El caso de la fístula incurable

Ciencia infusa

Las fístulas, esas heridas tan molestas que no se cierran, son una complicación traumática a veces difíciles de curar. O, para aclarar conceptos lingüísticos, el Diccionario de la Academia define la fístula como “conducto anormal, ulcerado y estrecho, que se abre en la piel o en las membranas mucosas”. Por lo menos en un caso, que yo sepa, una fístula hizo famosos a dos hombres.

William Beaumont
William Beaumont

Uno de esos hombres era Alexis Bidaguin o Bidagan, conocido como St. Martin (1794 o 1804-1880), “voyageur” por el norte de América en el siglo XIX, canadiense nacido en Québec (su abuelo paterno era natural de Masparraute, en euskera Martxueta, en Baja Navarra), cazador y tratante de pieles, y sería conocido en ciertos círculos académicos y médicos por su famosa fístula gástrica. En aquella época, en la primera mitad del siglo XIX, poco sabían sobre la digestión de los alimentos. Conocían la anatomía del tubo digestivo, quizá no en detalle pues no hay que olvidar que estamos en la época de Frankenstein y del robo de cadáveres para los estudiosos de la anatomía del cuerpo humano, y, por estudios del contenido del estómago sabían, o más bien sospechaban, que en ese órgano se descomponían los alimentos. Entonces aparece el segundo hombre que se va a hacer famoso por una fístula gástrica, el cirujano y médico militar del Ejército de Estados Unidos, el Dr. William Beaumont (1786-1853). St. Martin y Beaumont se van a encontrar y nosotros vamos a heredar un mayor y más profundo conocimiento de la digestión de los alimentos.

Todo comenzó el 6 de junio de 1822. El lugar, la isla Makinac, en Estados Unidos, en lo que ahora se llama el Estrecho de Michigan que une el Lago Hurón y el Lago Michigan, en la zona de los Grandes Lagos entre Canadá y Estados Unidos. Allí se encontraba el puesto para el tráfico de pieles de la Compañía Americana de Pieles. Era el epicentro de la empresa para toda la región de los Grandes Lagos, con el almacén y la tienda de suministros y provisiones y un bar muy concurrido. Una vez al año, entre junio y agosto, los tramperos, a menudo hasta 5000, se reunían para vender las pieles que habían obtenido en el invierno, cobrar sus sueldos y ganancias y aprovisionarse para la siguiente campaña.

Retrato de Alexis St Martin ya anciano con su fístula en el costado izquierdo.
Retrato de Alexis St Martin ya anciano con su fístula en el costado izquierdo.

Ese día, el 6 de junio, en medio de lo que parece fue una escandalosa y generalizada juerga, se disparó un fusil en el bar del puesto, quizá por accidente, y alcanzó en el costado izquierdo a Alexis St. Martin. De inmediato, el Dr. William Beaumont, destinado en Fort Mackinac, a unos centenares de metros del puesto, acudió a atender al herido. Y, como la herida no acababa de cerrar, siguió atendiendo a Alexis St. Martin los siguientes tres años. La herida inicial fue descrita por Beaumont como del tamaño de “la palma de la mano de un hombre”. Con el tiempo quedó reducida a un diámetro de dos centímetros y medio. Parte de la pared superior del estómago se plegaba sobre la fístula y la cerraba, lo que permitía mantener el alimento dentro del estómago y hacer la digestión. Así, St. Martin vivió hasta más de los 80 años con un estómago que, por debajo de la tetilla izquierda, comunicaba con el exterior.

Entonces llegó el momento del Dr. Beaumont. Después de esos tres años de intentos fallidos de curar la herida, decidió aprovechar la extraordinaria oportunidad que tenía de estudiar la digestión, en vivo y en directo, a través de la ventana que había quedado abierta al estómago de St. Martin. Con facilidad, Beaumont retiraba la pared del estómago que cerraba la fístula y accedía al interior de un estómago sano que funcionaba, más o menos, con normalidad.

Descripción de la apertura en los "Experiments and Observations on the Gastric Juice and the Physiology of Digestion", 1833, de William Beaumont (pág. 27)
Descripción de la fístula en los «Experiments and Observations on the Gastric Juice and the Physiology of Digestion», 1833, de William Beaumont (pág. 27)

Realizó 238 experimentos que Beaumont describió con todo detalle en la monografía de más de 200 páginas que publicó en 1833. Su técnica básica era atar trozos de alimentos a un hilo de seda y meterlos al estómago por la fístula. El primer experimento se inició el 1 de agosto de 1825, cuando St. Martin le confesó que se sentía bien y animado a comenzar con aquello, que supongo le sonaría raro, de conocer cómo hacía la digestión. Beaumont, a las 12 en punto, introdujo en el estómago el hilo de seda con trozos de buey cocinado a la moda (sic), tocino salado, buey salado, buey salado cocido, pan de cebada y berza cruda cortada en tiras. Un menú extenso y muy energético, típico de la zona y pensado para militares y cazadores de pieles. A tiempos diferentes, una, dos o tres horas, extrae los alimentos y observa cómo se han digerido. A las cinco horas, da por terminado el experimento.

Durante los siguientes ocho años, cada vez que Beaumont conseguía encontrar a St. Martin y le convencía para continuar los estudios, siguieron los estudios. Midió la temperatura del estómago, siendo 37.7ºC la habitual y más eficaz para la digestión. Esa temperatura subía los días secos y bajaba los días húmedos.

Con un tubo de caucho extrajo jugo gástrico para analizarlo y encontró que uno de los componentes principales era el ácido clorhídrico y sospechó que había otro que, unos años después (en 1836 y por Theodor Schwann), fue identificado como la enzima pepsina. Con el jugo gástrico extraído completó la digestión fuera del cuerpo, a la temperatura de 37.7ºC y en mucho más tiempo, lo que demostró que era un proceso químico y no mecánico debido a los movimientos de los músculos de la pared del estómago. Incluso estableció que el estado de ánimo de St. Martin, o sea, según la terminología actual el estrés, influía en su digestión. A St. Martin le molestaban los experimentos y Beaumont descubre que cuando está irritado, la digestión es más larga. Por ejemplo, la carne asada tarda el doble en digerirse cuando St. Martin se muestra harto de tanto experimento.

A finales de 1832, cuando ya está ordenando sus experimentos y redactando la monografía, Beaumont y St. Martin inician otra serie de experimentos, aunque no saben que serán los últimos. Después, la vida los separará para siempre. Ahora Beaumont prueba nuevos alimentos para a conocer su digestión. Prueba con salchichas, cordero, tocino salado cocido e, incluso, con ostras por docenas.

Alexis St. Martin murió el 24 de junio de 1880, a la edad de 86 años. Fue padre de 18 hijos, a pesar de su estómago agujereado. William Beaumont murió el 25 de abril de 1853, 27 años años antes que St. Martin y a la edad de 67 años. Nos dejaron más conocimientos de la fisiología de la digestión y, además, un siglo XIX lleno de médicos que buscaban con ansía a cualquiera que padeciera una fístula para convertirlo en material de estudio. Creo que es tema para otro escrito, pero pienso que los experimentos de Beaumont con St. Martin nos sirven para ilustrar la ética médica de aquellos tiempos con los pacientes.

Referencias:

Bensley, E.H. 1959. Alexis St. Martin. Canadian Medical Association Journal 80: 907-909.

Dean, J.B. 2013. Inquisitive doctor, reluctant patient: The story of Alexis St. Martin’s gastric fistula & American first physiologist, Dr. William Beaumont, who discovered gastric juice & the physiology of digestion (1822-1833).Experimental Biology, American Physiological Society, Boston, April 20-24.

Leblond, S. 1963. The life and times of Alexis St. Martin. Canadian Medical Association Journal 88: 1205-1211.

Markel, H. 2009. Experiments and observations. How William Beaumont and Alexis St. Martin seized the moment of scientific progress. Journal of American Medical Association 307: 804-806.

Match, R. 1951. The Window in St. Martin’s Stomach. Readers’ Digest, October.

Sobre el autor: Eduardo Angulo es doctor en biología, profesor de biología celular de la UPV/EHU retirado y divulgador científico. Ha publicado varios libros y es autor de La biología estupenda.

2 comentarios

  • Avatar de Eduardo Rodriguez

    Que interesante relato; permite como dice el autor «conocer la ética médica» de ese tiempo, pero mas q todo describe la forma en que la medicina se desarrollo, es decir por medio del ensayo y error. Pienso que en unos años dirán lo mismo de los que somos médicos actualmente.

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