Corazones cámbricos

corazones cámbricos 1

Cuanto más sabemos de ese fenómeno fascinante que es la vida, descubrimos que antes ocurrieron cosas un poco raritas; raritas como la evolución de órganos sofisticados y sistemas biológicos complejos que convencionalmente se consideraban propios de estadios más superiores. La última, fresquita de este mes, ha sido el hallazgo de sistemas cardiovasculares avanzados que surgieron a principios del Cámbrico.i Es decir, hace unos 520 millones de años.

Vamos a ponernos en situación, porque cuando hablamos de tantos millones, al igual que ocurre con la pasta, perdemos un poco la perspectiva. 520 kilos de años son casi la octava parte de la edad de la Tierra. Esto fue mucho antes de que se formase Pangea, cuando Pannotia acababa de dividirse en Laurentia, Gondwana, Báltica y Siberia. Salvo por las bacterias y algunos líquenes costeros, la vida aún no había salido del mar y todas las tierras emergidas eran inhóspitos desiertos rocosos. Los condenados trilobites acababan de nacer. La leche de tiempo, oiga.

Y en ese mar primitivo, una tentativa de langostino llamada Fuxianhuia protensa tuvo la desfachatez de pillarse un sistema cardiovascular completo, con corazón y todo, que incluso alimentaba un cerebro. Es que el chino Fuxianhuia este ya nos dio una sorpresita en 2012, cuando nos percatamos de que tenía un cerebro similar en forma y complejidad al de los malacostráceos modernos,ii como las gambas, los cangrejos y las langostas. Lo cual puede que a un mamífero como tú no le parezca gran cosa, pero te recuerdo que muchos otros miembros de su generación tenían la inteligencia de los mejillones o cosa así (bueno, eso no ha cambiado demasiado…). Y puede que no fuera sólo en el caso de Fuxianhuia. Cerebros de ese calibre, alimentados por semejantes sistemas cardiovasculares, sugieren comportamientos complejos mucho antes de que creyéramos posibles los comportamientos complejos.iii

Complejidad es la palabra clave aquí. Otra de esas complejidades alucinantes de la vida son los ojos. Resulta difícil exagerar la importancia de que el barro que nos formó se convirtiera en barro que te mira. Y los ojos evolucionaron muy pronto. Muy, muy pronto y muchas veces, en filos muy distantes entre sí. Y siempre lo hicieron igual, utilizando los mismos genes y proteínas,ivv a partir de células fotosensibles que se fueron volviendo cada vez más y más sofisticadas en un fenómeno que se inició hace aún más tiempo, unos 540 millones de años. Con bastante seguridad, este Fuxianhuia protensa tenía también ojos, con tres centros nerviosos para controlarlos y dos lóbulos ópticos en su cerebro, apenas veinte millones de años después de que aparecieran los primeros. Se cree que podían ser tan complejos como los de un insecto moderno.vi

Bueno, ¿y…? Pues que dos de las preguntas que nos hacemos quienes nos preguntamos por estas cosas son: ¿cuánta vida puede haber en el universo? y ¿cuánta vida compleja puede haber en el universo? Porque claro, una cosa es que de un barro surja un puñado de aminoácidos capaces de replicarse más o menos a sí mismos y otra cosa muy distinta es que ese barro acabe no sólo mirándote, sino dudando si eres colega o comida. Lo que también puede plantearse en otros términos: la vida, ¿es un fenómeno rarísimo que exige incontables carambolas cósmicas para darse? ¿O es una forma de autoestructuración de la materia que acecha tras cada rincón de la realidad, como los cristales o cosa así? ¿Y la vida compleja, esa que es capaz de acabar lloriqueando ante una telenovela o construyendo naves espaciales? ¿Cómo es de difícil? ¿Requiere otra tirada de dados casi imposible o está lista para existir en cuanto se dan las mínimas condiciones?

Por supuesto, aún no tenemos respuesta a estas preguntas. Pero sí algunos indicios. Uno de esos indicios sugiere que cuanto más antigua sea la vida terrestre, cuanto más antigua sea la vida compleja terrestre, más fácil es. De lo contrario, le habría costado mucho más. Ahora mismo ya sabemos que la vida terrestre es muy, muy, pero que muy antigua. Hay señales de actividad biológica hace 3.700 millones de años,vii o sea menos de mil millones de años después de que se formara nuestro planeta; y sin duda hubo ecosistemas microbianos hace 3.480 millones,viii es decir, más de una cuarta parte de la edad del universo. Y con esto sabemos también que pudo haber formas de vida casi tan complejas como los artrópodos modernos (por ejemplo, los insectos) a principios del Cámbrico. Desde las sombras del tiempo, Fuxianhuia protensa dice que sí. Puede que sea fácil. Quizá, después de todo, sea fácil. ¿Por qué no?

Referencias:

iMa X., Cong P., Hou X., Edgecombe G.D. & Strausfeld N.J. (2014). An exceptionally preserved arthropod cardiovascular system from the early Cambrian, Nature Communications, 5 DOI:

ii Xiaoya Ma, Xianguang Hou, Gregory D. Edgecombe, Nicholas J. Strausfeld: Complex brain and optic lobes in an early Cambrian arthropod. Nature 490, 258 – 261 (11 de octubre de 2012). DOI: 10.1038 / nature11495.

iii Hou, X-G; Siveter, D. J. et al.: Collective Behavior in an Early Cambrian Arthropod.Science Vol. 322 nº 5899 p. 224 (10 de octubre de 2008). DOI: 10.1126 / science.1162794.

iv M. F. Land y D. E. Nilsson: Animal eyes.Oxford University Press (Ed.), Oxford, 2002. ISBN: 0-19-8575645 / 0-19-8509685.

v Kozmik Z. et al: Role of Pax genes in eye evolution; a Cnidarian PaxB gene uniting Pax2 and Pax6 functions.Developmental Cell 5 (5): 773–785. DOI: 10.1016 / S1534 – 5807(03)00325 – 3.

vi Patterson, J. R.; García-Bellido, D. C. et al.: Acute vision in the giant Cambrian predator Anomalocaris and the origin of compound eyes.Nature 480, 237–240 (8 de diciembre de 2011). DOI: 10.1038 / nature10689.

vii Ohtomo, Y. et al.: Evidence for biogenic graphite in early Archaean Isua metasedimentary rocks.Nature Geoscience 7, 25–28 (2014). DOI: 10.1038 / ngeo2025.

viii Noffke, N.; Christian, D.; Wacey, D. y Hazen, R. M.: Microbially induced sedimentary structures recording an ancient ecosystem in the ca. 3.48 billion-Year-Old Dresser Formation, Pilbara, Western Australia.Astrobiology, diciembre 2013, 13(12): 1103-1124. DOI: 10.1089 / ast.2013.1030.

Sobre el autor: Antonio Cantó (@lapizarradeyuri) es polímata y autor de La pizarra de Yuri

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