Tamaño del encéfalo e inteligencia

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Imagen: Pixabay

El encéfalo de los primates aumentó de tamaño en el curso de la evolución; también el de los homininos, grupo al que pertenece nuestra especie. Homo habilis, que vivió hace unos 2 millones de años, tenía un encéfalo de unos 600 ml de volumen, no mucho mayor que el de los chimpancés –nuestros parientes más próximos-, que es inferior a 500 ml. El de Homo erectus, que vivió entre hace 1,8 millones y 600.000 años, era de unos 900 ml, y el nuestro tiene alrededor de 1350 ml.

Con el transcurso del tiempo, a la vez que aumentó el tamaño encefálico, también varió la importancia relativa de unas áreas por comparación con las de otras. Experimentaron una expansión mayor las que integran y procesan información procedente del resto de áreas encefálicas, o sea, las que desempeñan funciones consideradas de mayor nivel. Y lo mismo ocurre si se compara el encéfalo de adultos y el de niños de corta edad. Al crecer no se desarrollan de la misma forma unas regiones y otras, sino que son las que realizan tareas de integración superior las que experimentan un mayor crecimiento relativo.

Pero resulta que puede haber importantes diferencias en el tamaño encefálico de personas de la misma edad, y las diferencias no se limitan solamente al tamaño; también difieren en la proporción relativa de unas áreas y otras. En otras palabras, ciertas regiones son proporcionalmente mayores en los encéfalos más grandes. Y se da la circunstancia, por otro lado, de que son las mismas que crecen relativamente más a lo largo del desarrollo de las personas y que más han aumentado de tamaño en el curso de la evolución. Se trata, en concreto, de redes corticales de los lóbulos parietal y frontal, así como de ciertas regiones subcorticales relacionadas. Son áreas que integran información de múltiples procedencias, áreas “que piensan”. A cambio, en los encéfalos de mayor tamaño ocupan un menor espacio relativo regiones implicadas en la elaboración de emociones -como el sistema límbico-, así como las dedicadas a procesar información sensorial –áreas sensoriales- y a generar los impulsos que provocan la ejecución de movimientos, las áreas motoras.

Además de lo anterior, las áreas que experimentan un mayor crecimiento relativo conforme progresa el desarrollo encefálico y que ocupan un mayor espacio en los cerebros más grandes son regiones especialmente dotadas estructural y funcionalmente para establecer conexiones de largo alcance con otras zonas de la corteza cerebral. Y son áreas que experimentan, además, un mayor gasto energético, puesto que están formadas por células más activas que el resto, lo que conlleva más consumo de oxígeno, mayor gasto de glucosa, y mayor actividad metabólica.

Ahora bien, ¿significa esto que las personas con encéfalos más grandes son más inteligentes? No parece ser el caso, no al menos en una medida significativa. Es cierto que si se considera la historia de nuestro linaje cabe suponer que los seres humanos actuales somos más inteligentes que los pertenecientes a especies anteriores a la nuestra, como H. habilis o H. erectus. Pero cuando se analiza la variación del cociente de inteligencia (IQ) con el tamaño encefálico se observa que éste solo explica un 5% de la variación de IQ.

Es posible que las diferencias de tamaño puedan, en determinadas comparaciones, estar asociadas con ligeras diferencias en alguna capacidad intelectiva en concreto. Pero no olvidemos que aunque hombres y mujeres tenemos tamaños encefálicos algo diferentes, no hay diferencias de inteligencia entre los dos sexos. O que los neandertales tenían un encéfalo aún mayor que el nuestro y, muy probablemente, no eran más inteligentes que nosotros.

Fuente: P. K. Reardon et al., Science doi:10.1126/science.aar2578 (2018)


Sobre el autor: Juan Ignacio Pérez (@Uhandrea) es catedrático de Fisiología y coordinador de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU


Una versión anterior de este artículo fue publicada en el diario Deia el 21 de octubre de 2018.

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