La falta de hierro y cómo un pez acaba con ella

La anemia afecta en todo el mundo a casi un 25% de la población. Más de 1600 millones de personas la padecen y en concreto, la denominada anemia ferropénica (causada por un déficit de hierro) es la más habitual, llegando a afectar a más de 700 millones, con una prevalencia 2,5 veces mayor en países subdesarrollados.

Una alimentación pobre, en calidad y cantidad, con predominio de alimentos vegetales, se presenta como uno de los principales factores de riesgo para padecerla. De hecho, se estima que alrededor de 3000 millones de personas en el mundo pueden sufrir deficiencia de hierro.

En mayo de 2008, Christopher Charles había terminado su licenciatura en ciencias biomédicas en la universidad canadiense de Guelph y recibió una beca de la Agencia Canadiense de Desarrollo Internacional (ACDI) para llevar a cabo una investigación en salud epidemiológica en Camboya, un lugar que eligió tras conocer la necesidad de voluntarios y asistentes para un programa de la deficiencia de hierro en la dieta.

Basándose en la idea de que al emplear utensilios de hierro para cocinar se transmite hierro a los alimentos durante su cocción, el investigador y su equipo repartieron pequeños discos de hierro entre las mujeres y les pidieron que los pusieran durante un tiempo en sus ollas. La idea no resultó muy bien acogida por lo que tuvieron que ingeniárselas para lograr su objetivo.

El resultado fue la fabricación de unas pequeñas piezas de hierro con forma de pez que actualmente se comercializan bajo la marca ‘The Lucky Iron Fish’ en casi 70 países, incluido España.

The Lucky Iron Fish

Imagen cortesía de The Lucky Iron Fish

El invento se debe limpiar bien antes de ser usado para posteriormente ponerlo a hervir durante 10 minutos en un recipiente con un litro de agua y un poco de zumo de limón o ácido cítrico, para maximizar la absorción del hierro. Tras ese tiempo, se retira el pez y se cocina normalmente empleando el líquido resultante que, además, se puede conservar durante días. Y con ese sencillo procedimiento, según la empresa, es suficiente para proporcionar el 75% de las necesidades diarias recomendadas de hierro a una familia entera durante 5 años, pasado ese tiempo hay que comprar una pieza nueva.

Claro, a nadie se le escapa que el hierro puede ser tóxico aunque en este caso, se afirma que cada lote está probado para garantizar su seguridad y calidad. Se aseguran de que el hierro que liberan los lingotes para ser absorbido por el cuerpo esté en un nivel que no cause toxicidad así como de que no haya contaminantes en el hierro que pudieran ser perjudiciales para la salud humana. Todo mediante pruebas llevadas a cabo por laboratorios independientes en Phnom Penh y Ontario.

Obviamente habrá quien se esté preguntando si no era más fácil recomendar que se cocinase en ollas hechas de hierro. A este respecto, los investigadores señalan que si bien es cierto que el cocinar en ollas de hierro libera el hierro, es difícil de cuantificar la cantidad del mismo que se libera y si esa sustancia es o no biodisponible (si puede ser absorbida por el cuerpo).

Las sartenes de hierro tienden a oxidarse y el óxido es hierro férrico que no puede ser absorbido por el cuerpo. Para evitar que la sartén de hierro se oxide por lo general hay que “sellar” la sartén por calentamiento a altas temperaturas con aceite y eso lleva a que se bloquee la liberación de hierro durante la cocción.

Por su parte, la pieza diseñada por ellos se hace de un tipo particular de hierro y su forma, tamaño y peso se calculan para liberar aproximadamente 70 microgramos de hierro por gramo después de la ebullición durante 10 minutos en un litro de agua acidificada.

Después de 9 meses usando ‘The Lucky Iron Fish’ en Camboya todos los días, se ha visto una disminución del 50% en la incidencia de la anemia por deficiencia de hierro clínica y un aumento en los niveles de hierro de los usuarios. Además los habitantes han logrado confiar en él y se ha convertido en una parte integral de sus vidas.

Por otro lado, la empresa fabrica en Camboya las piezas que se venden allí (el resto en Canadá) por lo que también está generando empleo en la zona y ofrece la posibilidad en su web no solo de comprar las piezas para uso propio sino también con el fin de donarlas a personas necesitadas.

Se trata éste de un ejemplo de cómo la ciencia y el ingenio de quienes la llevan a cabo puede resolver de manera sencilla y barata problemas que afectan a millones de personas en el mundo desde tiempos inmemoriales.

Sobre la autora: Maria José Moreno (@mariajo_moreno) es periodista

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