Colapso

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Colapso

En 1968, el biólogo Paul R. Ehrlich publicó el ensayo “The Population Bomb” (La bomba poblacional). Comenzaba así: “La batalla para alimentar a la humanidad ha terminado. En los años setenta, incluso aunque se pongan en marcha planes de choque en este mismo momento, morirán de hambre centenares de millones de personas. Llegados a este punto, nada puede evitar un incremento sustancial en la tasa de muertes mundiales…” La obra era, como otras anteriores y posteriores, una versión moderna del “Ensayo sobre el Principio de Población” (1798) de Thomas Malthus. Todos ellos se basan en la idea de que la población crece cada vez más rápido pero la producción de recursos, en general, y de alimentos en particular, no puede crecer al mismo ritmo que la población. En sus versiones contemporáneas, además del problema de los recursos (agua, comida, energía y materias primas, principalmente), se añade la amenaza del deterioro creciente del medio ambiente que, además de incidir de forma negativa en la salud y calidad de vida de las personas, también vendría a limitar la producción futura de alimentos.

El pasado año la revista de la Royal Society (por sus siglas, Proc. R. Soc. B) publicó un artículo de Paul y Anne Ehrlich titulado “¿Puede evitarse un colapso de la civilización global?”. En él, el matrimonio Ehrlich recupera los argumentos que sustentan la ida de la proximidad de un colapso si no se toman medidas de gran calado rápidamente. Abogan por un modelo “de estado estacionario” que incluya la detención del crecimiento poblacional y que estabilice el consumo de recursos. Ello exigiría, por supuesto, un gran cambio social, político y cultural. Y se basaría en el desarrollo por parte de la humanidad de una “nueva inteligencia múltiple”, una “inteligencia previsora” que anteponga los intereses de la humanidad a largo plazo a los inmediatos de las fuerzas económicas que impulsan hoy a las sociedades. Esta propuesta implica, por supuesto, que el progreso económico tendría que detenerse.

Sin embargo, más allá de si ese cambio es posible, son las mismas premisas en que se basa su supuesta necesidad las que han sido cuestionadas. Por un lado, las previsiones de crecimiento poblacional se están revisando debido a los fuertes descensos de natalidad que están ocurriendo en casi todos los países del mundo. De hecho, si se llegan a alcanzar los 9.000 millones de personas previstos para 2050, lo más probable es que después se produzca un declive. Por otro lado, ya hoy se produce la cantidad de comida necesaria para alimentar a ese número de personas; se trata de que los sistemas económicos y de comercio internacional evolucionen de forma que los alimentos lleguen a todo el mundo. Además, durante las dos últimas décadas ha disminuido en un 17% el número de personas que pasan hambre, y no hay razones para pensar que esa tendencia vaya a truncarse próximamente.

Y en cuanto al resto de problemas, hasta el presente y durante los últimos dos siglos, el ingenio humano ha ido resolviendo o atenuando gran parte de ellos, favoreciendo el crecimiento económico y el progreso social, político y cultural. Y la esperanza y calidad de vida de la gente no ha dejado de aumentar. Esto no quiere decir que vaya a seguir siendo así de forma indefinida, pero como señala el M J Kelly en su respuesta a los Ehrlich, “los puntos de vista científicos que socavan el progreso económico son una amenaza por sí mismos y necesitan una cuidadosa y sólida justificación.” El debate -también en el terreno científico- sigue abierto.

Fuentes:

Paul R. Ehrlich & Anne Ehrlich (2013): «Can a collapse of global civilization be avoided?» Proc. R. Soc. B 280 (1754) 20122845

Michael J. Kelly (2013): «Why a collapse of global civilization will be avoided: a comment on Ehrlich & Ehrlich» Proc. R. Soc. B 280 (1767) 20131193


Sobre el autor: Juan Ignacio Pérez (@Uhandrea) es catedrático de Fisiología y coordinador de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU


Este artículo fue publicado el 15/12/13 en la sección con_ciencia del diario Deia.

7 comentarios

  • Avatar de Francisco Chico

    Respecto al agotamiento del petróleo, ¿habrá a tiempo otra alternativa factible que no obligue a cambiar el actual sistema?

  • Avatar de Nube

    El optimismo de Kelly se basa en ignorar toda la investigación científica con respecto al cambio climático (ver último informe del IPCC o las declaraciones de las principales sociedades científicas del mundo). En base a esto, declara que es posible seguir quemando combustibles fósiles (aunque los no convencionales generen más problemas que beneficios). Y gracias a esto podremos fácilmente alimentr a «solo» 2.000 millones más de personas para el 2050.
    Si la primer premisa, que podemos ignorar el efecto sobre el clima de la quema de combustibles es falsa, nos resta confiar en la ingeniosidad humana.
    La ciencia, la tecnología y la creatividad humanas no sirven solo para desarrollar «maravillas tecnológicas», sino también para advertirnos que debemos buscar nuevos caminos si aquel por el que circulamos nos conduce a lugares peligrosos.

  • Avatar de AJ

    El cambio climático es una amenaza terrible para la humanidad, pero hay algo que convendría no ignorar: sabemos que viene, qué formas puede adoptar y, sobre todo, sabemos que no será instantáneo . Durante siglos, la humanidad se ha adaptado con recursos tecnológicos mucho más precarios a cambios igual de profundos y , a veces, mucho más bruscos, como ciertas megaerupciones prehistóricas que hacen que la erupción del Krakatoa del siglo XIX parezca de juguete.

    Sobre si es posible construir una alternativa al petróleo. Es que no hay que construirla, hay que desarrollarla. Quizá no se entienda la diferencia. El enorme poder calorífico del petróleo se conoce desde antiguo; sin embargo, hizo falta desarrollar el motor de combustión interna para que pudiera ser explotado. Ocurre lo mismo con las alternativas a los combustibles fósiles. La energía nuclear de fusión podría responder a las necesidades energéticas de continentes enteros; los principios teóricos se conocen bastante bien… Pero la capacidad de crear un reactor «real» está varios órdenes de magnitud por encima de las capacidades actuales de un gobierno o un grupo empresarial, incluso si es gigante. Claro está, si el Iter realmente funciona… En 1940, nadie creía siquiera que se pudiera obtener energía eléctrica de la fisión nuclear, como mucho, se hablaba de enriquecer uranio para bombas. En 1954, la primera central dio potencia de 5 megavatios. Veinte años después, la potencia total ascendía a más de 100 gigavatios. Así que no es tan descabellado pensar que, una vez que la capacidad de producción real se ponga sobre la mesa, la implementación sea rápida.

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