Ciencia y desarrollo III

Series La ciencia y los objetivos del milenio Artículo 3 de 8

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La salud es otro terreno en el que la ciencia ha ejercido un efecto determinante sobre el bienestar de los seres humanos. Antes de disponer de los modernos métodos de diagnóstico y tratamiento, a menudo basados en una aparataje sofisticado y de complejo fundamento tecnológico, ya se habían producido avances significativos en materia de salud. Los trabajos de John Snow y su mapa del cólera en Londres, y de la enfermera y estadística Florence Nightingale, ambos en el siglo XIX, constituyeron la base de la moderna epidemiología.

Quizás el elemento de impacto más profundo en este ámbito es el de la cloración del agua de consumo que se empezó a practicar a finales del siglo XIX y principios del XX. Hasta entonces el agua estaba frecuentemente contaminada por bacterias diversas y era muy fácil sufrir todo tipo de enfermedades gastrointestinales, a menudo mortales. La potabilización del agua, consecuencia de una serie de descubrimientos científicos, junto con la importancia creciente otorgada a los sistemas de alcantarillado y al tratamiento de los residuos humanos han sido responsables de la salvación de millones de vidas en todo el mundo.

La prevención –gracias a las vacunas- y el tratamiento –gracias a los antibióticos- de enfermedades que hasta pocas décadas eran mortales han sido el segundo gran avance de la ciencia en materia de salud. No es difícil calibrar la gran importancia que han tenido estas invenciones para alargar la esperanza de vida de los seres humanos durante el siglo XX. A lo largo de ese siglo se duplicó, aproximadamente, la esperanza de vida del conjunto de la población. En algunos países casi se multiplicó por 2,5. Esos aumentos se debieron, casi en su totalidad, a la higiene y a los fármacos cuya promoción o producción se había basado en el conocimiento científico.

Igualmente, la utilización de aparatos para obtener imágenes de la anatomía interna humana, tuvo su origen en la ciencia. Se debe, quizás, a Marie Curie -por sus trabajos sobre la radioactividad y su contribución al diseño de aparatos de rayos X- el inicial desarrollo de la medicina física, que tanto ha aportado al diagnóstico de enfermedades y a la cura de algunas de ellas. Los aparatos de rayos X salvaron miles de vidas y, sobre todo, miles de extremidades, entre los soldados franceses durante la I Guerra Mundial, pues permitieron diagnósticos precisos de fracturas óseas que pudieron ser utilizados para realizar las intervenciones adecuadas. Y ya que hablamos de guerras, los descubrimientos de la soviética Lina Stern sobre el funcionamiento del encéfalo y la función de la barrera hematoencefálica también resultaron providenciales para miles de soldados soviéticos durante la II Guerra Mundial.

Por último, y aunque esta noción pueda resultar sorprendente para muchos, la ciencia, -su cultivo y los valores en que se fundamenta- han sido parte consustancial de la Ilustración, el movimiento intelectual que, entre mediados del XVII y mediados del XVIII, alumbró la civilización occidental, ese espacio geopolítico de libertades y derechos del que disfrutamos en la actualidad. Los países libres y democráticos son herederos y deudores de la Ilustración, de los principios que un conjunto notabilísimo de pensadores -originalmente en el Reino Unido, en Europa Occidental después, y en Norteamérica más tarde- que fueron quienes enunciaron los principios sobre los que se asientan las sociedades modernas, los principios que han inspirado las ideas de libertad, la igualdad de oportunidades, el valor del mérito personal, los derechos fundamentales y la cohesión social. La democracia, la libertad y los derechos universales no se entenderían sin el movimiento ilustrado y el movimiento ilustrado, con su cosmopolitismo y su aspiración a extender a todas las personas los principios que alumbró, no se entendería sin la revolución científica y la aspiración de los filósofos naturales a conocer las leyes universales que gobiernan el mundo y al propio ser humano.

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Reconocimiento: parte del contenido de esta anotación se ha inspirado en las respuestas dadas por los colaboradores de Naukas a la pregunta de este año: “¿Qué avance o descubrimiento de la ciencia moderna ha hecho progresar más a la humanidad?”

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Sobre el autor: Juan Ignacio Pérez (@Uhandrea) es catedrático de Fisiología en la UPV/EHU y coordinador de su Cátedra de Cultura Científica.

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