El hacedor de dinosaurios

El mundo de los dinosaurios es fascinante. Quién no se ha sentido alguna vez maravillado por su apariencia y el colosal tamaño de algunos de ellos. Y quién no ha fantaseado con la ficción de El mundo perdido de Arthur Conan Doyle o Parque Jurásico de Michael Crichton. Los dinosaurios nos gustan y nos atraen de forma casi hipnótica. Y si hay un público especialmente entregado a en esta fascinación son los niños. ¿Conocen a algún pequeño que no preste atención cuando se habla de ellos?

Las representaciones, ya sea en forma de imágenes o esculturas, a escala o incluso a tamaño natural, de estos vertebrados que dominaron el Mesozoico durante más de cien millones de años, han sido siempre un goloso cebo de los espacios de divulgación de la ciencia y en particular de los museos, donde en muchos de ellos grandes saurios o sus fósiles presiden la entrada a los mismos.

[Imagen 1] Cartel publicitario del libro Le monde avant la creátion de l’Homme, de Camille Flammarion (1886)

Cartel publicitario del libro Le monde avant la creátion de l’Homme, de Camille Flammarion (1886)

El término dinosaurio fue acuñado en 1841 por el controvertido paleontólogo y naturalista Richard Owen en una reunión de la British Association, una institución fundada diez años antes como contrapunto a la elitista y conservadora Royal Society. Pero antes de llamarse como los conocemos en la actualidad ya se podían ver, con lo pocos datos de la época, representaciones artísticas de animales desaparecidos como ellos.

Benjamin Waterhouse Hawkins (1807-1889) fue un pintor y escultor londinense especializado en ilustraciones de animales extintos y colaborador del Museo Británico (Historia Natural), conocido por ser el autor de los dibujos que acompañan el volumen Peces y reptiles del libro Zoología del viaje del Beagle. Los modelos que Hawkins utilizó para ilustrar dicho volumen fueron los que había recogido el joven Charles Darwin en su mítico viaje.

Una de las obras más famosas de Hawkins son las esculturas que realizó para la Gran Exposición celebrada en Londres en 1851. Durante los tres años siguientes alrededor de 33 reproducciones de saurios formaron parte de las maravillas albergadas en The Crystal Palace, un pabellón de hierro fundido y cristal situado en Hyde Park y que se convirtió en el icono de la exposición. Las esculturas estaban hechas de hierro a modo de esqueleto y cubiertas de ladrillo y otros elementos recubiertos con cemento pintado.

Estudio de Benjamin W. Hawkins en Sydenham donde creó los dinosaurios de Crystal Park

Estudio de Benjamin W. Hawkins en Sydenham donde creó los dinosaurios de Crystal Park

En la nochevieja de 1852 se celebró un festín en el interior de un gigantesco modelo de iguanodonte a medio construir al que asistieron amigos del anfitrión y personalidades culturales de la época. Alrededor de una veintena de comensales pudieron disfrutar de un suculento menú en el interior de un dinosaurio.

El banquete del iguanodón

El banquete del iguanodón

Todavía se conservan restauradas algunas de las esculturas de Hawkins en el popular Crystal Palace Park, al sureste de Londres.

Imagen 4

Las reconstrucciones de Hawkins contaron con la supervisión del entonces director del Museo Británico (Historia Natural), el iracundo Richard Owen, el cuál no se llevaba muy bien con Darwin y sus ideas sobre la evolución. Y aunque las representaciones no eran todo lo exactas o rigurosas que nos gustaría, sí que supusieron un anzuelo para captar la atención del público general por la zoología prehistórica.

Tras el éxito de la Gran Exposición, Hawkins fue seducido en 1868 por el Nuevo Mundo para llevar a cabo el ambicioso proyecto de construir el museo paleontológico más grande del mundo en el Central Park de Nueva York. Finalmente el museo no vio la luz debido a problemas financieros y varios sabotajes de sus creaciones, pero durante sus años en Norteamérica, Hawkins, que poseía una sólida formación como zoólogo, reconstruyó enormes esqueletos fósiles para el paleontólogo Edwin Drinker Cope.

El mundo del arte posterior a Benjamin W. Hawkins siempre estará agradecido a su obra. Varias generaciones de creadores de maquetas e ilustradores de museos, películas o documentales han reconocido la influencia de este pionero del siglo XIX pero quizá lo más importante fuera que abriera un nuevo camino en la utilización del arte como forma de divulgar la ciencia. Como dijo el propio Hawkins en 1854:

«This direct teaching through the eye has been recognized as a principle and a facility of education for some years past even in the limited sphere of the schools»

Este post ha sido realizado por Daniel Torregrosa (@DaniEpap) y es una colaboración de Naukas con la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU.

Referencias:

The Encyclopedia of Evolution. Humanity’s Search for Its Origins, Richard Milner (1990).

2 Comentarios

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MiguelMiguel

Aparte de mi agradecimiento por el artículo, permítaseme una queja: ¿por qué, en un artículo redactado en castellano, dejan sin traducir una cita en inglés? Mis rudimentarios conocimientos del inglés me han permitido (creo) comprender el texto, pero estoy seguro de que más de un lector (yo mismo, si la cita hubiese sido un poco más larga o “técnica”) necesitaría la traducción, y San Google, de momento, no da la talla. Por otra parte, incluyendo ambas versiones propiciarían el aprendizaje del inglés que tanta falta nos hace.
Bastante “enfadado” estoy ya con la Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco a cuenta de Mapping Ignorance, al que sigo suscrito por si algún día consigo un nivel de inglés suficiente.

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