Stendhal, ¿un fallido matemático?

Matemoción

Stendhal 1

El escritor Henri Beyle (1783-1842) –más conocido como Stendhal– cursó sus estudios de secundaria desde 1796 en la Escuela Central de Grenoble, logrando unas excelentes calificaciones en matemáticas. En 1799 se trasladó a París para estudiar en la elitista Escuela Politécnica, pero una enfermedad le impidió ingresar en ella. ¿Quizás se perdió en ese momento a un latente genio de las matemáticas?

Aunque no es una de sus obras más conocidas, Vida de Henry Brulard es una historia novelada de la vida de Stendhal hasta 1800, momento en el que el autor llega a Milán con las tropas francesas como caballero bisoño en las retaguardias napoleónicas; en esa época las matemáticas eran para Stendhal una pasión y una forma de huir de Grenoble y de su padre, del que habla de esta manera [1]:

“Era muy difícil que me quisiera: primero, porque él veía claramente que yo no le quería nada; nunca le hablaba sin necesidad, pues él era ajeno a todas aquellas bellas ideas literarias y filosóficas que constituían la base de mis preguntas a mi abuelo y de las excelentes respuestas del amable anciano. […]

Mi pasión por dejar Grenoble, es decir a él, y mi pasión por las matemáticas, único medio de abandonar aquella ciudad que aborrecía y aborrezco aún –pues fue allí donde aprendí a conocer a los hombres–; mi pasión matemática me sumió en una profunda soledad de 1797 a 1799. […]

De 1796 a 1799 sólo me interesaba por lo que podía servirme para salir de Grenoble, es decir, por las matemáticas. Calculaba con ansiedad los medios de poder consagrar al trabajo media hora más cada día. Además amaba y amo aún las matemáticas por sí mismas, porque no admiten la hipocresía y la vaguedad, mis dos pesadillas.”

En la Escuela Central sus profesores de matemáticas eran monsieur Chabert y monsieur Dupuy, a los que despreciaba por sus escasos conocimientos matemáticos y su manera de enseñar:

“Monsieur Chabert era en realidad menos ignaro que monsieur Dupuy. Él me enseñó Euler y sus problemas sobre el número de huevos que una aldeana llevaba al mercado cuando un tunante le roba un quinto, luego se rompe la mitad en el cesto, etc. […]

A los catorce años, en 1797, yo me figuraba que las altas matemáticas, las que nunca he sabido, comprendían todos o casi todos los aspectos de los objetos, y que por tanto, según fuera adelantando, llegaría a saber cosas seguras, indudables, y que demostrarían todas las cosas.

Tardé mucho en convencerme de que mi objeción sobre el – x – = + no podría penetrar en la cabeza de Monsieur Chabert, de que Monsieur Dupuy no contestaría nunca más que con una sonrisa altanera, y de que los fuertes a los que yo hacía preguntas se burlarían siempre de mí.

Me vi reducido a lo que todavía me digo hoy: sin duda el menos por menos más debe ser cierto, puesto que evidentemente, empleando a cada instante esta regla en el cálculo, se llega a resultados verdaderos e indudables.

Mi gran desgracia era esta figura:

Stendhal 2

Supongamos que RP sea la línea que separa lo positivo de lo negativo: todo lo que está sobre esta línea es positivo, y todo lo que está debajo es negativo. ¿Cómo, al tomar el cuadrado B tantas veces como unidades hay en el cuadrado A, puedo llegar a hacer cambiar de lado el cuadrado C?

Y, siguiendo una comparación torpe, que el acento soberanamente grenoblense de Monsieur Chabert hacía todavía más torpe, supongamos que las cantidades negativas son las deudas de un hombre. ¿Cómo, multiplicando 10.000 francos de deudas por 500 llegará este hombre a tener una fortuna de cinco millones?

¿Es que Monsieur Dupuy y Monsieur Chabert son unos hipócritas como los curas que vienen a decir misa a casa de mi abuelo, y mis queridas matemáticas no son más que un engaño? No sabía cómo llegar a la verdad. ¡Ah, qué ávidamente hubiera escuchado yo entonces una palabra sobre la lógica o el arte de encontrar la verdad! ¡Qué momento para explicarme la Lógica de Tracy[2]! Acaso hubiera sido yo otro hombre, hubiera tenido mejor cabeza.”

En la obra aparecen numerosas referencias al arte [3], la música, la literatura, la filosofía y la ciencia, todas ellas grandes pasiones de Stendhal.

Stendhal cita a varios matemáticos a los que admira o de los que aprende –o de los que nunca conseguiría hacerlo–: Jean le Rond d’Alembert, Aristóteles, Étienne Bézout –“Yo despreciaba a Bezout tanto como a Monsieur Dupuy y a Monsieur Chabert–, Alexis Claude Clairaut –“Estimaba a Clairaut y era una cosa inmensa ponernos en contacto con este hombre de genio, y salíamos un poco del ramplón Bezout, Leonhard Euler, Joseph-Louis Lagrange, Pierre-Simon Laplace, Adrien-Marie Legendre, Gaspard Monge, etc.

Si Stendhal hubiera ingresado en la Escuela Politécnica, ¿habría llegado a ser un científico prominente? Nunca lo sabremos. Probablemente, en ese caso, la literatura habría perdido mucho.

Notas:

[1] Las citas están extraídas de la traducción de Vie de Henri Brulard de Consuelo Berges para Alianza Editorial, 1975.

[2] Se refiere a Destutt de Tracy, de quien Stendhal fue discípulo.

[3] El síndrome de Stendhal –enfermedad psicosomática que causa un aumento del ritmo cardíaco, vértigo, confusión, palpitaciones, etc. cuando una persona observa obras de arte especialmente bellas o que se exponen en gran número en un mismo lugar– fue descrito por primera vez de manera detallada por este autor. Stendhal detalló las sensaciones que experimentó en 1817 al visitar la Basílica de la Santa Cruz en Florencia en su libro “Nápoles y Florencia: Un viaje de Milán a Reggio”:

Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme«.

Esta anotación participa en la VII Edición del Carnaval de Humanidades cuyo blog anfitrión es Afán por saber.

Sobre la autora: Marta Macho Stadler es profesora de Topología en el Departamento de Matemáticas de la UPV/EHU, y colaboradora asidua en ZTFNews, el blog de la Facultad de Ciencia y Tecnología de esta universidad.

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