Aprender a comunicar ciencia con Alan Alda

Estaba desesperado por intentar encontrar la manera de ayudar a que los científicos comunicaran su ciencia con más claridad y más intensidad. Sobre todo claridad. No rebajar el nivel de la ciencia, sino ser más claro con ella para que el resto de nosotros sintamos que están hablando en nuestro idioma. Alan Alda

Hace unos días, Xurxo Mariño publicó un estupendo post con el eterno tema de las dos supuestas culturas: las carencias en cada uno de los lados del acantilado, las percepciones y distintos “puentes” que se han tratado y se tratan de tender por el bien de todos.

En este intento, en el que muchos estamos a favor de acabar con el abismo de incomprensión y desconfianza entre las dos supuestas culturas y con el cierto recelo con que gran parte de la sociedad mira a la ciencia, la comunicación científica tiene un papel fundamental.

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Alan Alda es una cara conocida para cualquiera con una mediana cultura televisiva o cinematográfica. Saltó a la fama por su participación en la inolvidable serie MASH y ha protagonizado muchísimas películas, la última de las cuales, El puente de los espías, se estrenó el año pasado.

El Alan Alda Center for Communicating Science es una institución creada en 2009 en la Stony Brook University, con la cooperación del Laboratorio Nacional de Brookhaven y el Laboratorio Cold Spring Harbor. Se ubica dentro de la Escuela de Periodismo de la Universidad y su comité directivo está integrado por científicos de las distintas facultades de ciencias.

Es indudable el esfuerzo que muchísimos científicos realizan cada día para comunicar su trabajo. Hay esfuerzos, buenas intenciones, buenas iniciativas y resultados con mayor o menor grado de acierto. Y también hay, en muchos casos, desconocimiento y falta de humildad.

¿A qué me refiero? Escribir un post divulgativo, dar una charla, realizar una entrevista para un medio generalista o asistir a una mesa redonda tienen muy poco que ver con ser un buen científico y mucho con aprender algo de comunicación.

Es perfectamente comprensible que un científico cualquiera, enfrentado a una opinión del tipo “No he entendido lo que quiere explicar”, “Me he aburrido”, “Me he sentido completamente fuera de lo que usted contaba”, sienta cierto resentimiento. Para un científico, para cualquiera, reconocer que no ha hecho bien algo en lo que, seguramente, ha invertido tiempo, dedicación y mucho interés es duro. Es lógico que tras estas reacciones decida que la comunicación no merece la pena. Pero la única manera de mejorar, y esto es tan obvio que me da hasta cierta vergüenza escribirlo, es ser autocrítico.

En el mundo de la divulgación científica hay poca autocrítica. Se recibe con muchísima suspicacia cualquier intento, por parte de un observador externo, supuesto destinatario de esa divulgación, de criticar la calidad de un texto, una charla o un podcast, por poner varios ejemplos. Y se suelen rechazar esas opiniones con frases como “Pues yo creo que lo he explicado bien”, “Es que el público no tiene nivel” o “Es imposible contarlo de manera más sencilla”.

El propósito del Alan Alda Center es ayudar a las próximas generaciones de científicos, y también a las actuales, a comunicar la ciencia de manera más efectiva. ¿Cómo? Enseñándoles herramientas de comunicación para que consigan que su mensaje, el que corresponda en cada momento, llegue de manera más efectiva.

Estamos acostumbrados a pensar en la comunicación científica como la herramienta para llegar al público en general, a los no científicos, pero la ciencia necesita también hacer llegar su mensaje a otros científicos que no son de su disciplina, necesita aprender a interactuar con los medios y necesita aprender a dialogar con los poderes políticos, las administraciones y los organismos públicos.

A comunicar, como a hablar, a escribir, a saber de matemáticas, de física, de química o sobre Picasso se aprende. Esa es la idea del Alan Alda Center y el propósito para el que se creó: enseñar a los científicos estrategias y prácticas para que aprendan no sólo a explicar su ciencia sino también, y esto es fundamental, a verla desde fuera, a disfrutarla no sólo al hacerla sino también al explicarla.

Improvisación para científicos. Oigo desde aquí la reacción de muchos de los que conozco. ¿Improvisación, para qué? Yo no necesito actuar, la ciencia no es teatro.

No se trata de actuar, se trata de aprender a relajarse, a estar cómodo hablando de ciencia incluso sin haber preparado nada, sin saber el tema a tratar.

Uso de medios digitales. Probablemente el 100 % de los que lean este post pensarán que saben usar los medios digitales, y seguramente sea así. Pero fuera del nicho de twitter hay muchísimos más científicos que no hacen uso de esas herramientas por desconocimiento, por temor, por vergüenza. De los que las usan, ¿cuántos las utilizan en el doble sentido que la comunicación necesita? ¿Cuántos los aprovechan como altavoces de su trabajo, pero no como receptores de lo que sus interlocutores necesitan o reclaman?

Habilidades para una entrevista. Contra lo que parece pensar la inmensa mayoría de los científicos, no basta con saber mucho sobre tu propia disciplina para estar preparado para dar una entrevista. Para nada. Las entrevistas se deben preparar y contar con una serie de competencias, que pueden aprenderse, para conseguir que luego no ocurra el famoso fenómeno: “Yo no dije eso, los periodistas dicen lo que quieren”. Hay que saber contestar con la mayor precisión posible, hay que ser claro y, sobre todo, hay que tener siempre en mente el mensaje principal que se quiere transmitir.

Existen muchísimas más competencias, trucos y pautas para mejorar en la comunicación científica (aplicables a cualquier disciplina). Ninguna de esas enseñanzas es una receta mágica y muchas de ellas son de sentido común, pero muchos científicos necesitan con urgencia por lo menos sentarse a pensar en ellas y en cómo aprender a utilizarlas.

“La ciencia es una historia de detectives bella y fascinante. Y no deberíamos privarnos de esa historia sólo porque está escrita en una lengua que no entendemos. No necesitamos dar un paso atrás, sino traducirla, hacerla viva, aclararla. Porque es bueno para las personas en el sentido de que la ciencia es siempre la base de una economía fuerte, es bueno para la ciencia porque necesita ser dotada de fondos por políticos que puedan entender de qué están hablando. Es buena para todos. Una comunicación mejor, una claridad mayor, nunca hace daño a lo que se emprenda. Y ciertamente es bueno para nuestra relación con la ciencia”. Alan Alda.

Sobre la autora: Ana Ribera (Molinos) es historiadora y cuenta con más de 15 años de experiencia en el mundo de la televisión. Autora de los blogs: Cosas que (me) pasan y Pisando Charcos.

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