Bohr y la veneración de la autoridad

Naukas

La autoridad es algo a tener muy en cuenta. Como mamíferos gregarios que somos estamos preparados desde antes de nacer para reconocer la autoridad y concederle prebendas y privilegios por el mero hecho de ser eso, autoridad. Lo vemos, y nos sometemos, todos los días, aunque sin darnos cuenta. Es algo que en publicidad se sabe y se utiliza mucho: batas, trajes, fonendos, microscopios, títulos académicos, todo se usa para revestir a la imagen que promociona tu producto de autoridad. Hasta en el desarrollo de la ciencia juega un papel que, aunque se corrija con el tiempo, puede perdurar bastante si se mide en vidas humanas. El caso de Niels Bohr es paradigmático. Advertimos al lector que lo que sigue puede resultarle chocante, cuando no escandaloso, si es de los que ha aprendido a sentir devoción por su figura.

No se pude sobrestimar el impacto que una figura de autoridad tiene en la evaluación y aceptación de las ideas. La autoridad de Bohr, sin precedentes hasta ese momento, no solamente permitió la amplia difusión acrítica de la interpretación de Copenhague de la mecánica cuántica, sino que consiguió que se aceptasen sus dudosas (por no llamarlas pobres) contribuciones fuera de su especialidad: sus disquisiciones sobre la complementariedad en biología, psicología o antropología son buenos ejemplos.

La autoridad de Bohr se basaba en sus importantísimas contribuciones científicas pasadas, por supuesto, pero también en su formidable poder institucional y, en no poca medida, a su carisma personal. Bohr podía proporcionar a la vez estímulo intelectual y una ayuda inestimable para avanzar en tu carrera como científico, satisfacción espiritual y diversiones terrenales, beneficios materiales y consejos psicológicos. Todo ello en el Instituto Bohr de Copenhague. Bohr se convirtió en una figura paterna cuyo estatus único muchos científicos jóvenes no tenían dificultad en reconocer y cuya autoridad muy pocos se atrevían a cuestionar.

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Color de rosa

Los héroes científicos se describen habitualmente como poseedores no solo de una capacidad de razonamiento poco menos que sobrenatural, sino también como dotados de cualidades personales sobrehumanas. Cualquier rasgo o acontecimiento, no importa lo irrelevante que sea, incluso los que en otra persona serían denigrantes, se usa como material para reforzar el pedestal sobre el que se eleva la figura de autoridad.

A menudo ese reforzamiento viene acompañado de verdadero afecto. Un caso ilustrativo es el de la descripción que hace Abraham Pais en Niels Bohr’s Times, in Physics, Philosophy and Polity (1991) del propio Bohr. Pais presenta la ignorancia de Bohr como una intuición formidable: Bohr no sabía lo que era un isómero pero sabía que los argumentos del conferenciante respecto a los isómeros eran “totalmente equivocados”. La paja con la que rellenaba sus conferencias, irrelevantes para el problema científico en cuestión, son para Pais “ejercicios de calentamiento”. La incapacidad de Bohr para dar conferencias públicas coherentes es interpretada por Pais como una “implacable lucha por la verdad”.

Autoridad

Una figura trágica

Hasta cierto punto la figura de Bohr es trágica. Contribuyó de forma muy relevante a establecer las bases de la teoría cuántica del átomo e inspiró y supervisó la creación de una nueva teoría cuántica. Y, sin embargo, era incapaz, por su enorme carga de tareas administrativas y su conocimiento matemático muy limitado (en Einstein esto es un mito; en Bohr algo de lo que no se suele hablar), de participar activamente en los desarrollos posteriores cuando la teoría se volvió muy matemática.

Efectivamente, mientras que Bohr se presentaba a sí mismo como un aficionado que tenía que abordar “cada nueva pregunta desde el punto de partida de la total ignorancia”, su hagiógrafo Pais comenta que “la fuerza de Bohr reside en su formidable intuición y comprensión más que en la erudición”. De hecho, existía, y existe, la leyenda de que Bohr tenía una especie de acceso privilegiado a los secretos de la naturaleza, cualitativamente diferente al del resto de científicos. Cuando los modelos físicos del átomo y las moléculas ya no eran válidos, habiendo sido sustituidos por modelos puramente matemáticos, Bohr, a diferencia de otros físicos teóricos, no tenía que calcular con objeto de obtener “la verdad”. Existe una frase de Niels Blaedel en Harmony and Unity: The Life of Niels Bohr (1988) muy reveladora: “Quizás su intuición le permitía comprender cosas cuando los demás necesitaban cálculos”.

Vemos, pues, que una limitación evidente de Bohr se transforma acríticamente en una fortaleza. Ni que decir tiene que ninguno de los casos en los que Bohr metió la pata claramente, por ejemplo, la teoría Bohr-Kramers-Slater (que merece un artículo propio y en la que Bohr parte de la base de que los fotones no existen, en 1924; recordemos que Einstein explicó el efecto fotoeléctrico usando fotones en 1905 y recibió el premio Nobel por ello en 1921), la negación de la existencia del espín o del neutrino, o la complementariedad entre “vitalismo” y “mecanicismo”, ninguno de estos casos, decíamos, se menciona cuando se está venerando la intuición de Bohr, o usándola para callar a los que disienten.

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El Señor es sutil…

Si la intuición es una máxima cuando se habla del pensamiento de Bohr, referirse a su sutileza es obligatorio. Y esta sutileza no es más que la sublimación de la incomprensión; algo muy popular en las vidas de los santos y en las biografías de las autoridades científicas.

Tanto seguidores como oponentes se refieren al pensamiento de Bohr como sutil, tal era su autoridad. Pero, curiosamente, pocas veces encontramos que se centre el comentario en un argumento concreto. Más bien, la palabra “sutil” parece que se usa cuando el autor se encuentra con una dificultad para seguir el razonamiento de Bohr y se ve incapaz de conseguir una lectura clara y coherente de sus escritos.

Esta terminología crea una separación fundamental entre el lector y Bohr, que permitía excusar la incapacidad para comprender, ya que se partía de la premisa de su autoridad, y, a la vez, impedía la crítica a esa misma autoridad.

El argumento de “verdad profunda”, más allá de los cánones simplistas, se usó reiteradamente en el Instituto Bohr como argumento definitivo en contra de jóvenes investigadores que habían encontrado un fallo en su razonamiento.

Como decíamos más arriba las contribuciones de Bohr al desarrollo de la ciencia son innegables. Lo que ocurre es que algunas son de orden sociológico y, en estas, la veneración por su autoridad fue clave. Nada es tan sencillo y lineal como se nos suele presentar.

Este post ha sido realizado por César Tomé López (@EDocet) y es una colaboración de Naukas con la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU.

Para saber más:

Pais, A. (1991) Niels Bohr’s Times, in Physics, Philosophy and Polity Clarendon Press

Blaedel, N. (1988) Harmony and Unity: The Life of Niels Bohr Science Tech / Springer

Beller, M. (1999) Quantum Dialogue The University of Chicago Press

Tomé López, C. (2011) El genio de Bohr Naukas

7 comentarios

  • […] La autoridad es algo a tener muy en cuenta. Como mamíferos gregarios que somos estamos preparados desde antes de nacer para reconocer la autoridad y concederle prebendas y privilegios por el mero hecho de ser eso, autoridad. Lo vemos, y nos  […]

  • Avatar de José Carlos López Vázquez

    No soy especial admirador de Neils Bohr, pero quizás él sabía por propia experiencia aquello que se le atribuye de que «Un experto es el que ha cometido todos los errores posibles en una disciplina»… y me parece ya solo por esto que merecería ser recordado. Siempre es un placer leer tus artículos. Un saludo.

  • Avatar de Juan R

    Como siempre un estupendo artículo que lleva a pensar más allá de Bohr (que es el pasado) sino más bien en el hecho que supone la “veneración de la autoridad” en el presente.
    Por un lado, el texto sirve para remarcar y recordar a todos y sobre todo al público interesado en ciencia, que los científicos no son infalibles. Tienen en su trayectoria aciertos y errores. Quizás lo importante es poner en una balanza la contribución final. O incluso mejor, conocer su actitud ante los errores, ya que ante los aciertos es fácil ser científico o tener la actitud crítica adecuada.
    Pero, por otro lado, este artículo a mi me lleva a proponer el hecho de la veneración de la autoridad que actualmente se da en un terreno ligado a la ciencia, la divulgación y la información científica.
    Ha sido un auténtico boom en los últimos años la aparición de blogs de ciencia, plataformas de divulgación científica, sección de ciencias en los periódicos, etc. Así que sucede lo mismo en estos terrenos que con la ciencia y los científicos, emergen figuras que bien por cantidad de información o bien por capacidad de transmitir conocimientos se erigen en autoridad, mejor dicho, se les concede el estatus de autoridad. Y, citando textualmente el inicio del artículo, ” Como mamíferos gregarios que somos estamos preparados desde antes de nacer para reconocer la autoridad y concederle prebendas y privilegios por el mero hecho de ser eso, autoridad.”. De tal manera que el mismo fenómeno descrito en el texto para la figura de Bohr se puede observar que se da para muchos de los autores de blogs, divulgadores y periodistas científicos. La cuestión es si a la luz de artículos como el que se describe el hecho con Bohr se puede generar una autocrítica que lleve tanto a lectores como a autores de los medios de divulgación científica a mantener una actitud (auto)crítica y no gregaria con los contenidos que se transmiten.
    Hace poco comentaba con un científico y divulgador muy conocido que si los escépticos se reúnen en un pub y se tragan sin razonar los contenidos del ponente de turno (es más suelen acudir más según la fama del ponente), entonces han perdido todo su escepticismo y pasan a ser gregarios. Tampoco es que haya que pasar absolutamente todo por un tamiz de alta selección, pero hay cosas que en toda charla sería, al menos, discutible. Porque además, en toda charla o post o evento de divulgación hay una (inevitable) parte no científica que pertenece a la interpretación y al sesgo particular del ponente/escritor. Esto es, claro está, solo un ejemplo de situaciones que se pueden dar en la corriente actual de divulgación científica. En mi caso, alguna vez un divulgador (muy) conocido me ha mandado de malas formas a la literatura científica, cuando en realidad no había reparado en los argumentos que yo exponía a modo de crítica a su artículo, y entiendo que él no podía adivinar si yo conocía la literatura del tema en cuestión. Pero el hecho de argumentar una crítica sobre su artículo suponía una falta a la autoridad, claramente.
    Así pues, habrá que tener cuidado también en el campo de la divulgación científica y el periodismo de ciencia con venerar la autoridad que se asigna a los que más se prodigan en las redes, por el simple hecho de que sean los más seguidos o los que más escriben/intervienen. Y finalmente sugerir a los divulgadores y periodistas de ciencia la lectura de este estupendo artículo sobre un personaje histórico, para que les lleve a una autocrítica, autoexamen o lo que quieran hacer, que facilite no pasarse tres pueblos cuando reciben una crítica argumentada y sobre todo que no usen esa veneración de autoridad que es otorgada por la genética de los mamíferos. Por cierto, ¿estamos seguros de que esto es así por ser mamíferos?, conste que entre los mismos mamíferos también aparecen los líderes, bien porque se les asigna la autoridad o bien porque se la autoasignan, y los que tienen genes de seguidores necesitan líderes…
    Saludos

  • […] La autoridad es algo a tener muy en cuenta. Como mamíferos gregarios que somos estamos preparados desde antes de nacer para reconocer la autoridad y concederle prebendas y privilegios por el mero hecho de ser eso, autoridad. Lo vemos, y nos…  […]

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