Decadal Survey: el gran estudio que dibuja el futuro espacial

Irreductible

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Decadal Survey: el gran estudio que dibuja el futuro espacial

Decadal Survey
Recreación artística del recién lanzado telescopio espacial Nancy Grace Roman. Fuente: NASA

Hace ya algunas unas semanas, el domingo 30 de agosto de 2026, un poderoso Falcon Heavy alzaba el vuelo desde Complejo 39A del Centro Espacial Kennedy, en Florida, cargando en su interior el telescopio espacial «Nancy Grace Roman». El objetivo principal de este nuevo observatorio es ampliar (y con suerte transformar) lo que sabemos sobre algunos de los grandes misterios que aún desconocemos del Universo: estudiar la verdadera naturaleza de la materia oscura y la energía oscura. Con los ojos pegados a la pantalla, contemplando el siempre fascinante espectáculo de un lanzamiento espacial en aquel caluroso mediodía de verano, una pregunta incómoda asaltó mi mente… Ahí arriba hay mucho que hacer pero, como es bien sabido, las agencias espaciales (mucho más NASA), cuentan con presupuestos cada vez más reducidos que limitan drásticamente proyectos que son caros y se extienden durante años y años en su desarrollo. ¿Cómo se decide qué telescopio o qué misión espacial se lanza? ¿Quién toma la decisión de diseñar un observatorio concreto mientras que otros proyectos se quedan en el olvido y jamás llegan a despegar? ¿Qué criterios se siguen para decidir lo que lanzamos al espacio?

Es aquí cuando aparece el concepto fundamental de «Decadal Survey» (el Informe de la década o estudio decenal de astronomía y astrofísica), un documento que ha contestado a esas preguntas durante casi toda la historia espacial, unas simples páginas que han ejercido una influencia decisiva en el último medio siglo y que seguirán dibujando el futuro espacial en los años venideros. Cada diez años, cientos de investigadores y expertos se sientan a debatir el eterno tira y afloja de la ciencia: Lo que necesitamos y lo qué podemos permitirnos.

Se trata de un verdadero ejercicio de planificación estratégica, realizado bajo el auspicio de las National Academies of Sciences, Engineering, and Medicine (NASEM) y a petición de agencias federales como la NASA, la National Science Foundation (NSF) o el Departamento de Energía (DOE). Reúne a la comunidad científica de una disciplina entera para construir, mediante consenso, una lista ordenada de prioridades: qué misiones, observatorios o programas deberían recibir financiación en la próxima década, y en qué orden.

Decadal Survey
Fotografía del Telescopio espacial Hubble durante la misión STS-125 que incorporó dos nuevos instrumentos, un espectrógrafo en ultravioleta y una nueva cámara de campo amplio siguiendo el Decadal Survey. Fuente: NASA

Para encontrar los orígenes de este informe nos remontaremos a los convulsos años de la Guerra Fría. En la década de los sesenta, en 1964, el National Research Council de Estados Unidos reunió un comité para debatir sobre las prioridades y necesidades de las futuras instalaciones astronómicas, encargando su dirección al célebre astrónomo y pionero de la fotometría fotoeléctrica, Albert Edward Whitford. Las conclusiones de aquel comité se plasmaron en un documento titulado «Ground-Based Astronomy: A Ten-Year Program: A Report Prepared by the Panel on Astronomical Facilities for the Committee on Science and Public Policy of the National Academy of Sciences» que también fue publicado, de manera resumida, en la Revista Science, volumen 146 de aquel año.

El informe recomendaba la construcción de instalaciones de observación nacionales, especialmente telescopios ópticos terrestres de gran apertura, incluyendo uno en el Hemisferio Sur, así como el impulso y actualización de proyectos de radiotelescopios. Se trataba de un ejercicio de planificación colectiva de la comunidad astronómica para asesorar a las agencias financiadoras (NSF, ONR, y más tarde NASA) sobre cómo priorizar recursos limitados frente a las crecientes necesidades de telescopios, equipos y personal… y cumplió de sobra su cometido. Seis de las trece recomendaciones se hicieron realidad en menos de 15 años, mayormente con fondos federales: Dos telescopios de 150 pulgadas (uno en Kitt Peak, Estados Unidos, y otro en Cerro Tololo, Chile), así como el célebre Very Large Array (VLA), el gran conjunto de radiotelescopios en Nuevo México que entró en funcionamiento en 1978 y que, a día de hoy, sigue siendo una de las instalaciones radioastronómicas más importantes del mundo.

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Observatorio Radioastronómico Very Large Array (VLA) en Nuevo México, EEUU Fuente: Wikimedia Commons

Los aciertos de este documento pionero establecieron la costumbre de los Decadal Surveys en astronomía, así como la tradición de bautizar estos informes con el apellido de quien presidió el comité correspondiente. Por ello, tras aquel primer Informe Whitford, llegaron el Informe Greenstein (1972), Field (1982), Bahcall (1991), McKee-Taylor (2001), Blandford (2010) y, más recientemente, el Informe Harrison-Kennicutt (2023).

Si echamos la vista atrás, y analizamos de manera casual algunos de los instrumentos, telescopios y misiones que se han materializado tras aparecer como recomendados en estos informes, resulta fascinante comprobar cómo gran parte de la ciencia y los avances que hemos presenciado en los últimos setenta años tienen su origen en estas páginas. El segundo informe de la década (Informe Greenstein, 1972) recomendó el Multi Mirror Telescope (MMT), cuatro Observatorios de Astrofísica de Altas Energías y puso en funcionamiento el VLA. Diez años más tarde, en 1982, llegó el Informe Field que recomendó los telescopios Keck en Mauna Kea (Hawaii), así como el telescopio espacial Chandra que aún sigue en funcionamiento. A principios de la siguiente década, en 1991, el Decadal Survey (Informe Bahcall) recomendó la construcción del Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA), que actualmente sigue siendo el radiotelescopio más potente de la Tierra, así como el Telescopio espacial Spitzer. Entramos en el siglo XXI, con el Informe McKee-Taylor (2001) que incluyó entre sus proyectos futuros el impresionante James Webb Space Telescope, el Vera C. Rubin Observatory o el Fermi Gamma-ray Space Telescope, entre muchos otros. Para la década de 2010 se publicó el Informe Blandford que dio lugar al Nancy Grace Roman Space Telescope que se acaba de lanzar y otros tantos proyectos en desarrollo. Finalmente, en nuestra década, el Informe Harrison-Kennicutt, publicado en 2021, ha sentado las bases de los grandes telescopios que irán llegando (como el TMT o el Giant Magellan Telescope) y observatorios terrestres del fondo cósmico de microondas, en Atacama y la Antártida.

Pero… ¿Y si algo cambia a mitad de década? Diez años es mucho tiempo en ciencia: pueden aparecer descubrimientos inesperados, dispararse los costes de una misión o simplemente cambiar el contexto presupuestario. Por eso NASEM realiza evaluaciones intermedias (midterm assessments) hacia la mitad de cada década, que no vuelven a discutir las prioridades desde cero, sino que auditan si las agencias están cumpliendo lo prometido.

En definitiva, este reciente lanzamiento del Nancy Grace Roman Space Telescope proviene de un largo y exhaustivo proceso que analiza las prioridades de toda una comunidad científica, así como las dificultades técnicas y presupuestarias que deberán superarse o, como decíamos al principio… ¿Qué necesitamos y qué podemos permitirnos?

Referencias científicas y más información:

Michelle Pan & Virginia Trimble (2023) An overview of seven astronomical Decadal Surveys: Successes, Failures, and Shifting Demographics arXiv doi: arxiv.org/2311.02950 [astro-ph.IM]

Megan Lowry (2021) New Report Charts Path for Next Decade of Astronomy and Astrophysics; Recommends Future Ground and Space Telescopes, Scientific Priorities, Investments in Scientific Community National Academies of Sciences, Engineering, and Medicine

Sobre el autor: Javier Peláez (@Irreductible), es escritor y comunicador científico. Autor de «500 Años de Frío» (2019), «Planeta Océano» (2022) y «En busca del último continente» (2026). También es guionista en el programa de TVE «Órbita Laika», creador del Podcast Irreductible, ganador de tres premios Bitácoras, un premio Prisma a la mejor web de divulgación científica por Naukas.com y un Premio Ondas al mejor programa de radio digital por Catástrofe Ultravioleta.

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