Las descubridoras del bisturí molecular

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Las bioquímicas Jennifer Doudna y Emmanuelle Charpentier han sido premiadas con el premio Princesa de Asturias porque a ellas se debe el desarrollo de una técnica -basada en el sistema denominado CRISPR/Cas- que es considerada una innovación trascendental en el campo de la genética molecular y de sus aplicaciones. Doudna y Charpentier estaban interesadas en desentrañar el mecanismo que utilizan ciertos microorganismos -arqueas y algunas bacterias- para defenderse del ataque de agentes genéticos extraños, como los bacteriófagos, que son los virus que atacan a las bacterias y se sirven de ellas para reproducirse.

Las científicas premiadas, además de desentrañar el mecanismo del sistema CRISPR/Cas, se dieron cuenta de sus posibilidades para uso biotecnológico. El sistema funciona como si fuese unbisturí molecular, pues se puede utilizar para cortar y pegar fragmentos de ADN en el enclave del genoma que se desee, o sea, para editarlo. Como señalaron en una revisión de la técnica que publicó la revista Science en noviembre de 2014, el mecanismo identificado en las bacterias se utiliza, entre otras cosas, para analizar la función de genes en células de todo tipo de organismos, para reorganizar sus secuencias génicas introduciendo nuevos elementos de información en ellas, o para corregir mutaciones responsables del desarrollo de enfermedades graves. Ha generado también importantes expectativas en el campo de la farmacología y abre un enorme abanico de posibilidades en el desarrollo de cultivos de plantas con propiedades especiales (resistentes a enfermedades, sequías, suelos salinos, etc.), con lo que eso significa de cara al desarrollo de nuevos cultivos agrícolas.

La nueva técnica abre también la vía a la edición del genoma de embriones de diferentes especies, incluidos seres humanos, para que los individuos resultantes tengan determinadas características. A nadie se le escapa que la edición de genomas humanos en estado embrionario para que desarrollen características deseadas no deja de ser una forma de eugenesia, con todas las implicaciones éticas que ello implica. Esa es la razón por la que un importante grupo de científicos ha pedido una moratoria de la técnica antes de ser utilizada para editar embriones humanos.

Recientemente Jennifer Doudna, al referirse a su descubrimiento, ha declarado que ella siempre “se dedicó a la investigación básica, y que lo hizo motivada por el deseo de entender el mundo”. Doudna y Charpentier no investigaron con el objetivo de desarrollar una técnica revolucionaria que podría rendir enormes beneficios. Lo hicieron para conocer el mundo. El ánimo que las impulsaba no era aplicar los conocimientos que obtuviesen; simplemente querían entender cómo funcionan los seres vivos. Y en ese camino de conocimiento encontraron una aplicación de importancia crucial. Este es un ejemplo magnífico del modo en que funciona la ciencia y de cómo contribuye al desarrollo y bienestar de la humanidad.


Sobre el autor: Juan Ignacio Pérez (@Uhandrea) es catedrático de Fisiología y coordinador de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU

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Este artículo fue publicado el 20/5/15 en el diario Deia y lo reproducimos aquí con motivo de la concesión, esta misma semana, del Premio Princesa de Asturias.

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