Autocrítica en la Royal Society

Frontera

La Royal Society no necesita presentación para cualquier lector habitual de esta publicación. Para el que no sea habitual, basta decir que la Royal Society es la institución científica más importante, si no por sus logros científicos actuales, que también, por la importancia histórica que tiene en el establecimiento del concepto moderno de ciencia, científicos y divulgación.

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En cualquier caso, no es propósito de este post, contar la historia de la Royal Society sino explicar cómo una institución con una historia de más de 300 años se ha embarcado en los últimos años en un ejercicio de autoexamen y autocrítica con el firme propósito de favorecer la diversidad entre sus integrantes y entre los destinatarios de sus becas y ayudas a la investigación.

«Fui consciente por primera vez de las diferencias de percepción y reconocimiento hacia el trabajo de las mujeres científicas en el año 2005, cuando me convertí en Miembro de la Royal Society y sólo éramos 3 mujeres y 40 hombres. Ése fue el momento que me cambió».

Uta Frith
Uta Frith

Uta Frith, psicóloga evolutiva, profesora de desarrollo cognitivo y especialista en los procesos mentales del autismo y la dislexia, no había pensado nunca en la percepción de la mujer en la ciencia.

«Tuve mucha suerte, no me enfrenté a ningún tipo de discriminación en mi carrera y sólo percibí ligeramente los obstáculos a los que se tuvieron que enfrentar otras mujeres tan comprometidas y entregadas a sus investigaciones como sus mucho más famosos colegas masculinos.»

Nunca había pensando en esos obstáculos hasta que entró en la Royal Society y se convirtió, como ella misma dice, en una «defensora de las mujeres en ciencia».

En una fecha tan cercana como septiembre de 2014, el anuncio de la concesión de las prestigiosas University Research Fellows supuso una conmoción para la Royal Society.

Paul Nurse
Paul Nurse

De los 43 beneficiarios, sólo 2 eran mujeres. Las cifras eran tan apabullantes, tan vergonzosas, que la institución, tan solo unos días después, publicó un cuadro con las cifras de los últimos años acompañadas de un texto de su director, Paul Nurse, expresando su decepción por esa situación.

Tabla

En vez de escudarse en excusas, con justificaciones del tipo «es que hay menos mujeres», «se trata de elegir a los mejores» o «nosotros no tenemos la culpa de que las mujeres no lo soliciten», la Royal Society reconoció el problema y se puso manos a la obra para estudiar qué había ocurrido y cómo solucionarlo.

Hace un año, tan solo 5 meses después del escándalo de las ayudas, puso en marcha una serie de medidas para tratar de resolver los problemas de diferencias de género en todas las actividades y decisiones de la Royal Society. Estas medidas comprenden:

  • Revisar toda la documentación referida a las becas, ayudas y premios a la investigación para tratar de identificar si alguna de la información o el modo de darla supone un obstáculo para que las mujeres accedan ellas. Además, se publican los perfiles de candidatas elegidas en años anteriores para que sean un ejemplo y un estímulo para futuras solicitantes.
  • Animar a las mujeres con un perfil adecuado para estas ayudas y becas a solicitarlas. Procurarles una ayuda adecuada y consejo en todo el proceso. Se insta a los miembros de la Sociedad a hacer un esfuerzo en la búsqueda de candidatas en sus Universidades y centros de investigación.
  • Establecer un diálogo con las universidades y otros centros de investigación sobre el papel de todas las ayudas que concede la Royal Society. Se persigue entender las necesidades y el perfil de los potenciales destinatarios de estas ayudas y evitar malentendidos con estos programas. Este tipo de diálogos se extenderían a todas las actividades puestas en marcha por la Sociedad y no sólo para las ayudas.
  • Reconocer el sesgo existente entre los miembros de los comités de selección. Se realizó, incluso, un vídeo explicando el sesgo, cómo reconocerlo, evitarlo y el prejuicio que no considerarlo suponía para todos.

Entre las soluciones para corregir el sesgo se propone a los comités de selección:

  1. Ralentizar deliberadamente la toma de decisiones para no dejarse llevar por la precipitación y la intuición. Reflexionar.
  2. Reconsiderar las razones para tomar una u otra decisión.
  3. Cuestionarse los estereotipos culturales.
  4. Controlarse unos a otros para identificar sesgos inconscientes.
  5. Examinar todos los datos referentes a todas las actividades de la Sociedad para intentar solucionar los problemas de diversidad en las diferentes etapas de la carrera científica. Se pone especial interés en conocer cómo se distribuyen los fondos en la investigación post-doctoral, si las mujeres reciben menos dinero, si hay menos mujeres que lo solicitan y si esas diferencias se deben a criterios subjetivos, como el sesgo de género.

Uta Frith dirige el Comité de Diversidad de la Royal Society responsable de monitorizar todas estas medidas que se engloban dentro del ambicioso Programa de Diversidad 2015-2018 que la Royal Society puso en marcha el año pasado.

«Lo importante es que no se trata sólo de decir palabras bonitas sobre la igualdad y la justicia, se trata de hacer cosas. Queremos un cambio cultural. Queremos romper las barreras en la ciencia».

El primer paso para conseguir romper esas barreras es ser consciente de la necesidad de cambiar, reconocer los propios fallos y errores y estar dispuesto a aceptar que el cambio tiene que empezar por uno mismo. Puede que la Royal Society, tres siglos después de haber encabezado la primera gran revolución científica, encabece otra, cambiando la imagen de la ciencia.

Sobre la autora: Ana Ribera (Molinos) es historiadora y cuenta con más de 15 años de experiencia en el mundo de la televisión. Autora de los blogs: Cosas que (me) pasan y Pisando Charcos.

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