Thomas Burt, Francis Clarke y James Elliott, que regresaron a Inglaterra a bordo de dos barcos de apoyo, el HMS Rattler y el Baretto Junior. La tripulación quedó así reducida a 129 marineros, su número final, antes de enfilar hacia el estrecho de Lancaster donde fue avistada por última vez por dos balleneros a finales de julio de 1845. Sería la última vez que los vieron con vida.

Después llegaría la primera invernada que se realizó en la pequeña isla Beechey donde tres hombres fallecieron en extrañas circunstancias. Sus nombres eran John Torrington, William Braine y John Hartnell y sus tumbas se descubrieron en 1851 por una expedición de búsqueda al mando de Horatio Thomas Austin. Durante más de un siglo aquellas tres tumbas quedaron allí, en silencio, hasta que en la década de 1980 el célebre antropólogo Owen Beattie exhumó los tres cuerpos que, gracias a las bajas temperaturas y las condiciones de la isla, se había momificado y se encontraban «notablemente bien conservados». Las autopsias y el análisis de las muestras de cabello y uñas revelaron altos niveles de plomo lo que apuntaba claramente a que el sellado defectuoso de las latas de comida que llevaba la expedición podrían haberse convertido en un serio problema para el resto de la tripulación perdida.

Era la primera vez que se estudiaban directamente restos humanos de la expedición y, desde entonces, los trabajos científicos de identificación han continuado hasta la actualidad. Los sucesivos descubrimientos de los pecios del HMS Erebus (en 2014) y del HMS Terror (en 2016) representaron un nuevo impulso a los trabajos y comparaciones genéticas de los tripulantes.
Desde mediados del siglo XIX, restos óseos de la expedición han ido apareciendo diseminados por las costas de la isla del Rey Guillermo en diferentes sitios arqueológicos pero tuvimos que esperar hasta 2013, año en el que investigadores de la Universidad de Waterloo y la Universidad Lakehead, en Canadá, obtuvieron los permisos necesarios para recoger muestras de huesos y dientes e iniciar un completo programa de identificación genética.
La metodología es la de una investigación forense de largo recorrido: primero se extrae ADN de las muestras arqueológicas y se compara con el material genético donado voluntariamente por descendientes vivos de los tripulantes. El equipo rastrea líneas genealógicas durante generaciones hasta encontrar a esos parientes lejanos. Cuando la distancia genética entre la muestra arqueológica y el descendiente actual es compatible, la identificación se publica.
En estudios anteriores este mismo equipo de científicos logró identificar en 2021 a John Gregory, ingeniero del Erebus, en 2022 se llevó a cabo una identificación parcial de Harry Peglar y, por fin en el año 2024 llegaron hasta el capitán del Terror, el célebre James Fitzjames, cuyos restos presentaban evidencias de canibalismo.
Lo que nos lleva a nuestros días ya que, esta misma semana, se han publicados dos importantes estudios en el Journal of Archaeological Science y en la revista Polar Record de la Universidad de Cambridge que han logrado poner nombre (y hasta cara) a cuatro nuevos miembros de la expedición.
En el estudio publicado en el Journal of Archeological Science, los investigadores «extrajeron ADN de muestras arqueológicas y las compararon con el ADN mitocondrial y del cromosoma Y de la base genética recopilada entre los parientes vivos de la tripulación. Estas muestras incluían un molar y el cuerpo del húmero de NgLj-3; dos molares, un premolar y un hueso temporal del cráneo de NgLj-2; y una muestra tomada de un húmero izquierdo hallado en 2018 en NgLj-1. Los investigadores lograron identificar a tres individuos: el marinero William Orren, el grumete de primera David Young y el mayordomo de oficiales subalternos John Bridgens ». Todos ellos sirvieron en el HMS Erebus y todos fallecieron en la bahía de Erebus.
«Ya no son solo nombres en una lista. Tenían familias en casa que nunca volvieron a verlos, y creo que para algunos descendientes esto puede proporcionar cierta medida de cierre», explica Douglas Stenton, investigador principal del proyecto.

Pero de las nuevas identificaciones, la del misterioso Harry Peglar (que se describe en el estudio separado y publicado en Polar Record) es, sin duda, la más fascinante. En 1859, una expedición de búsqueda encontró un esqueleto en la península Adelaida, a más de 130 kilómetros de los otros cuerpos. Con los restos aparecieron una serie de documentos (conocidos como los «Papeles de Peglar») que incluían su certificado de marinero, fragmentos de poesía y breves descripciones de algunos eventos sucedidos a bordo de los barcos. Estos papeles representan, junto con la carta de Victory Point, los únicos documentos escritos recuperados de toda la expedición.
Pero había un problema: el cuerpo vestía el uniforme de un mayordomo, un rango inferior al que ocupaba Peglar como capitán del tope de proa, responsable de supervisar las velas y el aparejo del palo de trinquete. Esa discrepancia alimentó décadas de debate. ¿Era realmente Peglar? ¿Había cedido sus papeles a otro marinero? El análisis genético publicado cierra definitivamente esa pregunta: Sí, era él.
No sabemos por qué iba vestido así pero la genética por fin ha podido resolver el interrogante de Harry Peglar… un misterio que llevaba abierto casi 150 años.
Referencias científicas y más información:
D.R. Stenton, S. Fratpietro, K. Gorsalitz, R. W. Park (2026) DNA identifications of three 1845 Franklin expedition sailors from HMS Erebus Journal of Archaeological Science DOI: 10.1016/j.jasrep.2026.105739
D.R. Stenton, S. Fratpietro, K. Gorsalitz, R. W. Park (2026) Some very hard ground to heave: DNA identification of Harry Peglar, Captain of the Foretop, HMS Terror Polar Record DOI: 10.1017/S003224742610031X
Dario Radley (2026) DNA identifies four more members of Franklin Expedition, solving 160-year arctic mystery Archeology Magazine
Sobre el autor: Javier Peláez (@Irreductible), es escritor y comunicador científico. Autor de «500 Años de Frío» (2019), «Planeta Océano» (2022) y «En busca del último continente» (2026). También es guionista en el programa de TVE «Órbita Laika», ganador de tres premios Bitácoras, un premio Prisma a la mejor web de divulgación científica por Naukas.com y un Premio Ondas al mejor programa de radio digital por Catástrofe Ultravioleta.
